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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 19 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 18

18º- Dolor enfermizo

Me desperté bastante temprano, no había dormido demasiado bien con todo lo ocurrido con Carlisle, y sobre todo preocupada por Cristian, por tanto dolor que veía que sentía.

Abrí los ojos pero Cristian no estaba en la cama, era de suponer que tampoco había dormido demasiado. Entonces le escuché toser y vomitar, me asusté y salí corriendo al baño.

Estaba en el suelo vomitando y con malísima cara. Me acerqué a él muy nerviosa. –Mi amor, ¿Estás enfermo?

Le toqué la frente y estaba ardiendo, sudando muchísimo y no paraba de vomitar. Me miró cuando dejó de vomitar, intentó sonreír. –No me pasa nada, tranquila…- dijo mientras me acariciaba la mejilla.

Se levantó aunque tuve que ayudarle, no tenía casi fuerzas. Mojé su cuello y su cara, se relajó un poco al sentir la frescura del agua rozando su piel. Comenzó a caminar apoyado en mí para llegar a la habitación.

Tras unos pocos pasos se detuvo. Le miré y vi como se le ponían los ojos en blanco, en ese momento perdió el equilibro y poco a poco fue cayendo al suelo. – ¡Cristian, mi vida…!

Comencé a ponerme muy nerviosa y a gritar, le agitaba para ver si recuperaba el conocimiento pero no reaccionaba. Con todo el ruido que estaba haciendo Evelyn se había despertado y pude oír sus pasitos.

-Mami, ¿qué tene papi? –preguntó muy extrañada.

-Papi está malito, ¡tenemos que ir al hospital! –la dije intentando controlar la situación y mi nerviosismo.

Llamé a una ambulancia y les conté lo ocurrido, dijeron que en pocos minutos estarían allí. Llevé como pude a Cristian hasta el sofá, después vestí a la niña y yo me vestí también. En seguida vino la ambulancia y se lo llevaron, nos fuimos con él en la ambulancia.

Al llegar dijeron que le harían unas pruebas. Mientras esperábamos llamé a mi hermana para que viniera a por Evelyn y también llamé a Esme, que se puso muy nerviosa al contarle la noticia.

Al cabo de una media hora llegó Adriana, venía corriendo y nada más llegar me abrazó. –Nena, ¿Qué ocurrió? –dijo algon nerviosa.

-Pues… le encontré vomitando y sudando y con fiebre. Cuando le llevaba a su habitación perdió el conocimiento y se cayó al suelo. –dije comenzando a llorar.

Ella me abrazó de nuevo y no dijo nada más. Estando abrazadas Evelyn me llamó tocándome en la pierna. –Mami e la yaya. –dijo señalando con el dedo en su dirección.

Venía con la cara desencajada y llorando profundamente, llegó hasta mí y me abrazó. -¿Qué le pasa? ¿Ya te dijeron algo? –preguntó muy preocupada.

-Pues aún nada, no sé muy bien lo que ha pasado. Me puse de los nervios… -contesté muy agitada.

-Mi marido está aquí, tenía turno en el hospital, pero dice que si Cristian no hace lo que quiere, no quiere ni saber cómo se encuentra. –reconoció sin mirarme a la cara.

-Yo… lamento todas las molestias, pero nos queremos mucho, y Evelyn le considera su padre. Tal vez no es asunto mío, pero si somos felices juntos deberían alegrarse por nosotros. –contesté algo retraída.

-Lo sé, y yo me alegro de que seáis tan felices, pero mi marido se ha obsesionado con la herencia y las apariencias. Ha sido por culpa de un compañero del hospital, que le ha metido esas ideas en la cabeza… -dijo ella agitando la cabeza a los lados y con los ojos cerrados.

Al fin salió un médico. – ¿Familiares de Cristian Cullen? –dijo en voz alta en la sala de espera.

Nosotras nos acercamos a él, Adriana había cogido en brazos a Evelyn. Yo era la que estaba más cerca del médico. – ¿Cómo se encuentra? ¿Qué le pasa? ¿Se pondrá bien? –dije tan deprisa que casi no me entendí a mí misma.

-Cálmense, por favor. Pues… creemos que lo que le ha ocurrido ha sido provocado por una situación de estrés. Que algo le ha afectado tanto anímicamente que su cuerpo no ha podido soportarlo. –explicó el médico.

-Pues… en realidad si que ha sufrido una situación muy traumática. –expliqué triste. –Pero… ¿Se pondrá bien? –pregunté nerviosa.

-Sí, si, tranquilícense, por favor, está fuera de peligro. Pero tardará unos días en recuperarse, no va a ser tan fácil, hasta que no supere esa situación traumática. –contestó.

-Gracias por todo doctor. ¿Puedo pasar a verlo? –pregunté acelerada.

-Sí, puede pasar pero no debe estar mucho rato. Necesita mucho reposo. –respondió.

El médico se marchó y nosotras nos abrazamos, seguía llorando pero estaba algo más tranquila sabiendo que al menos estaba fuera de peligro. Esme pasó unos minutos y luego pasé yo, después me quedaría allí durante el día, mi hermana había llamado al colegio y les había explicado la situación.

Pasé a la habitación y le encontré tumbado con los ojos cerrados, tenía varios tubos por el cuerpo. Me daba miedo verle así, estaba asustada y llorando mucho al verle. Pero a pesar de todo, no pude evitar fijarme en lo hermoso que estaba, aún encontrándose enfermo.

Me acerqué a él y le acaricié la mejilla, entonces parpadeó varias veces y abrió los ojos para mirarme. –Estoy viendo a un ángel, qué hermosa… debo estar muerto… -dijo él entre murmullos.

Al escuchar su voz no pude evitar llorar con más fuerza. –No digas eso ni en broma, si te pasa algo yo… acabaría con mi vida… -dije con determinación y llorando de forma descontrolada.

Él me acarició la cara y me acercó a él, nos dimos un corto beso. Le abracé muy suavemente, me daba miedo hacerle algún daño al verlo así y con tantos aparatos a su alrededor.
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