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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 2 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 37

37º- No hay dos sin tres…

Parecía que la vida por fin nos sonreía, que nos estaba dando aire para respirar y ser felices, y era muy de agradecer. Por fin podía sonreír cada mañana, iba a casarme en unos meses con un chico fantástico y estaba deseando que llegara el día.

Hablaba mucho con Adriana y estaba radiante de felicidad, de verdad Pedro era muy buen chico, se querían con locura y se llevaban muy bien. Eran unos cabezas locas los dos, se comprendían y entendían a la perfección, vamos: eran la pareja perfecta.

Cristian quedaba muchas veces con Pedro, se habían hecho inseparables, los mejores amigos y me alegraba mucho. Yo también quería mucho a Pedro; y Adriana era como la hermana que nunca tuve.

Aún seguía yendo a la piscina, ya estaba totalmente recuperada, pero lo cierto es que me había gustado ir a nadar, y bueno… nunca venía mal hacer algo de deporte. Así que cada tarde iba una hora después de salir del colegio.

Mientras nadaba Cristian venía a verme un rato y luego íbamos juntos a casa. Como todos los días, mientras estaba nadando vi como llegaba y se quedaba mirando hacia la piscina, siempre ponía una sonrisa al verle llegar.

Estaba haciendo un par de largos para acabar y ya salir, pero comencé a ver borroso, pensaba que era por el cloro, seguí nadando pues estaba en medio de la piscina, casi no veía, y la cabeza me daba vueltas.

Quería llegar al borde de la piscina en seguida, no me encontraba bien y no podía quedarme en medio. No pude seguir, me daba vueltas todo y me quedé sin fuerzas, solo veía agua a mí alrededor, me estaba hundiendo y mis fuerzas no eran suficientes para salir a la superficie.

Intentaba luchar, salir pero no podía, estaba tragando mucha agua y cada vez se me iba más la cabeza. Hasta que sentí a mi alrededor unos brazos que me sujetaron y me sacaron a la superficie.

En ese momento, expulsé el agua que había tragado y me puse a toser. Miré y era Cristian, con la cara llena de preocupación y toda la ropa mojada. –Mi princesa, ¿te encuentras bien?

-Si… ¿Qué ha pasado?- pregunté algo confusa.

-Pues te vi nadar y empezaste a hundirte. Entonces entré y me lancé a la piscina para cogerte. ¡Qué susto me he llevado…! –dijo suspirando y abrazándome.

Yo aún seguía tosiendo a causa del agua que había tragado, y vi como llegó el vigilante de la piscina y el dueño. Me trajeron unas toallas y me ayudaron a sentarme. -¿Se encuentra bien? –preguntó el dueño.

-Sí, no ha sido nada. –contesté con la cabeza dándome vueltas.

Cristian me ayudó a cambiarme y ponerme la ropa, aún estaba algo desorientada, pero parecía que no estaba tan mareada. Me llevó hasta el coche agarrada de la cintura y me ayudó a sentarme.

Arrancó el coche y nos fuimos de allí, durante el camino yo no paraba de darle vueltas a lo ocurrido en la piscina. Pero en mi interior sabia lo que había pasado, sabía la causa, aunque si era cierto el presentimiento que tenía estaba asustada.

Antes de llegar a casa vi una farmacia. –Para un momento aquí, tengo que comprar algo. –le pedí.

Él me miró extrañado pero paró el coche a un lado, no dijo nada pero me miré extrañado hasta que salí del coche. Fui a la farmacia, no había gente así que no tardé casi nada en salir.

Me monté y no preguntó nada, arrancó el coche y siguió el camino. No sabía porqué no había preguntado, si porque ya hablaríamos en casa o porque se imaginaba lo mismo que me estaba imaginando yo.

No tardamos nada en llegar, pues estábamos muy cerca, me bajé del coche y él volvió a ayudarme, con su mano en mi cintura, aunque ya me encontraba totalmente recuperada.

Sin decirle nada, fui al baño con el bolso, cerré la puerta y rebusqué en mi bolso. Saqué el test de embarazo que había comprado en la farmacia. Lo hice y lo dejé encima del lavabo hasta que pasaran los minutos que ponían en el prospecto.

Durante la espera, que se estaba haciendo eterna, llamó Cristian a la puerta. –Preciosa, ¿te encuentras mal otra vez? ¿Puedo pasar? – preguntó a través de la puerta.

Yo me levanté del suelo y abrí la puerta, aún no habían pasado los minutos y estaba de los nervios. No le dije nada, él pasó, vio el test de embarazo encima del lavabo y luego me miró a mí.

No paré de mirar el reloj durante todo el tiempo, al fin vi que había pasado el tiempo que tenia que pasar. Cogí el test de embarazo y lo miré, me puse a llorar, pero también a sonreír y me toqué la tripa plana.

Con las lágrimas en los ojos y la sonrisa miré a Cristian, que comenzó a sonreír desmesuradamente, para luego cogerme en brazos y empezar a besarme sin control. –Es maravilloso, mi princesa. Te amo. –confesó sin dejar de besarme.

Cristian estaba hasta gritando de lo contento que estaba. En ese momento sonó la puerta de la casa; sería Adriana con las niñas que se las llevaba un rato todas las tardes. Y Gabriela vino al oír el jaleo. -¿Po qué gitas, papi? –preguntó extrañada.

-Pues verás, mi pequeña. Vas a tener otro hermanito o hermanita. A mami le volverá a crecer la barriguita. –explicó radiante.

-¿Oto manito o manita? Pedo, ¿papi y mami me van a quere? –quiso saber.

-Claro que sí, ahora tendrás que enseñarle cosas, como haces con Evelyn, y luego cuando sea mas mayor jugareis juntos. –continuó explicando Cristian.

La niña se alegró mucho y me dio un abrazo, Cristian nos abrazó a las dos. Adriana se asomó también, había escuchado todo. Entonces me dio un abrazo. –Me alegro muchísimo por vosotros de verdad. Así tendré otro sobrinito o sobrinita para darle caprichos. –dijo ella riéndose.

Después le dio un abrazo a su hermano. –Hermanito, ya veo que lo tuyo va a ser tener familia numerosa ¡no? –comentó dándole un pequeño codazo. Yo me sonrojé sin poder evitarlo.

La vida nos estaba sonriendo, Adriana se había ido a vivir con Pedro y les iba cada vez mejor, en unos meses nos casaríamos, y estaba embarazada de mi príncipe otra vez. Como se suele decir, no hay dos sin tres…
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