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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 15 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 11

11º- Cenita especial

Le llamé, le dije que quería hacer una cena, para así conocernos mejor, le pareció estupendo, así que quedamos para el sábado siguiente. Durante toda la semana estuve muy nerviosa, deseaba conocer más cosas de él.

Durante la semana estuve nerviosa y noté que la niña estaba muy ilusionada por volver a estar con él, cada vez me convencía más de que era el padre que Evelyn necesitaba, se comprendían muy bien y habían conectado.

Pero lo que más pensaba en esa semana era en lo que estaría haciendo él, o si estaría nervioso por la cena, si pensaría en mi y en la niña; o si tenía tantas ganas como yo de que llegara la cena.

La niña todos los días me preguntaba cuanto faltara para que viniera a cenar, como ella lo llamaba “el nene del cocolate”, lo cierto es que siempre que lo llamaba así me era inevitable sonreír.

Tras pasar toda la semana, al fin llegó el sábado, quería que todo fuera perfecto, desde por la mañana estuve mirando toda la ropa, quería estar muy guapa para Cristian, pero estuve dos horas mirando y no me decidía. Así que hice un descanso de mirar ropa para ir a apuntar cosas que hicieran falta para la cena.

Adriana se quedó con la niña y yo bajé a comprar, estaba nerviosa, no me fijaba casi ni en la comida que cogía, lo que sí me di cuenta de coger fueron chocolates, para que así pudiéramos comer todos.

No tardé demasiado en volver a casa con la compra, aunque claro, primero había que preparar la comida y comer, ya más tarde prepararíamos las cosas de la cena, pues faltaban bastantes horas, no llegaría hasta las ocho.

Comí muy poco, solo quería volver a la habitación para seguir mirando ropa, no es que no me gustara, es que no tenía claro con qué ropa me encontraría más guapa Cristian. Mire y volví a mirar, veía que se acercaba la hora de empezar a preparar cosas para la cena y no tenía claro lo que ponerme. Al final después de darle vueltas y vueltas me decidí por un vestido morado que me quedaba bastante bien.

Una vez que ya tuve resuelto el dilema de la ropa, me puse a preparar la cena, quería dejarlo todo listo para luego arreglarme. Así que puse las cosas de picar en los platos, y preparé la carne, la metí en el horno.

Después me fui con la ropa y demás al baño, me di una ducha, necesitaba relajarme aunque fueran cinco minutos, me estaba estresando demasiado. Me estuve vistiendo y luego me maquillé un poco, tan solo lo justo para tener mejor aspecto.

Ayudé a Evelyn a vestirse, quiso ponerse un vestido azul que le había regalado Adriana por el cumpleaños. Ella era bastante presumida, lo había aprendido de su tía, no es que me importara, pero con la edad que tenía no debía preocuparse tanto por la moda.

Me senté en el sofá con la niña mientras Adriana se vestía, siempre le había tenido algo de envidia a mi hermana, era la más guapa de las dos, siempre se fijaban en ella los chicos, y tenía miedo de que acabara ocurriendo lo mismo con Cristian.

Decidí callarme esas ideas, Adriana siempre decía que eso no era verdad, que si se fijaban en ella era porque yo me había cerrado en no conocer a nadie después de lo de la violación. Tal vez, ella tenía razón, y si no había mostrado interés por nadie, nadie se había fijado en mí.

Estaba inmersa en mis pensamientos cuando sonó el timbre, a Evelyn le gustaba que llamaran al timbre y siempre que sonaba ella repetía el sonido riéndose. –Ring, ring ji,ji. –dijo muy contenta.

Abrí la puerta, me tuve que agarrar al marco de la puerta para no caerme para atrás, estaba tan guapo que por poco olvidé respirar. –Hola, estás muy guapo. –dije con una sonrisa.

-Tú si que estas muy hermosa. Te queda estupendo el vestido. –admitió.

Yo no pude evitar sonrojarme, se acercó, me rodeó con sus brazos y me dio un beso muy tierno. Oí los pasitos de Evelyn, y sentí que nos daba golpecitos con las manitas en las piernas.

-¡Hola, nene del cocolate! –dijo muy alegre.

Cristian la cogió en brazos para abrazarla y luego darle un beso en la frente.- Hola, pequeña. Tenía ganas de veros de nuevo. –confesó con una sonrisa deslumbrante.

-Ajam…- carraspeó mi hermana. – Como veo que mi hermana está algo distraída pues me presento ya. Sé que nos hemos visto pero bueno, es un placer conocerte más formalmente, soy Adriana.

-Mucho gusto, yo soy Cristian. –contestó muy amable Cristian.

Nos sentamos a la mesa, yo me puse al lado de Cristian, y Evelyn insistió en ponerse al otro lado. Quería estar muy cerca de él, yo podía notarlo, la conocía muy bien, y aunque nunca se había relacionado con ningún extraño, con él era algo distinto.

Como si estuvieran hechos para entenderse y para quererse, era maravilloso ver lo mucho que se preocupaba por mi hija, y por mí. Yo no paré de mirarle durante toda la cena, estaba encantada de tenerlo a mi lado.

Fue una cena tranquila aunque no hablamos mucho, ya tendríamos tiempo después de la cena. Habíamos acabado, así que me levanté para coger los postres, pero Cristian se levantó también.

-Bueno… os he traído algo para el postre. –dijo cogiendo una bolsa que había dejado a su lado.

Lo abrí y eran un par de cajas de bombones y un muñequito con chocolatinas dentro. –Esto es para Evelyn. –dijo mientras le daba el muñequito.

Ella se puso como loca a dar saltitos, y luego se sentó otra vez en la silla. –Mira mami, musos cocolates. –dijo mientras alargaba los bracitos para enseñármelo.

-Ya lo veo, cariño.- la respondí. A continuación miré a Cristian. –Muchas gracias, te tomaste muchas molestias.

-No es nada, quería tener un detalle con las tres chicas más especiales. –contestó sonriente.

Nos comimos algunos bombones y a Evelyn la dejé comer algunas de las chocolatinas. Después nos fuimos al sofá, aunque a los pocos minutos, me levanté para recoger los platos, alguien entró a la cocina, era Cristian.

-Espera, que te ayudo. –dijo muy caballeroso.

-No hace falta, tú eres el invitado. –respondí evitando mirarle.

Él me cogió la barbilla para que girara mi cara, nuestras miradas se cruzaron. –Estás muy hermosa, y tus ojos que son preciosos hoy están… increíbles.

Yo me sonrojaba por momentos, no solo por los cumplidos, sino por estar tan cerca de él, podía sentir su respiración. Mi corazón se aceleraba por momentos, parecía que quería salirse de mí.

Todo mi cuerpo me gritaba por dentro que me acercara más, que le amara más, que le besara. Así que dejé que mi cuerpo actuara solo y me dejé llevar, me acerqué cada vez más a él hasta que nuestros labios se juntaron en un intenso beso lleno de pasión.
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