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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 5 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 44

44º- Ciudad de ensueño

Por la mañana nos levantamos bastante pronto, había muchos lugares que visitar, tenía tantas iglesias, fuentes, monumentos y demás que quería verlo todo. Como lo que dicen del Museo del Louvre, hay tanto que ver que necesitas más de una semana para verlo entero, pues con Roma ocurría lo mismo.

No parábamos de hacer fotografías, comprando muchísimos souvenirs como recuerdo de los sitios y me emocionaba mucho cada vez que veíamos alguno de los lugares emblemáticos.

Lo mejor de todo fue cuando unos días más tarde íbamos a ir a la Ciudad del Vaticano, como ya teníamos las entradas no tuvimos que esperar las colas, entramos y vimos los Museos Vaticanos, era impresionante la cantidad de cosas que tenía, además de lo grande que era.

Vimos tantas salas que de no ser por las indicaciones, una persona se podía perder allí dentro con facilidad. Pero lo que más deseaba ver con ansia era la Capilla Sixtina, entramos y me quedé con la boca abierta. Era enorme, gigantesca, y una de las pinturas más bonitas y hermosas que había visto jamás.

Lo malo era que había un guardia vigilando tenían prohibido hacer fotografías dentro, lo cierto es que no pude evitar reírme del pobre guardia, no hacía más que repetir “No foto” para que todo el mundo le entendiera pero pocos le hacían caso.

De hecho se cabreó un poco y llamó a algunos compañeros más para que controlaran mejor a la gente que intentaba hacer fotografías. En un despiste conseguí hacer unas cuantas fotos destrangis.

Después queríamos ver la Basílica y la Cúpula, había una cola enorme, pues para poder pasar dentro, nos obligaban a pasar por un detector de metales y los bolsos y mochilas por escáneres.

Me parecía excesivo, pero claro, todo era poco para la seguridad del Papa. De hecho, cuando ya pasamos el detector de metales, nos miraban para ver si la vestimenta era la adecuada, pues no se podían enseñar ni los hombros ni las rodillas, ya fueran hombres o mujeres.

Por fin pasamos y la Basílica de San Pedro era… enorme, no alcazaba la vista para poder verla completa. Y subimos a la Cúpula, 553 largos escalones y de un solo sentido, ya que tenía sentido único de entrada que luego te conducía a la salida. Resultaba hasta claustrofóbico, pero solo lo veríamos una vez en la vida, teníamos que aprovechar.

A mi estar en ese lugar me recordó a los libros de El código Da Vinci y Ángeles y Demonios, los había leído un par de veces y me había quedado fascinada de las descripciones que hacían de las obras y los lugares. Parecía que los había visto, pero al natural eran mucho más impresionantes.

Cada día veíamos unas cuantas cosas, y yo me estaba pasando con las compras, me daba cuenta pero me resultaba imposible, tenían tantas cosas, que me era imposible no comprarlas. Quería recordar al máximo todas las cosas de este viaje tan estupendo.

Hablamos un par de veces con Adriana y Pedro, ellos estaban en Cuba, todo el día tumbados al sol, cogiendo morenito y sin hacer nada de nada. Lo cierto es que eran tal para cual, pero nos dijeron que estaban muy a gusto.

Los días pasaban y habíamos visto muchísimas cosas, me sentía muy afortunada por estar allí, tanto tiempo soñando con esa ciudad y estaba en ella, pisando por sus calles, viendo los monumentos, y tendría muchísimas fotos para recordarlo.

-Echo de menos a las niñas y a los bebés. Pero reconozco que estoy muy bien aquí contigo. –reconocí sonriéndole.

-Yo también. Se me ha ocurrido que dentro de un tiempo, cuando Eric y Luna sean más mayores podíamos hacer un viaje familiar. Así disfrutarían ellos también. –comentó él.

Pero los días fueron pasando hasta que llegó el día de volver a casa… El avión salía por la tarde, así que por la mañana daríamos un último paseo para despedirnos y luego nos iríamos al aeropuerto.

Los padres de Cristian nos esperarían en el aeropuerto con los niños. También llegaba el avión de Adriana y Pedro esa tarde, así que primero nos recogerían a nosotros y nos llevarían a casa, luego volverían a por Adriana y Pedro.

Nos bajamos del avión, recogimos la maleta y nos dirigimos donde nos estarían esperando sus padres, aunque faltaban unos metros para llegar a ellos, se les distinguía con los carritos y con Gabriela pegando saltitos.

Cuando estábamos casi al lado suya Gabriela echó a correr en nuestra dirección y me agaché para cogerla en brazos. Después la abracé y la di varios besos. –Mami y papi os quero muso. –dijo ella sin soltarme.

-Mi pequeña… ¿Te portaste bien con los abuelos? –pregunté mirándola.

-Si, yo fi mu güena. –contestó ella sonriendo.

Cristian la cogió en brazos y la dio un beso, yo me acerqué a mis suegros. Los saludé y cogí a la pequeña Evelyn, que ya caminaba hacia tiempo, y cada día estaba más mayor. –Te echaba de menos… -comenté abrazándola.

Después me asomé a los carritos para ver a mis pequeños, estaban dormiditos así que tan solo les acaricié la cabecita. Cristian también saludó a sus padres y a Evelyn y los bebés.

-¿Qué tal el viaje? ¿Lo habéis pasado bien? –preguntó su madre muy ilusionada.

-Sí, todo era precioso, hemos hecho muchísimas fotos y traemos muchos souvenires de allí. No me pude controlar, eran cosas tan bonitas que creo que me he pasado un poco. –confesé algo avergonzada.

-Y Adriana y Pedro, ¿Cuándo llegan? –preguntó Cristian.

-Pues su vuelo llegará dentro de un par de horas, así que nos da tiempo a llevaros a casa, y luego vendremos a por ellos. –explicó su padre.

Nos montamos en el coche, la verdad es que estaba molida después del viaje, habían sido muchos días fuera y habíamos recorrido todo Roma, teníamos mucho agotamiento y cansancio acumulado.

Llegamos a casa y soltamos las cosas, nos dio tiempo a picar algo con sus padres antes de que se fueran a por Adriana y Pedro. Nosotros ya los veríamos al día siguiente, esa tarde nos apetecía disfrutar de nuestros hijos y tener algo de tranquilidad.
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