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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 6 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 47

47º- Buenas intenciones

Nos dijeron que tardarían un par de días en tener los resultados, les iban a meter prisa sabiendo la delicada salud que tenía la niña. Yo no sabía ni cómo agradecerle a Paula lo que estaba haciendo por nosotros.

Al día siguiente, íbamos a llevar a la niña al psiquiátrico, pero pensamos que sería demasiado para ella, así que pedimos permiso para que trajeran al hospital a Paula, que vendría acompañada de su médico y de un par de celadores por si acaso.

Entramos nosotros primero a la habitación para ver a Gabriela y explicarle la situación. –Mi pequeña, ¿Te acuerdas de tu mamá? – pregunté a la niña.

-Tú ere mi mami. –dijo ella.

-Lo sé, pero tú cuando estabas con Walter tenías una mamá que se llamaba Paula, ¿La recuerdas? –volví a preguntar.

-Un poco. –contestó ella.

-Pues es que quiere verte un ratito porque sabe que estás malita, ¿Vale? – comenté.

-Vae, mami. Pedo yo quero etar con papi y cotigo. –insistió ella.

-Tranquila, solo va a verte un rato y ya está. –respondí.

Ella asintió, así que abrí la puerta para indicar que podían pasar. Cristian y yo nos pusimos al lado de la niña, por si se asustaba o algo, y los celadores se quedaron muy cerca de Paula, tan solo por si acaso.

-Hola. –dijo Paula mirando con asombro a la niña.

-Hola. –respondió Gabriela, no estaba asustada pero la miraba muy fijamente.
-Estás muy guapa como la última vez que te vi. –comentó Paula.

-Gacias. Mira, mi mami me peinó así. –dijo enseñando una coletita de su pelo.

Cuando dijo eso la niña, yo me tensé, pues a lo mejor al decir eso, Paula se pondría nerviosa, a fin de cuentas, su madre biológica era ella. Pero Paula tan solo sonrió.

-Si, estás muy guapa. Es que tus papás te cuidan muy bien. –contestó ella.

Estuvo un rato viendo a la niña y ella al final estuvo muy a gusto. Todo fue bien, estaba tranquila y relajada, al final había sido buena idea lo de que viera a la niña. Creo que fue lo que terminó de convencerla para operarse en caso de ser compatible.

Al día siguiente nos dieron los resultados, sí que eran compatibles Paula y Gabriela. Yo no paré de llorar en todo el día, había tenido tanto miedo… y de todas formas tenían que hacer el transplante que también tenía sus riesgos. Pero no dijeron que normalmente en la mayoría de los casos los resultados eran positivos.

La operación sería al día siguiente, no quería que pasara mucho tiempo pues cuanto más tiempo pasara la salud de Gabriela podía empeorar. Paula pasó la noche en el psiquiátrico, y a primera hora de la mañana la trajeron al hospital para la operación.

El médico nos había dicho que Paula estaba más tranquila desde que había estado con Gabriela, que estaba menos nerviosa y que no le había dado ningún ataque. Dijo que seguramente verla la centraba y animaba y su estado mental mejoraba un poco.

Se las llevaron al quirófano, nos dijeron que tardarían un par de horas, a no ser que surgiera alguna complicación. Estábamos algo nerviosos, pero Carlisle dijo que entraría para ver la operación. No podría intervenir por un conflicto de intereses, pero estábamos más tranquilos sabiendo que él estaba allí.

El tiempo parecía pasar muy despacio, estábamos sentados en las sillas de la sala de espera. Estaban también Adriana y Pedro, me hubiera gustado que Esme también hubiera estado, pero estaba en casa cuidando a los niños.

Por fin pasaron las dos largas horas, las horas más largas de mi vida. Salió Carlisle, y se acercó a nosotros. Cristian y yo nos levantamos a la vez, para ponernos a su lado. -¿Cómo ha ido todo? –preguntó Cristian.

-Pues todo ha ido bien, el transplante ha ido bien. Así que ya podéis estar tranquilos. –comentó Carlisle.

Cristian me abrazó y yo me puse a llorar. Todos nos dimos un abrazo, pero yo solo podía pensar en mi pequeña, en mi hija. Mis hijos y mi marido lo eran todo para mí, y casi había perdido a una de mis hijas, había estado muy triste y preocupada.

Cuando pasó una media hora pudimos pasar a verla pues ya se le había pasado el efecto de la anestesia. Pero tan solo podríamos estar un rato con ella, pasamos los dos y al entrar en la habitación la vi en la cama tan pequeñita y con tantas máquinas a su alrededor que me asusté a pesar de saber que la operación había salido bien.

Me acerqué a ella y la di un abrazo muy suave, no quería lastimarla. Ella se movió y abrió despacio sus ojitos. Nada más ver mi cara se puso a sonreír. –Mami… - dijo casi en un susurro.

-Hola, mi pequeña… -murmuré.

Cristian la dio un beso en la frente y la acarició la mejilla. Los dos estábamos muy emocionados por ver a salvo y por fin sana a nuestra pequeña niñita, estuvimos hablando un rato con ella. No pudimos quedarnos más rato con ella así que tuvimos que salir.

Al salir no pude evitar acordarme de todo lo que pasamos cuando la adoptamos, los líos de papeleos el juicio… en su momento nos pareció algo espantoso, pero lo espantoso era haber estado a punto de perderla por la enfermedad.

Suspiré aliviada pero estaba todavía un poco nerviosa. –Preciosa, te noto muy nerviosa. Ya has visto que todo ha salido bien. –me dijo Cristian.

-Lo sé, pero quiero tenerla en casa de vuelta. –respondí.

Él se acercó a mí y me abrazó muy fuerte. Yo me tranquilicé un poco, siempre era un alivio sentir cerca a mi amor. Me daba fuerzas, era todo lo que necesitaba, me sentía a salvo y todo lo veía de forma positiva.

Nos fuimos a dormir a casa, nos dijeron que no podíamos estar esa noche allí. A Paula se la llevarían al psiquiátrico, pues estaría más vigilada y al estar su médico podría vigilarla mejor.

Pero esa noche fue muy larga, no era capaz de conciliar el sueño, tenía demasiadas ganas de estar con mi hija en casa. No pasaba el tiempo o al menos eso me parecía a mí, que miraba cada cinco minutos el reloj.

Sentí que Cristian se levantó de la cama y al cabo de un rato volvió. Al entrar en la habitación traía una taza entre sus manos. –Toma, preciosa, esto seguro que te ayuda a dormir. –comentó acercándome la taza.

Miré dentro y la olí, era un chocolate caliente, con lo que me aliviaba y me tranquilizaba. –Gracias, mi príncipe, pero creo que me mimas demasiado. –contesté sonriendo.

-No digas eso, sabes que por ti y por nuestros hijos haría cualquier cosa. Os amo. –respondió dándome un tierno beso en los labios.

Era difícil concentrarse cuando me besaba de esa forma, bueno… en realidad era difícil concentrarse estando cerca de él. Pero después de tomarme el chocolate, me abrazó y no tardé mucho en caer en un profundo sueño…
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