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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 5 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 42

42º- Feliz luna de miel

No dormimos casi nada, y nos habíamos acostado a altas horas de la noche, pero nuestro vuelo salía muy pronto y no podíamos perderlo. Esme y Carlisle se quedarían con los niños, lo cierto es que me apenaba dejar a mis hijos, sobre todo a Eric y Luna que eran tan pequeñitos, pero necesitaba estar a solas con Cristian.

Los dos pequeños no se enterarían demasiado de nuestra ausencia y Evelyn tampoco, pero Gabriela si era más mayor y claro que se enteraba. – ¿Mami y papi se van y no velven? –preguntó algo apenada.

-Mi pequeña, claro que si que volvemos, pero vamos a estar unos días fuera, os quedáis con los abuelos, ¿vale? –Le dije sonriéndola.

-Además os traeremos algún regalo, pero os tenéis que portar muy bien. ¿De acuerdo? –contestó Cristian.

La niña al final se quedó bastante convencida, yo no pude evitar derramar alguna lágrima, nunca había estado sin ver a mis pequeños, y eran bastantes días, pero sabía que no pasaría nada. Mis suegros cuidarían bien de ellos, y así podríamos disfrutar, aunque llamaríamos todas las noches para hablar con ellos.

Cristian se empeñó en taparme los ojos e incluso cuando comenzó a hablar la azafata, me tapó los oídos para que no oyera el destino del vuelo. La verdad es que me molestaba un poco tanto secretismo, pero era tan romántico que se tomara tantas molestias solo para sorprenderme…

No fue un vuelo largo, en unas dos horas anunciaron que llegábamos al destino, pero no pude escucharlo, Cristian me volvió a tapar los oídos. Pero en esta ocasión no dije nada, solo puse cara de enfado, pero Cristian me dio un beso con una sonrisa tan deslumbrante que no pude replicar nada.

Ya en el aeropuerto para recoger la maleta, vi carteles en inglés y en italiano, así que supuse que estaríamos en Italia, esperaba que fuera Roma, era mi sueño desde pequeña, ver obras tan impresionantes como la Capilla Sixtina.

-Estamos en Italia, ¿pero en qué parte? Dime que es Roma… -dije ilusionada.

-Sí, es Roma, sé cuanto te gusta el arte, así que imaginé que sería la ciudad perfecta. Hasta tengo reservadas ya las entradas para los museos vaticanos y evitarnos las colas. –confesó muy feliz.

No pude evitar dar saltos de la alegría y tirarme a sus brazos a darle muchos besos. Él se rió entre dientes y se separó unos centímetros de mi cara. –Me alegra que te guste la idea, pero… nos están mirando todos y sé que no te gusta llamar la atención. –comentó riéndose.

Miré a mi alrededor y todo el mundo que estaba esperando la maleta se nos había quedado mirando, alguno soltaba alguna risita y otros ponían mala cara, pudiendo incluso oír por lo bajini cosas como “¡Qué poca vergüenza, en medio de todo el mundo!”. Pero decidí ignorarlos, era nuestra luna de miel, todo iba a ser perfecto y quería estar muy feliz.

Cogimos un tren que nos llevaba al centro de Roma, y buscamos el hotel, la verdad es que estaba muy bien comunicado y era precioso de cuatro estrellas. Estábamos en una habitación muy amplia, la suite nupcial había pedido Cristian y era tan grande como una casa.

-Vamos, lo primero que quiero que veamos es el Coliseo, me han dicho que es impresionante. –dijo Cristian.

-La verdad es que sí, tengo unas ganas locas de verlo. Y lo que tengo muchas ganas de ver es La Fontana di Trevi. Muchas gracias por esta sorpresa tan maravillosa, mi príncipe. –contesté mientras le abrazaba.

-Sabía que te gustaría y bueno… a mí también me gusta mucho hacer turismo, así que creo que es el lugar perfecto. –respondió sonriente.

Salimos y estuvimos viendo el Coliseo, también vimos el Foro Romano que estaba al lado, el Altar de la patria. Con cada cosa que veíamos me quedaba más asombrada que con la anterior. Era un lugar tan bonito, toda la ciudad era como un museo viviente, y me quedaba con la boca abierta.

Pero quisimos tomárnoslo con calma, ya que teníamos muchos días de estancia en Roma y podríamos ver todas las cosas con calma. Queríamos algo de tranquilidad, así que vimos unas cuantas cosas pero sin prisa. Por la tarde nos compramos un helado, eran muy famosos desde siempre los helados de Roma, y entendimos el porqué, estaban riquísimos.

Lo que menos me gustaba era ese horario europeo, se comía y cenaba demasiado pronto para los horarios a los que estábamos acostumbrados, pero me daba igual, además recordaba ese dicho que en ese momento era idóneo, “donde fueres, haz lo que vieres”.

Cenamos en un restaurante precioso, se le veía bastante caro, y a mi no me gustaba que nos gastásemos tanto dinero en una cena, pero Cristian insistió. –Mi princesa, estamos aquí para disfrutar y no es nada malo cenar en un sitio aunque sea caro, te mereces lo mejor.

La verdad es que Cristian era muy considerado, tenía muchos detalles conmigo, siempre intentaba complacerme en todas las cosas y me daba todo tipo de caprichos, no podía quejarme era muy atento y romántico.

Como sabía que me encantaba coleccionar distintas cosas de una tienda me cogió una cosa de cada tipo, un llavero, un cuelga móvil, un marca páginas y unas postales. Me dijo que cada vez que viera uno distinto me lo regalaría.

Después de la cena, fuimos de nuevo a la Fontana di Trevi, pues nos habían dicho que de noche era preciosa con las luces, y no se equivocaban, había muchísima gente en la fuente haciendo fotos, pues se creaba una luz especial y parecía hasta mágico como en los cuentos.

Siempre que podía Cristian me sacaba alguna foto, eso me ponía de los nervios, pero él se reía. –Vamos, preciosa. Siempre sales genial, y los ojos se te ven preciosos en las fotos. No seas vergonzosa. –dijo dándome un tierno beso.

Al final no me quedaba otra que dejarme hacer las fotos pero yo me resarcía haciéndole fotos también a él, pero claro, siempre salía bien, no sabía como lo hacía para salir tan guapo en todas las fotos.
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