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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 7 de diciembre de 2009

Amando a un angel capitulo 48

48º- La dulzura de la vida

Gabriela se recuperó muy bien del transplante, y cada pocos días hacíamos una visita a Paula en el psiquiátrico, pues habían visto que desde que tenía contacto con Gabriela, se encontraba mucho mejor mentalmente.

El tiempo pasaba y la vida nos empezaba a sonreír, faltaban unos pocos días para el nacimiento del bebé de Adriana y Pedro, todos estábamos muy emocionados, pero también muy nerviosos. Sobre todo Cristian, que tanto cuidaba a su hermana.

Yo veía que Cristian estaba cada vez más de los nervios, casi tanto como lo estaba con mis embarazos. Pero casi estaba un poco celosa; yo sabía lo unidos que estaban Cristian y Adriana pues se cuidaron mutuamente hasta que les adoptaron, pero… él era mi amado, y quería que solo me hiciera caso a mí.

Me sentía mal por pensar esas cosas, a fin de cuentas era la hermana de Cristian y yo la quería como si fuera mi propia hermana, pero una parte de mí estaba algo triste. Cristian me conocía muy bien y se me notaba la tristeza en la mirada.

-Preciosa, ¿qué es lo que te preocupa? –preguntó con intriga.

Yo no quería ni hablar del tema, era probable que le molestara, pues era su hermana y sabía lo mucho que la quería. Así que intenté evitarle y no hablar me puse a cambiar los canales de la tele.

-¿Me estás escuchando? –preguntó girándome la cara para que le mirara.

-Sí, es que estoy aquí con los canales. –contesté.

-Te conozco bien, sé que te pasa algo. –respondió.

-Pues… bueno estás como loco por el embarazo de tu hermana, y no sé, parece que estás más emocionado que cuando yo estuve embarazada. –dije algo triste.

Me temía un enfado por su parte, o una mala contestación, a fin de cuentas no era un comportamiento muy maduro sentir celos de que le prestara atención a su hermana. Me resultaba inevitable, así que me esperé el enfado de Cristian. Él giró mi cara y se me quedó mirando fijamente.

-Preciosa, no digas eso. Tú y nuestros hijos sois lo más importante, es solo que estoy muy contento de que a mi hermana le vayan bien las cosas. –explicó. – Espera aquí un momento.

Yo me quedé extrañada, se levantó del sofá y se fue a la habitación. No tardó mucho y cuando volvió traía una bolsa en sus manos. Se sentó a mi lado y me la acercó para que la cogiera.

-¿Y esto? ¿Qué es? –pregunté intrigada.

-Ayer cuando volví del trabajo pasé a comprarlo, sabía que estaba algo distante contigo y quería compensártelo. Tú sabes que te amo con todas mis fuerzas. –contestó.

Miré dentro y había un paquetito envuelto, lo desenvolví y vi una cajita de terciopelo muy bonita. La abrí y dentro encontré un pequeño colgante de oro en forma de corazón.

-Mira lo que hay dentro. –dijo con una sonrisa.

Le hice caso y abrí el colgante, dentro había en uno de los lados una foto de nosotros dos. En la otra parte se podía leer “Te amo para siempre”. Yo al ver el colgante con la foto y la inscripción me puse a llorar.

-Perdona por haber sido tan tonta. Es precioso, mi amor. –dije entre lágrimas.

-No llores, y no pasa nada. Te amo, mi princesa. –contestó antes de darme un tierno beso.

Había sido una tonta por ponerme en esa actitud, tenía un marido fantástico que me amaba. Ya no me importó si hacía caso a Adriana, es más estaba contenta de que se preocupara tanto por ella.

Unos días más tarde estábamos en el hospital porque Adriana se había puesto de parto. No tardó mucho en dar a luz, a una niña preciosa a la que llamaron Raquel. Pedro estaba muy ilusionado, y Cristian también. La niña era una preciosidad.

Casi sin darnos cuenta habían pasado cinco años, los niños estaban muy mayorcitos ya. Mis suegros estaban encantados con tanto nieto, y Adriana estaba de nuevo embarazada, con lo que toda la familia estábamos como locos de nuevo.

Un domingo, habíamos ido todos a comer a casa de mis suegros, todos los domingos lo hacíamos, sobre todo para que los niños vieran a sus tíos y sus abuelos. Nos gustaba estar en familia, era muy reconfortante.

Estábamos comiendo en el patio que era enorme, y tenían un par de grandes pinos. Después de tomar el postre me levanté para pasear y me senté debajo de uno de los pinos, daba la sombra y se estaba muy a gusto.

Había un olor muy bueno a hierba, me encantaba ese aroma, no sé porque pero me resultaba relajante. Cerré los ojos, recordando estos últimos años, en realidad desde el momento en que conocí a Cristian.

Habíamos pasado por tantas cosas… muchas malas pero otras muy buenas. Tenía una familia estupenda, pues para mi Carlisle y Esme eran como los padres que perdí, me cuidaban y trataban muy bien, me sentía muy querida.

Sentí que alguien me rozó en la mejilla, abrí los ojos y vi a mi lado a Cristian, tan perfecto como siempre. Tan guapo, tan maravilloso, ese ángel del que estaba perdidamente enamorada.

-¿Qué haces, preciosa? –preguntó con curiosidad.

-Nada, tan solo pensando y recordado. –contesté.

-¿Y en qué pensabas? –preguntó.

-Pues en todos estos años, en las cosas que nos pasaron desde que nos conocimos, y en lo feliz que soy a tu lado. –contesté.

-Yo soy mucho más feliz a tu lado, me has dado unos hijos estupendos y me tienes enamorado. –respondió dándome un beso.

Yo me sonrojé, era inexplicable, pero Cristian siempre conseguía que me sonrojara por alguna cosa. Lo cierto es que era de lo mucho que le amaba. Me sentía muy afortunada.

-Te pones aún más hermosa cuando te sonrojas, eres adorable, mi princesa. –dijo él con una sonrisa deslumbrante.

-Nunca creí que pudiera ser tan feliz, pero desde que te conocí mi vida es maravillosa, estoy tan contenta… Y pensar que soy feliz todos los días, porque estoy amando a un ángel. Un ángel que debió caer del cielo, y me hace feliz y afortunada. –contesté.

Él me dio un beso muy intenso en los labios. Un beso muy convincente que me hizo olvidarme de respirar… me ocurría siempre que nos besábamos era inevitable, pues me tenía como hechizada.

Al fin pudimos vivir una vida plena y maravillosa, una vida en la que nadie nos podía hacer ningún mal. Eso sí, tuvimos nuestros momentos malos y buenos como todas las parejas, pero todo lo superábamos por lo mucho que nos queríamos. Por ese amor tan intenso que recorría cada parte de nuestro cuerpo.

Y es que en ese momento me di cuenta de que “El amor lo puede todo” y era cierto, si se tiene amor, es lo mejor, porque nos hace la vida más plena. Una vida plena y llena de amor que viví al lado de mis hijos y de mi ángel particular.

FIN
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1 rosas :

Lulai dijo...

Uffff Otra historia tuya que termino de leer... Me encantan... Seguire con la otra enseguida... Son tan entretenidas y amenas para leer...

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