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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 19 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 17

17º- Malos comportamientos

Pasaron algunas semanas, la convivencia entre nosotros iba muy bien, y la niña estaba muy feliz. Era imposible darle una vida mejor de la que la estábamos dando Cristian y yo, me sentía muy afortunada porque él nos quisiera tanto.

Pero aún tenía lo de su padre en la cabeza, siempre que llamaban para ver que tal estábamos yo intentaba estar ocupada para no coger el teléfono, tenía miedo a que me dijera algo, le esquivaba.

Sabía que era cuestión de tiempo hablar con él, pues o bien por el teléfono o porque vinieran a hacernos una visita, terminaría hablando con él. No quería juzgarle del modo en que lo hacía pero seguía teniendo ese presentimiento, y lo peor de todo, es que cada día estaba más convencida de que mi mal presentimiento era acertado.

Un día Cristian estaba bañando a la niña y yo preparando la cena con el teléfono al lado. Sonó y lo tuve que coger pues Cristian no podía y yo lo tenía al lado. Vi el número en la pantalla, era de casa de los padres de Cristian. Así que tragué saliva y contesté.

-Hola, ¿qué tal estáis? –saludé intentando parecer tranquila.

-Bien, todo bien. Espero que vosotros también. –dijo Carlisle.

-Sí, todo va muy bien. Si quieres hablar con Cristian ahora no se puede poner, está bañando a la niña. Pero le puedo decir que os llame cuando termine. –comenté lo más tranquila que pude.

-Será lo mejor, hay cosas que solo se hablan en familia. Adiós. –dijo muy secamente y colgó el teléfono antes de que tuviera tiempo de decir nada.

Yo me quedé muy sorprendida y sin saber qué decir con el teléfono en la mano. Cristian apareció en la cocina, pues ya habría terminado de bañar a Evelyn. Se acercó y me dio un beso, pero se extrañó de verme tan quieta.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien? –preguntó extrañado.

-¿Eh? Ah… sí. Nada, me quedé embobada. Ha llamado tu padre, me ha dicho que le llames. –le dije volviendo a preparar la cena para disimular.

-Vale. Le llamo mientras terminas d preparar la cena y ahora cenamos. –comentó él.

Yo me puse a preparar la cena pero estaba algo nerviosa, a lo mejor su padre me había dicho eso tan borde pero con su hijo iba a disimular o algo, y si se lo contaba a Cristian lo estropearía todo.

Se puso a hablar en el comedor pero yo le podría oír lo que hablara, pues estaba muy cerca. Me puse nerviosa por momentos, deseé que no lo cogieran y que al llamar al día siguiente estuviera ya bien y tranquilo, pero no tuve esa suerte.

-¡Hola, papá! Mel me ha dicho que acabas de llamar. ¿Qué querías? –preguntó él muy animado.

Se quedó callado. -¿Qué andas diciendo? ¿Otra vez con lo mismo? –su voz sonaba alterada.

Me asomé, estaba sentado en el sofá, pero podía ver que estaba muy tenso con el teléfono en la mano. Quería saber qué era lo que ocurría pero tenía un miedo terrible, pues mi horrible presentimiento se estaba cumpliendo.

-Ya te dije que todo eso me da igual. No me voy a alejar de ellas, son lo que más quiero en la vida. No quiero nada, me importa muy poco tu asquerosa herencia. Tú sabrás si quieres perder a tu hijo… -dijo cada vez más cabreado.

Estaban discutiendo otra vez por nosotras y por el dinero, no podía creerme que su padre fuera así de materialista, y anteponer el dinero a la felicidad de su hijo, pero aún tenía que permanecer callada hasta que por lo menos colgase el teléfono.

-No puedo creer que digas eso… -su voz sonaba llorosa en lugar de enfadada.

Colgó el teléfono y hundió su cara entre sus manos. Empecé a asustarme y me acerqué para sentarme a su lado. Era como el día que había venido a casa cuando discutió con sus padres.

-Mi amor, ¿Qué pasa? –pregunté angustiada.

-Ha dicho que si quería estar con vosotras por pasar el rato muy bien, pero que tendría que casarme con la hija de uno de sus socios. Que tenía que hacerlo para mejorar sus relaciones y así me daría mi herencia. –su voz se estaba quebrando por momentos. –Y… también ha dicho que si no lo hago, para él ya no seré su hijo… -
No pudo continuar, se derrumbó, como cuando hacen explosionar un edificio y ves como se desploma de forma descomunal. Le traje hasta mí, para que me abrazara, me quedé callada por unos momentos.

Estaba indecisa, quería consolarle, pero me daba miedo no sabía ni que decir. Tal vez se estaba pensando si hacer caso a su padre, y si hablaba lo mismo se cabreaba mucho conmigo.

-Mi amor… no te preocupes. No me gusta verte así. –dije intentando no llorar.

-Es que… mis padres son mis padres, pero… no puedo alejarme de vosotras. Os quiero con toda mi alma. –contestó entre sollozos.

-Cristian, yo no quiero que te separes de tus padres. No quiero que seamos las causantes de tu desdicha. –respondí sin poder aguantarme las lágrimas.

-No digas eso, vosotras sois mis soles… lo más importante para mí. Nada ni nadie me va a separar de vosotras. –dijo con resolución. –Me importa muy poco su reputación o la maldita herencia. –

Estaba cabreado pero seguía llorando, me dolía tanto verle así. Al verle tan frágil y tan deprimido sentía como si una espada me atravesara el pecho. Siempre era tan fuerte, tan valiente, tan decidido, que la pena me atravesaba por todo el cuerpo.

No dijo nada, se acercó a mí para abrazarme más, siguió llorando. Lo único que podía hacer era abrazarle y llorar con él. Al cabo de un rato, me levanté y tiré de él para irnos a la cama, iba como un zombie, pero conseguí que llegara a la habitación.

Pero se quedó estático, le ayudé a quitarse la ropa y le puse el pijama. Él estaba como un muñeco y no hablaba, tan solo se dejaba llevar. Se acostó y se quedó mirando al techo, yo me acurruqué a su lado y le di un beso en la mejilla.

Él al sentir mi beso suspiró. –Te amo, nunca me van a separar de vuestro lado. –respondió saliendo de su silencio.

-Cristian, te estoy causando demasiados problemas, tú mereces lo mejor, no quiero que sufras. –contesté volviendo a llorar.

-Preciosa, sé que eres la mujer de mi vida, soy muy afortunado por tener tu amor. Eso vale más que cualquier herencia o apariencia. –dijo con resolución.

Cogió mi cara he hizo que le mirara a los ojos, yo le veía borroso a causa de mis lágrimas, él me las secó y esbozó una pequeña sonrisa. –Me haces muy dichoso cuando te preocupas tanto por mí. –

Esa noche dormimos abrazados pero ambos no conciliamos un sueño tranquilo, estábamos inquietos por toda la situación. No paraba de pensar en si tendría solución, si su padre aceptaría su decisión de estar con nosotras, pero debíamos intentar hacer que cambiara de opinión; pues los dos sabíamos que no podíamos vivir separados.
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