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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 17 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 14

14º- Comienza la vida en común

La casa yo ya la había visto, se veía tan bonita… Evelyn se quedó maravillada, decía que era como las casitas de los cuentos que le gustaban. Cristian estaba como loco por estar allí con nosotras.

-¿Te gusta tu nueva casa, mi pequeña? – le preguntó Cristian a la niña mientras la cogía en brazos.

-Siii, es mu bonita como las de pincesas. –reconoció ella sonriendo.

-Claro, es para mis dos princesas y el bebé. –dijo Cristian.

Al decir eso Cristian a la niña, ella le miró extrañada. -¿Bebé? –su cara era de total extrañeza.

Él me miró avergonzado, creería que se lo había dicho y se había dado cuenta de que había metido la pata. Me acerqué a ellos y sonreí a mi hija. –Verás mi pequeña, mami va a tener un bebé. Me va a crecer la barriguita y saldrá un bebé. –la expliqué.

-¿Y cómo se metió ahí? ¿Cómo quece la tipita? –preguntó con curiosidad.

-No se ha metido, está dentro y mi tripita se hará gorda comiendo mucho. Será tu hermanito o hermanita. –respondí.

-¿Manito o manita? Así puedo jubar con manito o manita. –dijo sonriente.

-Pero eso, cuando nazca y sea más grande, y le tienes que enseñar cosas porque no sabe hacer nada solito. –explicó Cristian.

-Vae. –dijo muy contenta.

Nos terminamos de instalar y comimos algo, pues con tanto jaleo no habíamos parado, y al día siguiente a trabajar, no lo podía creer. Empezaba a convivir con el chico más maravilloso del mundo, que no solo era el padre del bebé que crecía en mi interior, si no que cuidaba a mi hija como si fuera suya también.

Al entrar en la habitación que sería para Evelyn, vi que había unos cuantos juguetes. Yo me puse seria y fui a ver a Cristian. -¿Por qué le compraste juguetes? Ella ya tiene muchos, además no quiero que te gastes dinero en esas cosas. –dije algo enfadada.

-Perdóname, pero quiero daros todo lo mejor y que os sintáis muy bien a mi lado. –dijo algo apenado.

No podía enfadarme con lo maravilloso que era y lo mucho que se preocupaba por nosotras y por hacernos felices. –Tranquilo, no pasa nada, pero es que no quiero que la niña se acostumbre a que puede tener de todo. –contesté acercándome mucho a él.

Entonces nos acercamos cada vez más y comenzó a besarme, era un beso muy apasionado, casi hasta me impedía respirar, pero cada vez que me besaba se me olvidaba todo, olvidaba al resto del mundo.

Me tuve que recordar a mi misma, que la niña estaba cerca y que nos podría ver. No me gustaba que nos viera en esa actitud tan cariñosa, me daba bastante vergüenza y me aparté un poco de él.

-La niña está por aquí y nos puede ver.-dije dándole un corto beso.

-No pasa nada, ella sabe que es porque nos queremos. Además tengo muchas ganas de estar contigo. –contestó volviendo a besarme muy intensamente.

-Yo también, pero mejor cuando estemos solos. –dije dándole un último beso antes de apartarnos un poco.

Oí unos pasitos muy rápidos por la casa que se acercaban a nosotros. –Mami, teno musos jubetes, ¡hay musos jubetes! Mira… -dijo cogiendo mi mano y haciendo que la siguiera.

-Ya lo sé cariño, son regalos de Cristian. Le tienes que dar las gracias. –comenté sonriente.

-¿Y ya e mi papi? Le quero llamar papi, ¿puedo, mami? –preguntó ansiosa.

-Bueno, se lo preguntamos a ver si quiere. –dije.

Pero no hizo falta movernos, él estaba a mi lado, con la cara iluminada de la emoción. Yo sabía lo mucho que la quería y que la trataba como si fuera su hija, y ver que ella quería tratarle y llamarle papá, era algo estupendo.

-Claro que me puedes llamar papi, lo estoy deseando. Te quiero con locura, mi pequeña. –comentó tan alegre que hasta empezó a dar vueltas.

-Si, yo te quero muso, papi. Aoda eres mi papi. –dijo ella muy decidida.

Terminamos de colocar casi todo, al menos la ropa si la colocamos, lo demás ya lo iríamos colocando poco a poco. Dimos de cenar a Evelyn, la acostamos y cenamos nosotros también.

Me senté un rato en el sofá, pero Cristian vino y me cogió de la mano haciendo que me levantara. Me abrazó y comenzó a besarme, eran besos cortos pero muy tiernos, cuando hacía eso, perdía la razón y la capacidad de pensar…

Caminábamos mientras nos íbamos besando, lo cierto es que nos dábamos de vez en cuando contra las paredes al no mirar por donde íbamos. A tientas llegamos hasta la habitación y nos tumbamos en la cama para continuar con los besos.

Empezó a acariciarme por cada parte a la que llegaba y yo me estremecía, cada vez que él tocaba mi cuerpo, era como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo, era una sensación agradable y que me hacía suspirar de placer.

Pero no paraba de darle vueltas al bebé que tenía en mi interior, tal vez podría sufrir algún daño por hacer ese tipo de cosas. Y moví la cabeza a los lados para que dejara de besarme.

-No, espera es que… ¿y si le hacemos algo al bebé? –pregunté preocupada.

-Mi vida, aún es tan pequeño que ni está desarrollado, no debe ser más grande que una uña. –volvió a besarme al decir eso.

Pero yo volví a apartarme de los besos. –No, pero a lo mejor si que lo siente. –dije confundida.

Él se apartó y se sentó en la cama, dejó de mirarme, yo empecé a preocuparme. No podía creerme que, en la primera noche juntos de convivencia en la casa, fuéramos a estar peleados. Quería estar con él, pero aún sentía algo de miedo por el bebé, me quedé tocándome la tripa plana a la espera de una respuesta por su parte.
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