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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 5 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 43

43º- Un pequeño susto…

Volvíamos al hotel, pues la verdad es que estábamos algo cansados, la noche anterior con la boda no descansamos ni dormimos casi nada, y llevábamos todo el día viendo los monumentos.

Aunque era pronto, necesitábamos descansar, sobre todo si nos quedaban tantos días de estancia allí. Caminamos hasta el hotel, no pillaba demasiado lejos, y ver Roma de noche resultaba fascinante, todo se veía de forma distinta con la iluminación nocturna.

Entonces como de la nada salió un hombre con muy malas pintas y una navaja en la mano, yo me apreté contra Cristian. –Vamos el dinero si no queréis que os raje aquí mismo. –dijo el desconocido acercando la navaja hacia mí.

-No nos haga nada. –dije muerta de miedo.

El hombre se distrajo ante mi petición y Cristian aprovechó para pegarle una patada, se cayó al suelo y le pisó la mano para que soltara la navaja. Entonces yo corrí a un restaurante que había cerca, pedí ayuda, por suerte el español y el italiano eran idiomas similares y la gente me comprendió en seguida.

Salieron fuera y vieron como Cristian tenía reducido al atacante. Una pareja si que hablaba español y le estuvimos contando la historia. Llamaron a los Caravinieri para que detuvieran al hombre.

Fuimos para que nos tomaran declaración, menos mal que uno de los compañeros hablaba español perfectamente y nos pudo explicar bien todo. Me dieron una tila para que me calmara, pero a mi me daban asco, Cristian pidió si por favor me podían traer chocolate caliente, era lo único que me conseguía calmar.

Tras hacer las declaraciones y firmar los papeles y demás nos llevaron al hotel. Subimos a la habitación y me abracé a Cristian. -¡Qué miedo pasé! –dije enterrando mi cara en su pecho.

-Tranquila, ya estás a salvo. –tras lo que besó mis cabellos. –Pero de esto mejor no decir nada a mis padres, no quiero que estén preocupados hasta que volvamos. Cuando regresemos ya tendremos tiempo de contárselo.

Yo simplemente asentí, me cambié y me puse un camisón azul muy transparente, me le había regalado Adriana, me dijo que era para la primera noche, ella se pondría uno igual pero de otro color.

Era como una promesa, que debíamos cumplir, a mi me parecía una chorrada, pero veía lo contenta que se había puesto y no quería que se llevara una decepción. Salí del baño y Cristian se quedó con la boca abierta, fue muy gratificante.

-Vaya… estás… preciosa y hermosa. –reconoció. –Ven aquí… -dijo sonriendo mientras me cogía del brazo para acercarme a él.

Yo me sonrojé, pero comencé a besarle, era una sensación tan agradable sentir el roce de sus labios contra los míos. Yo le besaba de manera muy intensa, introduciendo mi lengua en su boca. Cogí su labio superior y di un pequeño mordisquito, eso le excitó y me sujetó con fuerza por la cintura.

Le quité la camiseta, para poder acariciarle por su pecho desnudo, con lo que en seguida se quitó los pantalones, se notaba que tenía ganas de que estuviéramos juntos. Casi sin darme tiempo a nada, me quitó el camisón y el tanga de encaje.

Allí estábamos, frente a frente como en tantas otras ocasiones, dispuestos a entregarnos el uno al otro. Cristian me levantó y me cogió, nuestras partes íntimas se rozaron y los dos nos estremecimos.

Nos besamos con más intensidad, estábamos tan cerca, el roce de nuestros cuerpos nos excitaba tanto que comenzó a besarme con fiereza. Mientras nos besábamos noté como empezó a caminar, cuando quise darme cuenta estábamos en el baño.

-Se me está ocurriendo que nos podíamos duchar juntos, ¿Te apetece? –preguntó con una sonrisa tan convincente, que hasta olvidé como se hablaba.

-Claro, sería estupendo. –respondí sonrojada.

