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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 14 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 10

10º- Día de ensueño

Nos bajamos del coche y entramos en el restaurante, en la puerta esperaba el metre muy elegante y con una sonrisa. –Buenas, ¿tienen reserva? –preguntó muy amablemente.

-Sí, a nombre de Cristian Cullen. –respondió Cristian.

-Es correcto, síganme por favor. –pidió el metre.

Nos llevó a una de las mesas, mientras me quedé maravillada con lo elegante y bonito que era el restaurante. Decorado con mucho gusto, algo de música ambiental que otorgaba al sitio elegancia y tranquilidad.

Se paró en una de las mesas, me puse al lado de una de las sillas, el metre la abrió para que me sentara. –Señorita, -dijo haciendo un gesto con la cabeza.

-Gracias, muy amable. –dije educadamente.

-¿Qué desear tomar para beber? –preguntó a Cristian.

-Pues… Melinda ¿Qué quieres tomar? –me preguntó él con curiosidad.

-Agua, por favor. –respondí sonriéndole.

-Para mí también, gracias. –añadió Cristian.

Nos dejó dos cartas para que eligiéramos la comida. Hasta la carta se veía con una elegancia única. No quise ni mirar el precio de las comidas, intenté fijarme solo en los nombres de las comidas, sabía que si miraba los precios me daría un ataque.

Al final decidimos pedir un par de entrantes para los dos, con unos nombres tan raros que ni logré recordar todo lo que llevaban. Y luego pedimos carne los dos. Lo cierto, es que toda la comida estaba riquísima, pocas veces había comido algo tan rico y sabroso.

Durante la cena, no paramos de mirarnos, estábamos con más gente en el restaurante pero yo tenía la sensación de que estábamos solos, que solo existíamos nosotros dos. De tanto mirarme, me estaba ruborizando, a veces no le aguantaba la mirada por miedo a saltar por encima de la mesa para besarle.

Estaba algo avergonzada por pensar en esas cosas con lo romántico que estaba siendo el día junto a Cristian. No pude evitar sonreír profundamente, y Cristian me miró algo extrañado.

-¿Qué ocurre? ¿Qué te hace tanta gracia?- preguntó con curiosidad.

-Nada es que… bueno está siendo un día fantástico, me estás mimando demasiado y no estoy acostumbrada. –respondí sonrojada.

-Para mí también está siendo un día fantástico, sobre todo habiéndome concedido el honor de tu compañía. –contestó con una sonrisa perfecta. –Por cierto, te tienes que ir acostumbrando a esta clase de mimos si vamos a estar juntos.

-No es necesario, me basta con que estemos juntos. –contesté agachando la mirada.

-Claro que es necesario, quiero que te sientas como una princesa, y Evelyn también. –añadió muy seguro.

Pedimos unos postres de chocolate y al terminar nos fuimos, había sido maravilloso todo el día que estábamos pasando. Nos montamos en el coche, pues según el plan que me había dicho Cristian iríamos a recoger a Evelyn para pasar la tarde con ella.

Paramos al lado de mi casa y él salió casi corriendo del coche, me bajé y vi que estaba buscando algo en el maletero. Al fin lo sacó, era un perrito de peluche precioso, y también cogió una bolsa de chocolatinas.

-No debiste molestarte, de verdad que no es necesario. –le dije algo seria.

-Claro que sí, con lo que quiero a esa pequeña, se merece todo esto y más, igual que su hermosa mami. –comentó mientras me daba un beso.

Caminamos y entramos en casa cogidos de la mano. – ¡Ya estamos aquí, hermanita! –dije muy alegre.

Evelyn salió corriendo y la cogí para darla un abrazo. –Mi pequeña, ¿te portaste bien con la tía?

-Si, mami. –respondió sonriendo. – ¡El nene del cocolate! –gritó emocionada.

Cristian no pudo evitar sonreír. –Te traigo unos regalitos. Espero que te gusten. –comentó sin dejar de mirarla.

-Siiii, regalitos, yo quero. –contestó emocionada.

Nos sentamos en le sofá y sacó de detrás de la espalda el perrito y las chocolatinas. –Yupi, ¡un perrito bonito y cocolate!

-¿Qué se dice por los regalos, mi pequeña? –la pregunté mirándola.

-Gacias. –respondió sonriente.

-Pues tengo otra sorpresa, nos vamos a ir los tres al parque para jugar juntos. ¿Te apetece? – preguntó Cristian mirando a Evelyn.

-Siii, quero jubar. Amos mami, a jubar. –contestó impaciente.

Dejamos el peluche y los chocolates en casa y salimos al parque. Estuvimos jugando los tres al pilla-pilla, la niña no paraba de sonreír. Estaba muy feliz, estaba siendo un día maravilloso.
Cristian se había tomado muchas molestias para complacerme en el fin de semana, no solo a mí, a la niña también, me había propuesto recompensárselo de alguna forma.

Mientras jugábamos le di vueltas a posibles cosas que hacer para darle las gracias, querría sorprenderle, quizás una cena en casa con mi hermana y la niña para conocernos mejor sería una buena forma.

Aunque también me apetecía pasar otra noche con él, para darnos ese placer tan grande que sentimos al estar juntos, para eso ha habría tiempo, quería que nos conociera mejor. Además me hacía mucha ilusión conocer más cosas sobre él y que conociera mejor a mi hija y a mi hermana.

Ese fin de semana había sido el mejor de mi vida, me había hecho sentir especial, sentirme querida, sentir que me protegía estando a su lado. Pero tal vez, lo que más feliz me hacía era ver que iba a ser un padre fantástico para Evelyn, no había tenido figura paterna, yo intentaba hacer de papa y mamá a la vez, pero había determinados momentos en que necesitaba una figura masculina.
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