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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 17 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 15

15º- Orgullo y cabezonería

Suspiré, decidida a hablar con él, lo estuve pensando y era cierto que estaba exagerando un poco, solo estaba de una semana más o menos, y tenía unas enormes ganas de estar con él.

Me acerqué a él, me senté a su lado y cogí su mano. –Perdona, tienes razón, es que estoy algo paranoica con todo el tema del bebé. Sé que es tan pequeño y que no le vamos a hacer nada malo. –respondí dándole un beso.

Él comenzó a sonreír, y volvió a besarme, esa noche nos entregamos el uno al otro, con toda la pasión y amor que sentíamos el uno por el otro. Me daba cuenta del amor tan grande y profundo que sentíamos mutuamente, se notaba solo con estar cerca el uno del otro.

Como se solía decir, era cierto, al estar a su lado sentía mariposas en el estómago, y al entregarme a él podía sentir por cada célula de mi piel todo el amor y placer que me transmitía.

Después nos quedamos dormidos abrazados, sonriendo por la nueva vida que estábamos empezando en común. No recuerdo lo que soñé, pero al despertarme, no pude evitar despertarme con una sonrisa muy amplia.

Estaba muy contenta de estar con él, pero claro, la razón de que viviéramos juntos tan pronto, era la discusión con sus padres. Saber que pensaban que era una aprovechada me dolía, pero me dolía más, saber que era la razón del enfado de Cristian con sus padres.

Era tan buena persona que no podía verle mal, yo sabía que quería con locura a sus padres, después de todo, le adoptaron cuando era muy pequeñito. Sabía que les estaba muy agradecido, y que él los quería con toda su alma. No podía permitir que estuvieran enfadados.

Si no me aceptaban a mi no me importaba, tan solo quería que volvieran a reconciliarse con él, pues cuando se levantó le noté algo ausente. No me había dicho nada, y estaba disimulando, pero su mirada estaba fría, faltaba algo en ella.

Me acerqué a él, estaba en la cocina preparando el desayuno, pues en un rato entrábamos a trabajar los dos. –Buenos días, mi príncipe. –dije dedicándole una sonrisa.

-Buenos días, mi princesa, este es nuestro primer desayuno como pareja más formal, estoy muy contento. –contestó él abrazándome.

-Oye, amor, yo quería hablar contigo. Mira sé que estás enfadado con tus padres, pero no creo que lo dijeran con mala intención. Seguro que si lo habláis lo arregláis. Comenté muy convencida.

-No, no les perdono que piensen esas cosas de ti, y que desprecien a su nieto pensando que no es mío. –al decir esto puso la mano en mi tripa plana.

-Por favor, tienes que hacerlo por mí, yo sé lo mucho que quieres a tus padres, no debéis estar enfadados. –le pedí. –Si yo tuviera a mis padres aún conmigo no querría estar enfadada con ellos. –me entristecí al pensar en ellos.

-Está bien, mi princesa. Hablaré con ellos, pero que conste que lo hago porque no quiero verte triste. –contestó él acariciando mi cara.

-Mira, invítalos mañana por la tarde para tomar algo, y así hablarlo con calma, yo puedo irme con Evelyn al parque y así estaréis tranquilos. –propuse.

-No, no hace falta que te vayas. Yo quiero que tú también estés para que puedan conocerte, si no te aceptan y al bebé, no les perdonaré. –dijo con determinación.

Yo tan solo asentí, y él cogió el teléfono y les llamó. Les dijo que quería hablar con ellos de toda la situación y aclarar las cosas, que vinieran por la tarde, ellos aceptaron, aunque a regañadientes.

Me puse bastante nerviosa, sobre todo por la reacción que tendría Cristian, era posible que sus padres siguieran pensando lo mismo y no quería que por orgullo o cabezonería se distanciara de ellos.

Al día siguiente, llegué del colegio y estaba muy nerviosa, estuve preparando algo de picar para cuando llegaran los padres de Cristian. Recogí un poco la casa, sobre todo la habitación de Evelyn que tenía los juguetes tirados por el suelo.

No tardó mucho en llegar Cristian, sería él quien recogería a Evelyn por las tardes aprovechando que se llevaba el coche. Ya estaba todo listo para cuando llegaran, nos sentamos en el sofá, pues quería explicarle un poco la situación a la niña.
-Cariño, van a venir los papás de Cristian, tienes que portarte bien y no molestar. Merendaremos y luego te vas a tu habitación a jugar, ¿vale? –comenté.

-Vae, mami, me poto mu ben. –respondió ella poniendo cara de buena.

Llamaron a la puerta, yo me quedé sentada en el sofá con Evelyn a mi lado y Cristian se levantó para abrir la puerta. Se acercaron al comedor y yo me levanté para saludarlos, Esme si me saludo, pero Carlisle se sentó y no dijo nada.

Esme se sentó, se quedó mirando a la niña y Evelyn la sonrió. –Hola. –dijo mi hija tímidamente.

-Hola, pequeña. –respondió ella pero se puso seria.

Cristian se sentó, a mi lado y cogió a Evelyn colocándola encima de sus rodillas, después me cogió la mano y se quedó mirando a sus padres. La situación era bastante tensa, yo no quería ni mirar a sus padres, sobre todo a Carlisle.

-Me parece el colmo, que esté ella aquí y con la niña. Deberían marcharse, esto es un asunto familiar. –dijo Carlisle muy enfadado.

-Ellas dos se quedan, no van a marcharse para darte a ti el gusto. Ella es la mujer de mi vida y a la pequeña ya la considero mi hija. –respondió Cristian muy seguro de sí mismo.

-¿Cómo se te ocurre decir algo así? No podrá mantener a su hija y al bebé que viene en camino y te ha engañado para que las mantengas. –dijo su padre con cara de asco.

-No te consiento que hables así de Melinda, de la niña ni del bebé. Ahora son mi familia. Sería bonito que mis padres me apoyaran, pero veo que estás tan cegado por el qué dirán y por el maldito dinero que no ves las cosas. –le replicó a su padre.

Yo miraba en silencio a Cristian y a sus padres, Esme estaba callada, no decía nada. Me daba la sensación de que ella no tenía la misma opinión que su marido, pero no decía nada al respecto.

Entonces Evelyn se levantó, y caminó para llegar hasta Esme, la cogió la mano con su manita y la sonrió. –Que gapa, ¿tú ere la yaya? –preguntó con asombro.

-¿Qué has dicho? –ella preguntó sorprendida.

Me puse nerviosa, temía la reacción que podría tener, la niña no lo había preguntado a mala intención, pero con la situación tan tensa que estábamos viviendo no era lo más apropiado.

Ella se quedó callada un momento, enseguida la miró y sonrió. La cogió en brazos y siguió mirándola. –Sí, soy tu yaya. –dijo ella, hasta pude ver como se le saltó alguna lágrima.

-¿Te volviste loca? No digas tonterías, jamás serán de la familia, no se aprovecharan del dinero ni de nosotros. –juró Carlisle levantándose del sofá. –Esme, nos vamos, ya veo que se te ha ido la cabeza.
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