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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 7 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 1

1º- Miedo y desesperación

Estaba corriendo por la calle con mi hija Evelyn de 3 años en brazos. Miraba a todos los lados, no sabía si mi agresor estaría aún persiguiéndome. Según iba corriendo no hacía más que recordar la agresión y comencé a llorar con mucha fuerza.

Me había parado en un banco a descansar un poco, estaba exhausta de tanta huida, pero en ese momento me di cuenta de que mi hija no estaba conmigo. Se había bajado del banco y estaba en la carretera.

-¡MI NIÑA! –grité desesperada, eché a correr y la cogí, nos caímos hacia un lado, pero aún estábamos al alcance de los coches. Veía que un Volvo plateado venía hacia nosotras. Tapé a mi hija con mi cuerpo y cerré los ojos, pensaba que me atropellaría, pero escuché un frenazo enorme y abrí un poco los ojos…

El Volvo estaba justo delante de mí pero no nos había llegado a dar. Entonces alguien salió del coche muy deprisa. Se acercó a mí y me acarició el brazo.

-¿Te encuentras bien? Menos mal que he podido frenar a tiempo... –contestó aliviado el chico.

Alcé la vista y casi me quedé sin aliento. Era un chico guapísimo, parecía esculpido por un artista, su cara era perfecta, y pude distinguir unos intensos ojos azules. –Estamos bien, tranquilo, aunque reconozco que me asusté bastante. –dije algo nerviosa.

Me ayudó a levantarme, y entonces vio que llevaba a la niña en brazos. -¿Es tu hija? ¿Se encuentra bien? –se le notaba ansioso mientras preguntaba.

-Tranquilo, estamos bien. Es que estaba escapando, venía tan corriendo que paré un momento a descansar y no me di cuenta que la niña no estaba conmigo. –respondí con una media sonrisa.

-Pero espera… escapando… ¿de qué? –se había puesto más nervioso.

-Pues… de mi vecino Enrique. Pero no quiero hablar mucho de eso ahora, ¿podríamos ir a otro lugar? Temo que venga a buscarme.

-Claro, montad en mi coche, iremos a mi casa, así estaréis tranquilas y podréis comer algo para calmaros un poco. –la sonrisa que puso a continuación me hizo imposible negarme.

Me monté en el asiento del copiloto, y me puse a la niña entre mis brazos. Durante el camino, no paré de mirarle, era un chico tan guapo. No solo eso, sino que mirándole a esos ojos tan intensos notaba que miles de descargas eléctricas recorrían mi cuerpo, era una sensación extraña pero que me agradaba. Me sentía protegida a su lado, y me daba mucha confianza, algo bastante extraño teniendo en cuenta que no le conocía de nada.

No tardamos mucho en llegar a una casa blanca enorme, de dos plantas. Nunca había visto una casa tan grande por la zona. Supuse que su familia sería rica o algo así. Metió el coche en el garaje y antes de darme cuenta estaba al lado de la puerta del copiloto.

-Deja que coja a la niña para que tú puedas caminar mejor. Se nota que estás exhausta. –dijo muy cortés.

-Gracias… -es lo único que pude decir.

Jamás me habían tratado con tanta amabilidad y me sentía algo abrumada. Comenzó a caminar con la niña en brazos, que se había quedado dormida durante el trayecto, y yo le seguí.

Entramos a la casa, el comedor era muy grande y estaba decorado con unos muebles preciosos. No solo se notaba que tenían dinero, si no que tenían muchísimo gusto en lo que a decorar la casa se refiere.

Caminó hasta el sofá y me indicó con la mano que me sentara, a continuación me dio a la niña para que la cogiera. –Seguro que tienes hambre, voy a traerte algo de comer. Espera aquí, no tardo nada. –y caminó hacia la cocina.

No podía dejar de mirarle, era un chico no demasiado grande pero si fuerte y se podían apreciar sus músculos a través de la camisa. Me sonrojé de estar mirándole de esa forma, jamás me había ocurrido con un chico, esa especie de conexión o atracción nada más conocernos.

Tal como dijo, no tardó mucho en volver, traía una bandeja con un par de sándwiches, un poco de fruta y algunos bollos de chocolate. Puso la bandeja en la mesita baja, y se sentó a mi lado. –No sabía lo que te apetecería así que he cogido varias cosas para que elijas. –comentó amablemente.

-Gra… gracias. De verdad, no tienes por qué. –respondí con la voz titubeante.

-Claro que sí, por poco os atropello, además debes tener mucha hambre si dices que has estado corriendo para escapar. –al decir esa última parte de la frase noté como apretaba un poco los puños.

Cogí uno de los bollos de chocolate y le pegué un mordisco, la verdad es que si tenía hambre y comer un poco me vino bien. –Um… está riquísimo, gracias. El chocolate es que me encanta. –añadí, no supe porqué lo dije.

-Es bueno saberlo. –contestó con una sonrisa tan sugerente que tuve que apartar su mirada para no lanzarme a darle un beso. –Y bueno… me gustaría saber qué es lo que os ha pasado, estoy bastante preocupado. –dijo algo más serio.

-Pues… bueno. Tengo un vecino que es un poco raro, a veces le pillo mirando por la ventana y no sé no me gusta que haga eso. Hoy llamó a mi puerta para pedirme que le prestara un par de piezas de fruta así que le hice pasar. Cuando estaba en la cocina oí que hablaba con la niña y cuando miré a ver, estaba intentando tocarla por debajo de la ropa. –al decir esto se me empezaron a saltar las lágrimas, pero él no me interrumpió.

Seguí contando la historia. –Entonces fui y le pegué un tortazo. Pero él me lo devolvió con tanta fuerza que me hizo caer al suelo. Se puso encima de mí, en esta ocasión intentaba tocarme a mi, y violarme, me estaba tocando por donde podía y quería quitarme la ropa. Pero conseguí morderle en la cara y luego le di una patada y me escapé. Y bueno… luego me encontré contigo. –terminé de decir.

Le miré y tenía una expresión llena de furia, los puños apretados y no me miraba. Yo no dije nada, así que esperé a que él hablara o hiciera algo. Pocos segundos después se relajó un poco y se giró para mirarme.

-Lo habéis pasado realmente mal. Pero tranquila, que jamás os van a volver a hacer daño, yo voy a protegeros. –contestó con la voz más relajada y mirándome a los ojos. Intenté examinar su mirada y pude ver cariño y amor en ella.

Ante esa mirada tan cálida no pude resistirme, y me acerqué a él para sentirle, para que me abrazara. No sé porqué lo hice, pero mi cuerpo reaccionó solo, pensaba que él se apartaría. Al principio se quedó quieto, pero enseguida, movió los brazos para abrazarme.

Fue una sensación estupenda, me sentía tranquila y amada entre sus brazos, me gustaba esa sensación. Era como si estuviera echa para estar entre sus brazos, era maravilloso haberme encontrado con este chico tan misterioso.
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