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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 3 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 41

41º- Unión para siempre

Llegó el gran día, el de mi boda con ese ángel tan maravilloso del que estaba enamorada y que tanto amor me daba, pero sobre todo ese ángel con que tenía 4 hijos estupendos y que los queríamos con locura.

En esta ocasión Adriana me ayudaría a mí a prepararme, y a Cristian le ayudaría Pedro. El vestido me quedaba muy bien, y ya no me veía tan rara sin la barriguita, estaba agradecida de poder moverme sin cansarme y sobre todo viendo sanos a mis bebés estaba aún mejor.

A las niñas las pusimos iguales, como en la otra boda, pero en esta ocasión los vestidos eran de color amarillo muy clarito y un lazo en la cintura. A Eric, le pusimos una camisita azul cielo y un pantaloncito negro.

Yo no pude ver el traje de Cristian, dijo que si él no podía ver mi vestido de novia, yo no vería su traje, así estaríamos igualados. En ciertas cosas los dos éramos como niños y nos encantaba hacernos de rabiar.

Cuando llegué al altar fue Pedro quien me llevó, el sería nuestro padrino ya que yo no tenía a mis padres conmigo, estaba sintiendo su ausencia, pero notaba como si me estuvieran dando amor desde donde quiera que se encontraran. Esme estaba con Cristian ya que era la madrina y también iba guapísima.

Pude ver por fin a Cristian iba guapísimo de traje, ya le había visto en la boda de mi hermana pero estaba todavía más guapo si cabe, con un traje gris oscuro, una camisa negra y una corbata en un gris metálico precioso.

Él se me quedó mirando, tenía los ojos muy abiertos y cuando me miró bien esbozó una sonrisa tan amplia que parecía que se saldría de su cara. –Princesa, estás… preciosa, muy hermosa. –dijo tras lo que me dio un beso en la mejilla.

-Mi amor, tú también estás guapísimo. –respondí y le di yo un beso en la mejilla.

Comenzó la ceremonia pero no le hice demasiado caso, estaba demasiado ocupada pensando en Cristian y en que íbamos a ser marido y mujer en un rato y estaríamos juntos para siempre.

Casi no me daba cuenta en las partes que teníamos que hablar los dos, y no reaccioné demasiado hasta que el cura dijo eso de “puedes besar a la novia”. Me dio un beso muy tierno pero yo me emocioné al ver que por fin este ángel tan maravilloso ya era oficialmente mío, que intensifiqué ese beso.

En seguida se oyeron carraspeos, y toses fingidas de los invitados, entonces me aparté de él unos centímetros, y al darme cuenta de que todos nos estaban mirando escondí mi cara en el abrazo de Cristian.

-Siempre me resultas adorable cuando te sonrojas- comentó entre susurros.

Nos fuimos para hacernos unas fotos a unos jardines cercanos, mientras que lo invitados iban al lugar del convite, para que tomaran algo mientras nuestra sesión de fotos. Después iríamos con ellos para tomar un coctail y estar con los invitados.

Al terminarlo fuimos al comedor, estaba precioso, como en la boda de Adriana y Pedro. Pero me quedé con la boca abierta cuando vi varios ramos de calas blancas repartidos por el salón.

-¿Y tantas calas? Está precioso. –dije maravillada mirando todo.

-Como sé que son tus favoritas pedí que las pusieran para que lo encontraras perfecto, era una sorpresa. Espero que te haya gustado. –comentó él abrazándome.

-Gustarme es decir poco. Estoy asombrada, todo está tan perfecto… -respondí emocionada.

La comida estaba riquísima, el menú era distinto al de la boda de Adriana y Pedro pero todo estaba exquisito. Lo cierto, es que habíamos acertado con el salón, era un sitio precioso, y atendían estupendamente a los invitados.

Pero claro llegó el esperado momento del primer baile como marido y mujer, delante de todos y solos y eso… me daba muchísima vergüenza. Me gustaba bailar pero en los bailes lentos no era demasiado buena, y encima siendo observada por todo el mundo me daba más corte aún.

Comenzamos a bailar y no parecía tan malo después de todo. –Mi princesa, estoy tan feliz… Me has hecho el hombre más afortunado, ya lo tengo todo, una familia estupenda y a ti, la mujer de mi vida. –dijo Cristian dándome un beso fugaz.

-Tú si que me has hecho afortunada, estoy enamorada y casada con un ángel. –contesté algo sonrojada.

Entonces noté que algo me daba en la pierna, miré al suelo y era Gabriela. –Papi, yo quero baila cotigo. –dijo ella sonriendo.

-Claro, mi pequeña.-respondió él cogiéndola en brazos.

Pedro se acercó a mi sonriente y ya me estaba imaginando lo que quería solo con verle la sonrisa de pillo que tenía. Le miré y empecé a negar con la cabeza y sonrojándome, él siguió acercándose hasta ponerse a mi lado.

-No, de verdad que no. –dije muerta de la vergüenza.

-Vamos, ahora somos cuñados y soy tu padrino, dame ese gusto. Además tu marido está ocupado ahora. –comentó mientras señalaba a Cristian bailando con la niña.

Al final no me quedó otra que bailar con él, no dejó escapatoria. Después me sacó a bailar Carlisle, él me intimidaba un poco, era un hombre muy guapo y no aparentaba la edad que tenía, pero era como el padre que perdí.

-Estás preciosa, me alegro mucho por los dos. –comentó él muy alegre.

-Gracias, no sabéis lo agradecida que os estoy por todo lo que habéis hecho por mí desde que nos conocemos. –respondí dedicándole una sonrisa.

-Para nosotros eres alguien muy importante, y has hecho muy feliz a nuestro hijo, es que a veces ni le reconozco. Él que nunca se había interesado por ninguna chica y tú le tienes como embrujado. –contestó riéndose.

-Bueno… yo no hice nada. En todo caso es al revés, que me embrujó él a mí. –dije roja como un tomate.

Así estuvimos en el baile, lo cierto es que al final hasta lo pasamos muy bien, y a altas horas de la noche se acabó el baile y nos despedimos de los invitados. Saldríamos al día siguiente a la luna de miel.
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