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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 3 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 40

40º- Últimos preparativos y mucho trabajo

Pude ver a los pequeños al día siguiente, tal como dijo Cristian eran preciosos y se los veía muy sanos a pesar de ser muy pequeñitos. En cuanto los vi comencé a llorar de alegría, con todo el miedo que había pasado… y estaban sanos y salvos.

Pero tenían que estar un tiempo en la incubadora, y cuando vieran que estaban más grandes y fuertes nos los podríamos llevar a casa. A mí tras unos días me dieron el alta, pero todos los días iba a ver a mis pequeños.

Al mes siguiente sería la boda, y aunque todo estaba listo, el problema venía con mi vestido. Que le habían estado arreglando según mi barriguita y ahora ya no tendría barriguita. Dijeron que era mejor elegir otro traje, así que estuve una tarde probándome todos los vestidos.

Después de probármelos todos, al final me decidí por uno que me encantó. Era con tirantes finos, escote en pico, con algunas piedrecitas brillantes en el escote, y lo demás liso. No me gustaban las cosas recargadas, y era sencillo y perfecto para mi gusto.

Mirándome al espejo con el vestido me veía bien, pero me sentía extraña sin la tripita que tantos meses había tenido. Lo cierto, es que era un alivio pues cuando estaba embarazada estaba muy cansada y muy torpe, habría sido todo un espectáculo en la boda.

-Me veo tan rara sin la tripita… Y el vestido no sé si es el adecuado. –Dije algo desanimada.

-No seas tonta, estas preciosa, y mira, sin la barriguita pues te podrás mover bien y no estarás cansada. –comentó Adriana sonriente.

Al final decidí quedarme con ese vestido, era sencillo y me sentía muy a gusto con él, aunque lo que más me importaba era saber si le gustaría a Cristian. Pero claro, según la tradición daba mala suerte que el novio viera el vestido de la novia, con lo que tendría que esperar al día de la boda y que le gustase.

Pero tenía más cosas de las que ocuparme, cosas bastante más importantes que un vestido, como mis dos hijas y los bebés que acababan de nacer. Los sacaron en unos días de la incubadora, porque se les veían fuertes y cogieron peso en seguida.

Gabriela estaba bastante revoltosa, ya no estaba ella sola y no podía prestarla toda la atención que ella quería. Evelyn empezaba a ser algo mayorcita y también quería mucha atención; pero dos bebés suponían mucho trabajo y cada vez me sentía más agotada.

Una tarde que estaba preparando la cena, alimenté a los dos pequeños, mientras Gabriela jugaba con Evelyn, Evelyn tenía casi dos años, y Gabriela casi 5, podían jugar juntas, aunque tenía muy avisada a Gabriela que Evelyn era más pequeña y debían tener cuidado.

Pero Evelyn empezó a llorar porque Gabriela no la daba un juguete. Me vi desbordada, me dolía mucho la cabeza y comencé a llorar de lo agobiada que me sentía. Parecía que no era capaz de hacer nada a derechas y me estresaba.

Cristian se estaba dando un baño, oyó el llanto de la niña y salió a ver qué ocurría. Consoló a la pequeña porque en seguida sentí que paraba de llorar, pude escuchar pasos hacia la cocina.

Yo estaba sentada en el suelo sujetándome la cara con las manos, llorando como pocas veces había llorado. Sentí en seguida los brazos de Cristian rodeándome. –Preciosa, ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? – preguntó algo nervioso.

-No puedo más, no hago nada bien, y no puedo con todo. –dije llorando.

-No digas eso, lo haces muy bien. Sé que 4 niños traen mucho trabajo pero podemos conseguirlo. –contestó él intentando animarme.

-Pero yo estoy aquí todo el día, tengo que ocuparme de la casa y de Eric y Luna; y por si fuera poco, por las tardes también de Gabriela y de Evelyn. No puedo sola, yo sé que tú trabajas mucho pero necesito ayuda… -dije entre sollozos

-Lo siento mi princesa, es cierto que te ayudo poco. Perdóname. –pidió él con voz triste.

-Perdona que esté así, es que bueno… no puedo con todo y he explotado. –respondí aún llorando.

Parece que me tranquilicé un poco al desahogarme, creo que lo que estaba era agobiada no solo por la casa y los niños sino porque faltaba muy poco para la boda de Adriana y Pedro y dos semanas para la nuestra.

Al fin llegó el sábado de la boda de Adriana y Pedro, yo ayudé a Adriana para prepararse. Cristian me dijo que iría a ayudar a Pedro. El vestido de Adriana era muy bonito, aunque no era de mi gusto, a ella le gustaban las cosas llamativas; lo cierto es que el vestido iba completamente con su personalidad.

Estuve ayudándola a arreglarse y a ponerse el vestido y todo lo demás. Yo me puse un vestido que me había comprado, era liso y largo, de color azul cielo, atado al cuello y con escote. A Eric le pusimos una camisita blanca y un pantaloncito negro. Luna, Evelyn y Gabriela iban igual las tres, un vestidito morado y liso muy gracioso.

Cristian iba guapísimo con un traje negro, una camisa azul eléctrica y una corbata a rayas diagonales negras y azules. Y Pedro iba también muy guapo, era un traje azul marino con una camisa morado clarito y la corbata a juego.

La ceremonia fue preciosa y después el banquete muy relajado y con una comida riquísima. Además una semana más tarde estaríamos celebrando allí nuestra boda, y pudimos comprobar realmente que el sitio era estupendo.

A mi me daba algo de corte, con lo caro que era el sitio haber echo al final dos bodas separadas, pero sus padres insistieron mucho y no pudimos decir que no. Después del banquete vino el baile, fue una boda bonita y algo llamativa para mi gusto, pues Adriana y Pedro habían preparado un baile para hacerlo.

Yo desde luego era bastante vergonzosa y no me atrevería a hacer algo así, pero lo cierto, es que fue algo muy original y todos los invitados se divirtieron mucho. Aunque lo que si que hice fue bailar con Cristian, pude ver como Pedro bailaba con Gabriela cogida en brazos, fue un momento muy tierno.

Como una semana más tarde sería nuestra boda, Adriana y Pedro no iban a perdérsela por nada del mundo; retrasaron su luna de miel, nos iríamos juntos, aunque cada uno a un destino.

Ellos se iban a Cuba a pasar unos días en la playa, a mi no me iban demasiado esos sitios, prefería hacer turismo y ver monumentos. Pero Cristian no me había querido decir dónde íbamos a ir, estaba bastante nerviosa porque se acercaba el gran día.
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