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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 20 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 19

19º- Las cosas empeoran

Yo no paraba de llorar y mirarle, no sabía qué decir, pero tampoco tenía ánimos ni fuerzas para hablar. Solo quería estar a su lado y sentirle conmigo, para comprobar que seguía vivo y a mi lado.

-Menudo susto me has dado… -dije entre sollozos.

-Perdóname, preciosa. –contestó.

-Fuera está mi hermana con la niña, y bueno ya has visto a tu madre. Estábamos tan preocupadas… -respondí mirándole profundamente a los ojos.

-Ya me ha dicho mi madre lo que ha pasado con mi padre… -comentó apenado.

-No te angusties mi amor, seguro que tarde o temprano se dará cuenta de que está equivocado. Tan solo tienes que recuperarte, por Evelyn y por nuestro bebé. –pedí acariciando su mejilla.

Me miró a los ojos, luego acarició la tripita que empezaba a notarse ligeramente y sonrió fugazmente. –Pasa a la niña, quiero verla. –pidió.

-Claro, espera, pero solo un momento, que necesitas descansar. –dije firmemente.

Salí de la habitación y cogí a Evelyn que estaba con Esme y mi hermana. Pasamos las dos a la habitación. La niña se quedó muy impresionada al ver tantas máquinas y a Cristian con tantos cables.

-Papi, ¿va al cielo como os yayos? – preguntó la niña comenzando a llorar.

-No, mi pequeña, me voy a poner bien, es que estoy malito, pero si me das un abrazo me pondré mejor. –respondió Cristian sonriendo.

La niña le abrazó muy fuerte y estaba llorando, en realidad yo también estaba así, tenía mucho miedo por su salud, porque el médico había advertido que no se pondría mejor hasta que superara ese estrés. Y la situación era muy complicada con su padre y su actitud.

Pero noté que ya no abrazaba a Evelyn se le cayeron hacia abajo los brazos y giró la cabeza a un lado. Entonces empezaron a sonar las máquinas que había en la habitación. –Cristian, mi vida, ¿qué te pasa? –dije poniéndome histérica.

Abrí la puerta y salí con la niña gritando. –Un médico, necesito ayuda, ¡qué venga un médico! –

Vino corriendo el médico que había atendido a Cristian. -¿Qué ha ocurrido? –preguntó entrando en la habitación.

-Pues no sé, estaba dando un abrazo a la niña y entonces perdió el conocimiento y empezaron a sonar las máquinas a las que está conectado. –conté muy alterada.

-Salga de aquí. –me ordenó. – ¡Enfermera! Carro de paradas.

Me sacaron de la habitación y cerraron la puerta. Comencé a llorar intensamente, y Adriana y Esme que lo habían visto todo estaban con la boca abierta. –Mel, ¿Qué ha pasado? – preguntó mi hermana.

-No sé… no sé lo que ha pasado… pero el médico ha pedido el carro de paradas… –Mi llanto era cada vez más profundo.

Esme cogió a la niña y la abrazó, yo sentía un dolor muy agudo en el pecho, una pena tan grande, veía como se le estaba yendo la vida a mi amado, por la estúpida actitud de su padre.

Entonces recordé lo que me había contado Esme de Carlisle, que dijo que no vendría a verle. –Esme, ¿le contaste a Cristian lo que dijo su padre al enterarse de que estaba aquí? –pregunté desesperada.

-Pues si… se quedó callado y me dijo que saliera. No pensé que le afectaría. –dijo ella algo arrepentida.

-Estuvo muy ausente cuando le vimos nosotras, casi no habló. Creo que le ha afectado demasiado la actitud de Carlisle. –comenté con las lágrimas cayendo por mis mejillas.

Supe que si Cristian había empeorado era por lo que le había contado Esme, él quería demasiado a sus padres y le dolía en el alma que le hubiera dicho que si no hacía lo que quería para él dejaría de ser su hijo.

Comencé a estar furiosa, porque sabía que la culpa de que la vida de Cristian pendiera de un hilo, era por Carlisle. Salí corriendo, directa al mostrador, para que me dijeran dónde encontrarle.

Me dijeron que estaba en la cuarta planta reunido, pero me daba igual. Fui corriendo al despacho donde me dijeron que estaba reunido y abrí la puerta de golpe. -¿Pero qué hace? Estamos en una reunión, además no puede estar aquí. –dijo muy enfadado uno de los médicos.

-No me importa, vengo a hablar con el doctor Cullen, es un asunto de vida o muerte. –contesté furiosa.

-Me da igual, no tengo nada que hablar contigo, lárgate. –dijo él mirando a otro lado.
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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.