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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 5 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 45

45º- Lo malo nos acecha

La vuelta a casa vino muy bien, la verdad es que estábamos muy a gusto en Roma, pero nos apetecía estar en familia con nuestros hijos. Durante los días que estuvimos fuera, dejé todos los biberones que pude con mi leche para que se los dieran a los pequeños.

No llegaron para todos los días pero se acostumbraron bastante bien a la leche en polvo, casi era mejor porque así si algún día no estaba no tenían problemas a la hora de tomar leche.

La verdad es que todo estaba yendo de maravilla, los pequeños cada vez estaban más mayores y Evelyn también. Gabriela estaba muy contenta de ser la hermana mayor, se sentía muy feliz, pues así les enseñaba cosas.

Pero una mañana que estaba en el colegio, me avisaron que tenía una llamada de Cristian. Él nunca me llamaba al colegio pues sabía que no podía cogerlo, así que si llamaba era algo urgente.

Fui a secretaría, pues habían dejado en espera la llamada de Cristian, y me puse al teléfono. –Dime, ¿Ha pasado algo? –pregunté.

-Mel, preciosa, no te asustes pero tienes que venir al hospital. Han ingresado a Gabriela. –explicó él.

-¿Cómo? ¿Pero qué la pasa? –pregunté poniéndome muy nerviosa.

-Aún la están haciendo pruebas. Ven en cuanto puedas. Te espero aquí, preciosa. –y colgó el teléfono.

Se lo dije a mis compañeros del colegio, y no tuvieron problemas en sustituirme para que me pudiera ir al hospital a ver a mi niña. Por el camino me estaba poniendo más nerviosa, no era capaz de pensar con claridad.
Tardé un rato en llegar, pregunté por la niña y me indicaron en qué planta estaba, subí a la segunda planta y en la sala de espera estaba Cristian. Estaba de pie paseándose de un lado al otro de la sala.

-Mi amor, ¿Qué ha pasado? –pregunté nerviosa.

-Pues no lo sé muy bien, me llamaron del colegio, que se había puesto mala. Pero le están haciendo pruebas, aún no sabe lo que tiene. –explicó Cristian.

Yo comencé a llorar desconsoladamente, Cristian me abrazó fuerte y me besó en los cabellos. –Tranquila, seguro que no es nada. –dijo para intentar consolarme.

A los pocos minutos, vimos a un médico que se acercaba por el pasillo, vi que Cristian se acercaba hacia él, con lo que supuse que sería el médico que estaba atendiendo a la niña. Yo me acerqué también a él.

-Doctor, ¿Cómo está nuestra hija? –preguntó Cristian nervioso.

-Pues… le hemos estado haciendo pruebas y hemos conseguido saber lo que le ocurre. Su hija tiene una leucemia mieloide aguda. En otras palabras y para que me entiendan es un tipo de cáncer. –explicó.

-¿Cáncer? Pero… es muy pequeña. –dije entre sollozos.

-Lo sé, pero vamos a ver si me explico. Todas las personas tenemos células cancerosas en nuestro organismo, pero en algunas personas esas células están predispuestas para activarse como en el caso de su hija. –nos explicó.

-¿Y qué se puede hacer, doctor? –preguntó Cristian algo desesperado.

-Hay varios tratamientos, pero con la edad que tiene, creo que lo más recomendable es un transplante de médula ósea. Normalmente son compatibles alguno de los dos padres, con lo que se deberían hacer en seguida las pruebas. –respondió el médico.

-Pero nosotros no somos los padres biológicos de la niña. Su padre biológico está muerto, y su madre en un psiquiátrico. –le dijo Cristian al médico.

-Entiendo… Pues deben ir al psiquiátrico y que su madre biológica acceda a hacerse las pruebas. Pero deben tener cuidado, pues los médicos del psiquiátrico pueden acusarles de obligarla a hacerlo, es un tema delicado. –nos informó el médico.

-Muchas gracias doctor. Gracias por todo. ¿Podemos pasar a verla? –pregunté entre llantos.

-Claro, ahora está en la habitación. Pero debe descansar. –nos advirtió el médico.

El médico se marchó y nos fuimos a la habitación. Gabriela estaba en la cama, se la veía tan indefensa con tantas cosas de hospital a su alrededor. Nada más verla me eché a llorar.

Me acerqué y la abracé muy fuerte llorando con más intensidad. –Mi niña… -dije entre lágrimas.

-Mami, mami… -contestó ella.

-Peque, ya estamos aquí contigo. –añadió Cristian.

-¿Cando nos vamo? –preguntó ella con interés.

-Mi pequeña, estás malita, tienes que ponerte buena y en unos días nos iremos a casa. –la expliqué mirando a sus ojos.

Estuve con ella mientras Cristian llamó a Esme para que recogiera a los niños, avisó también a Adriana y Pedro. Y salió a buscar a su padre que estaba trabajando allí. Al cabo de un rato llegó Carlisle.

Alzó la vista hacia la puerta, al verle la niña se puso muy contenta. – ¡Yayo! –dijo con alegría.

-Hola, diablilla. –contestó él abrazándola.

Salimos fuera un momento para contarle todo a Carlisle, me fui inevitable volver a ponerme a llorar. Sabía que un cáncer era algo serio y teniendo en cuenta que el transplante debía de ser de su madre biológica tenía miedo.

-Papá, ¿Crees que nos dejarán que se haga las pruebas y si es compatible operarla? –preguntó Cristian.

-Es bastante complicado, pero intentaré ayudaros en todo lo que pueda. Y no debemos tardar mucho porque es un cáncer bastante agresivo, cuanto antes se hagan las pruebas y el transplante mucho más fácil será todo. –explicó Carlisle.

Estuvimos todo el día con la niña, por la tarde vinieron Esme con los niños y Adriana y Pedro. Nos abrazaron para darnos ánimos, yo lo agradecí mucho, pues de verdad estaba muy asustada y preocupada.

Salí fuera con Adriana para despejarme un poco, todo había sido tan repentino, y tendríamos que ir al psiquiátrico para hablar con la madre de Gabriela y ver si estaba lo suficientemente lúcida como para hacerse las pruebas por voluntad propia, y operarse si fuera compatible.

-Gracias por venir. –dije a Adriana abrazándola.

-Sabes que para eso estamos. Y bueno… sé que no es el momento, pero hoy quería llamaros para contaros algo, supongo que no es el mejor momento. Es que… bueno… estoy embarazada. –contestó sonriendo tímidamente.

-Eso es maravilloso, de verdad que me alegro mucho por ti, os merecéis ser felices, de verdad. Cristian se pondrá muy contento de tener por fin un sobrinito o sobrinita. –respondí esbozando una pequeña sonrisa.

La noticia era maravillosa, me alegraba mucho por ellos, y era una forma de aliviar un poco el dolor tan grande que sentía, porque veía que el tiempo pasaba y la vida de mi pequeña tenía puesta la cuenta atrás…
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