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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 22 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 22

22º- Preocupaciones

Le hicieron la prueba al día siguiente, así sabrían si su corazón estaba dañado o no. Yo estaba muy nerviosa, parecía que el tiempo no pasaba, tardaban mucho en salir a decirnos algo.

Por fin vino el padre de Pedro, era un médico fabuloso, estaba tratando muy bien a Cristian. Se acercó a nosotros, bueno en realidad yo me acerqué a él, estaba muy nerviosa.

-Pues, la prueba ha revelado que está bien, pero no obstante tiene que cuidarse y se debe hacer revisiones periódicas para que controlemos que todo está bien. Pero a parte de eso se encuentra fuera de peligro. –explicó el médico. –Eso sí debe hacer reposo, sobre todo ahora al principio.

-Vale, está bien. Muchísimas gracias de verdad. –dije entre lágrimas.

Nos abrazamos y le dimos las gracias al médico, estaba más tranquila pero sentía todavía mucha angustia por toda la situación. Carlisle después de hablar un rato con nosotros nos dijo que tenía que seguir trabajando. Esme se iba a llevar a la niña, no quería estuviera tanto tiempo en el hospital.

Adriana me dijo que se iba a tomar algo con Pedro, que le esperaba fuera, al final yo llevaba razón, a ella le gustaba Pedro, me parecía muy bien. Se le veía muy buen chico y lo cierto es que hacían muy buena pareja, deseaba que llegaran a algo.

Entré en la habitación y estaba dormido, estaría cansado. Nos había dicho el médico que estaba bien, pero habría que vigilar su salud. Eso me preocupaba un poco, a lo mejor se enfadaba de no poder hacer esfuerzos o de tener que guardar reposo, pues siempre había sido muy activo.

Le dieron algo de comer, se lo comió en seguida, poco le importó que la comida de los hospitales no estuviera demasiado buena, llevaba dos días sin comer algo sólido, desde que se puso enfermo en casa.

Me quedé algo adormilada, estaban siendo demasiadas emociones juntas, y aunque estaba embarazada de muy poco y solo se notaba un poco la barriguita, me cansaba en seguida, con lo que descansar un poco me vendría bien.

No sé cuanto rato estuve adormilada, abrí los ojos lentamente, sonriendo porque iba a ver a Cristian tumbado en la cama frente a mí. Pero miré y la cama estaba vacía, me levanté de golpe.

Comencé a ponerme muy nerviosa, mis lágrimas caían vertiginosamente por mi cara, y pude sentir como empezaba a faltarme el aire. Me caí de rodillas, pero mi respiración era cada vez más entrecortada, sentía como se me iba poco la vida, como si con cada respiración estuviera más cerca mi fin, hasta que todo fue oscuridad.

Pero no estaba tan mal, estaba tranquila, y podía escuchar la voz de Cristian, me llamaba, que lugar tan reconfortante con la voz de mi amado. Pero si estaba muerta… ¿cómo escuchaba a mi amado? No podía ser, debía ser producto de mi imaginación.

Entonces el aire volvió a mí, como un soplo de aire fresco que llenó mis pulmones y abrí los ojos de golpe. A mi lado estaba Cristian con la cara descompuesta. –Mi princesa, volviste conmigo, menos mal… -dijo aliviado.

-¿Qué ha pasado? –pregunté confusa. –Tú… no estabas, y me asusté mucho. –confesé asustada.

-Había ido al baño, y cuando regresé, te encontré en el suelo, no respirabas y te he hecho el boca a boca. Voy a avisar a alguien, tienen que examinarte. –respondió mientras me ayudaba a levantarme.

-No tienes que hacer esfuerzos. –contesté, pero la cabeza me daba vueltas.

Al cabo de un momento llegó Cristian con un médico, él se sentó en la cama, el médico se acercó a mí para examinarme. Cristian le contó lo que vio y lo que había hecho, y le dijo también que estaba embarazada.

-Ha sufrido una subida de tensión por el estrés, y bueno le causó dificultades respiratorias. Debe controlarse mucho, no es bueno para el bebé que se altere de esa forma. –explicó él bastante serio.

-Tranquilo doctor, yo me encargo de que no se estrese. –contestó Cristian. –Muchas gracias, de verdad.

El médico se fue, Cristian se levantó de la cama y vino a mi lado para abrazarme. -¡Qué susto, mi princesa! Cuando te vi en el suelo me temí lo peor… -contó nervioso.

-Es que… no te encontré en la habitación y pensé que te había pasado algo, empezó a faltarme el aire y no recuerdo más hasta que desperté. –expliqué algo confusa.

Adriana y Pedro habían ido a comer algo y entraron en la habitación a ver a Cristian. Se sorprendieron al encontrarnos en el sofá sentados a los dos. Yo aún estaba algo pálida por lo ocurrido, y mi hermana se asustó.

-Mel, ¿qué te ha pasado? Tienes muy mala cara. –dijo acercándose a mí.

-Bueno, tu hermana que se ha alterado un poco y perdió el conocimiento, pero ya la revisó un médico y dijo que está todo bien, pero que intente calmarse, que no es bueno para el bebé. –explicó mientras me acariciaba la pequeña barriguita que tenía.

Adriana se alteró un poco, y abrazó a su hermana. –Mel, no me des un susto así nunca más, ¿me oyes? –dijo ella muy seria.

-Tranquila, hermanita. –respondí dándola un beso en la mejilla. –Además ya veo que tú andabas un poco ocupada ¿no?
Ella se sonrojó y miró al suelo. –Bueno… estábamos comiendo juntos. –reconoció mirando aún al suelo.

-Me alegro mucho por ti. –la dije sonriendo. –Pedro se ve que eres un chico estupendo, pero cuida bien a mi hermana ¿eh? –respondí simulando ponerme seria.

-Pedro, ¿tú eres el hijo del médico que me está tratando? –preguntó asombrado.

-No sabía que tu fueras el paciente… madre mía, menos mal que estás bien. –respondió Pedro.

Adriana y yo nos miramos extrañadas, después les miramos a ellos. -¿Os conocéis? –preguntamos al unísono.
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