Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 21 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 21

21º- La gente a veces cambia

Me levanté del sofá y me acerqué a la cama para cogerle la mano a Cristian, estaba asustada y no sabía lo que esperar. -¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? –pregunté enfadada.

-Después de que te fueras, mis compañeros se molestaron mucho, no podían creer lo que le había hecho a mi hijo. Comencé a darme cuenta de que estaba equivocado y estaba preocupado por él. –dijo Carlisle apenado.

-¿Preocupado? Supongo que preocupado por la herencia y porque Cristian no se pueda casar con la hija de tu amigo, ¿Verdad? –estaba realmente molesta y le miraba con odio.

Me agarré más a Cristian para intentar que no se acercara Carlisle a él. Estaba muy enfadada, no porque pensara esas cosas de mí, sino por el desprecio que le había echo a Cristian, no se merecía que le tratara así.

-No, por favor, estaba preocupado por él, de verdad que me he dado cuenta de lo equivocado que estaba… -dijo cerrando los ojos y agitando la cabeza a los lados.

Parecía sincero, podía ver arrepentimiento en su mirada, pero aún desconfiaba un poco. Cristian había estado muy grave y aún lo estaba. Y si su padre no hablaba en serio, podría incluso empeorar su salud.

-¿Qué tiene? ¿Qué le ha pasado? –preguntó mirando a su hijo y con lágrimas en los ojos.

-Pues… se puso muy enfermo a raíz de lo que le dijiste, y cuando Esme le ha dicho que no querías verle, le ha dado un infarto. Pero parece que está mejor, mañana le van a hacer un cateterismo para comprobar si tiene bien el corazón. –expliqué acariciando la mejilla de Cristian.

Se tambaleó y se cayó al suelo de rodillas. -¿Qué es lo que he hecho?... mi hijo… mi pequeño… -dijo entre lágrimas.

Entonces la puerta se abrió de golpe, entró Esme en la habitación. –Cariño… veo que has reconocido que estabas equivocado. –ella también se puso de rodillas y le abrazó.

-Pero… no creo que me perdone, le he hecho mucho daño. –Contestó entre sollozos.

-Seguro que, si lo habláis te perdonará. Él es muy buen chico y te quiere muchísimo. –le respondió ella.

-Eso es verdad, yo sé que le quiere mucho, se quedó destrozado con su llamada, pero es verdad que sé que para él, son lo más importante. –comenté sonriendo mientras miraba la cara de Cristian.

Cristian movió la cara a los lados y abrió lentamente los ojos, miró a su alrededor y me miró, esbozando una leve sonrisa. -¿Qué ha pasado? ¿Estás triste, preciosa? –preguntó viendo las lágrimas que caían por mi rostro.

-No pasa nada, tienes visita, mi amor. –dije moviendo la cabeza para que mirara a su lado derecho.

Miró a su lado y vio a sus padres, Esme estaba sonriendo y agarrándose a su marido. Carlisle estaba llorando profundamente y le cogió la mano a su hijo. –Hijo… lo siento de verdad… he sido un estúpido… -contestó apenado.

-Papá… ¿entonces no te opones a que esté con Melinda? Para mi es my importante que estéis de acuerdo con mi decisión y que aceptéis a Melinda. – pidió sujetando mi mano.

-Claro hijo, he visto todo lo que te quiere. Cuando vi como se enfrentaba a mí delante de mis compañeros, pude observar todo lo que significas para ella. –contestó sonriendo.

-¿Te enfrentaste a él delante de los demás médicos? –preguntó con los ojos como platos.

-Sí… bueno… es que tú estabas tan mal que ya no podía más. –dije algo avergonzada.

-Vaya… eso si que no me lo hubiera imaginado. –comentó muy sorprendido. –Así que tengo que tener cuidado o atraeré tu espantosa cólera ¿no? –dijo bromeando.

-Ja, muy gracioso… -respondí poniendo cara de enfado.

El comenzó a reírse. –Te pones muy linda cuando te enfadas. –comentó mientras me acariciaba la cara.

Yo me puse roja como un tomate y miré al suelo. Ellos se pusieron a reír desmesuradamente y yo cada vez sentía más vergüenza, no me gustaba nada ser el centro de atención.

Adriana entró con la niña en brazos, estaba con una expresión en la cara de total extrañeza. -¿Qué ocurre? ¿De qué os reís tanto? –preguntó confusa. –Se os oye desde el pasillo.

-Nada, estamos tomando el pelo a tu hermana, eso es todo. –contestó Cristian cogiéndome de la mano.

-¿Y no me avisas? Desde luego… no puedo contar contigo. –respondió ella bromeando.

A mi me estaba molestando que me gastaran ese tipo de broma, y me salió una vena infantil, le saqué la lengua a Cristian y giré la cara para no mirarle. –Eres adorable. –comentó él mientras me giraba la cara para que le volviera a mirar.

-Por cierto, Adriana él es el padre de Cristian, se llama Carlisle. –dije a mi hermana.

-Encantada, me alegra que todo se haya solucionado. Con lo que yo quiero a este tontorrón. –comentó revolviéndole el pelo.

-Igualmente, lamento todo lo que ha provocado mi cabezonería y orgullo. No debí hacer caso a Walter. Perdonadme todos, de verdad. –pidió agachando la cabeza.

Evelyn había observado toda la situación, estaba con los ojos muy abiertos y mirándonos a todos. –Mami, ¿papi ya etá güeno? –preguntó mirándole.

Cristian abrió los brazos y Adriana le acercó a la niña, se abrazaron, pude notar incluso que a Cristian se le habían puesto los ojos llorosos. –Mi peque… ya estoy mejor, tranquila. Te echaba de menos… -dijo él sonriendo.

-Yo tamién, papi. –tras lo que le dio un beso.
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