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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 3 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 39

39º- Doble trabajo

Al cabo de un rato me llevaron a quirófano para provocarme el parto y sacar a los pequeños, yo cada vez estaba más nerviosa, pero me pusieron anestesia y me sumí en un profundo sueño.

Era muy extraño, estaba en un bosque lleno de flores, y enfrente de mi estaba Cristian con Gabriela sentada a su lado, Evelyn y los dos bebés tumbaditos en una mantita. Al mirarlos sonreía desmesuradamente, habíamos formado una familia fantástica y estaba muy contenta.

Comencé a acercarme, pero según avanzaba ellos se veían más lejanos y nunca llegaba a alcanzarlos, empezaba a angustiarme, hasta que una mano sujetó muy fuerte la mía. Abrí los ojos de golpe y Cristian estaba justo delante de mi, su cara expresaba preocupación pero me transmitía tranquilidad con esa mirada tan penetrante…

Entonces reaccioné que todo había pasado, y me puse algo nerviosa. -¿Y los bebés? ¿Dónde están? ¿Están bien? –pregunté atropellando mis propias palabras.

-Tranquila, preciosa. Están muy bien, sanos aunque un poco pequeños, así que tendrán que estar un tiempo en la incubadora, pero están muy bien y son preciosos. Un niño y una niña, son mellizos. –explicó Cristian.

Me sentí tan feliz de tener a los pequeños sanos y salvos que no pude evitar ponerme a llorar de la alegría. Abracé a Cristian sonriendo. –Soy tan feliz… tenía mucho miedo de que les pasara algo malo… -confesé.

-Lo sé, a mi me pasaba lo mismo, y también estuve muy preocupado por ti, pues mi padre me advirtió que era peligroso para ti también. No sabía ni lo que hacer… pero menos mal que los tres estáis a salvo. –suspiró aliviado.

-Tengo muchas ganas de verlos, y también a Evelyn y a Gabriela. –comenté dándole un beso muy tierno.

-Evelyn y Gabriela están fuera con mi madre y mi hermana, las diré que entren. A los bebés aún no puedes, me ha dicho mi padre que mañana ya podrás verlos. Sobre todo porque tienes que descansar.-contestó Cristian.

Salió de la habitación para traer a las niñas, y entraron Esme y Adriana, que me dieron un abrazo muy contentas. –Enhorabuena. –dijeron a la vez.

Yo abracé a mi pequeña Evelyn y la di un beso, y luego hice lo mismo con Gabriela. Ella me miraba muy sonriente. –Mami, teno dos manitos, un manito y una manita. Papi dice que los quera muso. –me contó ella.

-Claro, peque. Los tienes que querer mucho porque ellos también te quieren, aunque aún son un poco pequeños. –le expliqué a mi hija.

Me resultaba imposible no parar de sonreír, estaba con toda mi familia y con los pequeños a salvo. Pero no pude evitar pensar en la boda, pues el nacimiento de los bebés estaba planificado para después de la boda.

El vestido me lo habían arreglado por la barriguita. Ya no me quedaría bien, empecé a ponerme nerviosa, se lo estuve explicando a Esme y a Adriana. Adriana con lo que era para la ropa se puso histérica.

Durante todo ese jaleo que armó Adriana, vino Pedro a ver que tal estaba y conocer a los pequeños. Yo aún no los podía ver, hasta el día siguiente, dijeron que no era aconsejable que me moviera porque todo estaba muy reciente.

-Todos habéis conocido a los bebés menos yo. –dije haciendo un puchero y comenzando a llorar.

-Mi princesa, mañana los ves. Hoy tienes que descansar, solo va a ser un día, ¿Vale? –dijo Cristian sonriendo y dándome un beso.

-Pero al menos dime como son y a quien se parecen. –pedí con los ojos llorosos.

-Pues la niña tiene tu cara pero con mis ojos, y el niño tiene mi cara, pero con una mezcla de tus ojos con los míos. En realidad tienen la misma mezcla de colores de tus ojos salvo por el marrón, que tiene mi azul. –explicó con admiración.

-Que guapos deben ser… Estoy deseando que llegue mañana para poder verlos. Por cierto hay que pensar en algunos nombres ¿no? –dije sonriendo.

-Pues si, es que con lo preocupado que estuve no tenía ganas de nada, y bueno… me hacía ilusión decidirlo contigo. –explicó acariciándome la mano con la suya.

-Como son un niño y una niña, hay que pensar para los dos. Cuando tuvimos a Evelyn lo decidí yo, así que al menos uno de los dos lo decides tú, mi príncipe. –comenté mirándole.

-Para el niño me gusta mucho Eric, si a ti te parece bien. Quiero que aunque lo elija yo, a ti también te guste. –contestó sonriendo.

-Es un nombre precioso, me encanta. Y para la niña… ¿qué te parece Luna? Es un nombre bonito y original. –respondí.

-Me encanta, es precioso. –tras lo que me dio un beso muy tierno.

A la familia le encantaron los nombres, y Esme y Adriana estaban emocionadas. Les comprarían un cuadro con el nombre bordado a cada uno, no solo a los bebés, a Evelyn y Gabriela también. Adriana ya estaba pensando en diferentes cosas que comprarles a los bebés.

Me asustaba un poco como ocuparme de los cuatro hijos que tenía, me estaba agobiando de pensar en cómo nos las apañaríamos. Tendría que pedir una excedencia en el trabajo, al menos hasta que fueran lo suficiente mayores como para llevarlos a una guardería.

Pero yo quería a mis pequeños, estar con ellos, y lo cierto es que un tiempo en casa no me vendría mal. Pero eso suponía llegar peor a fin de mes, y no soportaba que Cristian cargara con todos los gastos.

Siempre había sido una chica independiente, y me gustaba ganar mi dinero y pagar mis caprichos y mis gastos. No quería cargarle con tantas cosas. Estaba ausente pensando en mis cosas, le miré y supe que sabía en lo que estaba pensando.

Se acercó a mí sonriendo, me acarició la mejilla con la yema de los dedos y me besó. –Mi amor, me ocuparé de todo, estoy encantado de ocuparme de la familia, y en un tiempo podrás volver a trabajar si quieres. –parecía que me había leído el pensamiento.
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