Abrió el grifo con el agua templada y conmigo en brazos se metió en la bañera, bueno más que una bañera era un jacuzzi, era enorme, cabíamos los dos sin problemas. Se sentó y yo me quedé encima, el agua comenzó a rozar nuestros cuerpos mientras nos acariciábamos y nos dábamos besos.

Comenzó a besarme por el cuello, él sabía cuanto me excitaba eso, era una sensación que hacía que un escalofrío de placer me recorriera por todo el cuerpo. Al sentir mi estremecimiento rió entre dientes.

Siguió bajando, llegando a mis pechos, comenzó a acariciarlos hasta que comenzó a besármelos, era una sensación muy placentera, no solo yo me estaba excitando, él también de ver cómo estaba.

Bajé mi mano por su torso desnudo hasta llegar a su miembro, lo acaricié de arriba a abajo y pude ver como casi se le pusieron los ojos en blanco de la excitación. Sonreí y seguí con mayor intensidad.

Pero parece que eso le encendió de tal manera que me cogió salvajemente para penetrarme, fue muy repentino, me hizo emitir un gemido muy sonoro. Buscó mis labios para seguir besándonos.

Comenzó a moverse despacio, el roce del agua hacía que ese placer de cada movimiento se incrementara considerablemente. Nos necesitábamos con urgencia, se estaba desatando en nosotros una pasión animal, propiciada por las ganas de estar juntos, el ambiente romántico y el agua rozándonos.

Pero sentí un fuego quemándome en mi interior, me recorría por todas partes, como si la sangre llevara ese fuego a cada parte de mi cuerpo. Empecé a moverme más y más deprisa, Cristian me seguía de buena gana, se estaba excitando por mi reacción.

Él me siguió en ese baile tan acalorado y nos besábamos intensamente, casi no nos dábamos tiempo a respirar. Le podía ver con los ojos cerrados y gimiendo de placer, yo también emitía gemidos, estábamos dándonos mucho placer y amor.

Noté que paró de repente, noté como poco a poco se relajó, supuse que había llegado al clímax, seguí besándole. Pero entonces vi que se rió entre dientes. –Era broma… -dijo mientras volvía a embestirme con mucha ansia.

Yo tan solo pude sonreír y continuar disfrutando. –Mi príncipe, eres estupendo… -pude decir entre gemidos.

Así continuamos varias horas dándonos placer, salimos del jacuzzi, caminó hasta la cama. No importó que estuviéramos empapados, era la primera noche de nuestra luna de miel, en un lugar que casi parecía mágico y en la que estábamos disfrutando y dándonos todo el amor que sentíamos.

Casi me costaba asimilar que estuviera realmente con un chico tan maravilloso, aunque yo solía pensar en él como en un ángel, un ángel que me habían mandado para hacerme feliz, me sentía afortunada y amada.

Me daba tanto amor y placer que creía que explotaría, que mi cuerpo no podía albergar tanto amor que me daba Cristian y a la vez albergar todo lo que yo le amaba. Parecía algo incompatible con un cuerpo tan pequeño, pero claro que era posible. Era posible porque así lo sentía, tanto amor y pasión que me daba y que yo le daba a él.

Después de unas cuantas horas nos dormimos abrazados, ambos teníamos una sonrisa en el rostro, estábamos felizmente casados, con cuatro hijos maravillosos. Yo deseaba detener el tiempo, quedarnos así para siempre, no es que no quisiera estar con mis hijos, pero vivir abrazada y dándome amor con Cristian era una idea tentadora.

Pensando en todas esas ideas me dormí plácidamente entre sus brazos mientras sentía el roce de su mano en mi brazo. Al notar ese roce, por mi cuerpo pasaban miles de descargas eléctricas que me hacían estremecer.

Me desperté por la mañana y no pude evitar sonreír ante el monumento que tenía delante, y no eran las vistas hacia Roma, sino el chico más guapo y estupendo que había en el mundo, y era todo para mí.
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