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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 22 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 23

23º- El mundo es un pañuelo

-La verdad es que sí, somos compañeros de clase, nos conocemos desde el primer curso y estamos en la misma empresa haciendo la beca, desde siempre nos hemos llevado genial. –reconoció Pedro.

-Es cierto, si ahora que lo pienso vi alguna vez a tu padre, pero fue hace tanto que no lo recordaba. Además no estaba yo para fijarme mucho en el médico que me atendía. –confesó poniendo media sonrisa.

-Es normal, bueno… pero ahora a descansar. Tú por las clases y la beca no te preocupes, ya se lo cuento yo al jefe y los apuntes te los dejaré. –comentó Pedro muy amable.

-Gracias tío, de verdad. Pero no sé si eso del reposo va mucho conmigo… -dijo.

-¡Qué callado te tenías lo de tu chica y el bebé! –contestó dándole un pequeño codazo. –Supongo que debo darte la enhorabuena.

-Gracias. No te había dicho nada porque tengo mil cosas en la cabeza. Sobre todo con el bebé que viene en camino. –respondió mientras me acariciaba la barriguita, que se empezaba a notar.

-Me alegro mucho por ti, ya era hora de que sentaras un poco la cabeza ¿eh? –dijo en tono burlón.

La verdad es que era toda una casualidad, porque además a Pedro le había conocido cuando estaba tan mal y me había enfrentado a Carlisle. Adriana me llevó a la cafetería, había estado toda la noche allí y no había comido nada, no era bueno para el bebé estar sin comer.

Lo cierto es que si que tenía hambre pero con toda la preocupación no me había parado a pensarlo. Nos sentamos en una mesa y Adriana fue a pedir algo para que comiera.

Al final trajo un par de bocadillos, un par de bollos de chocolate y unas botellas de agua. No pude evitar mirar con gula la comida cuando venía con ella desde la barra, realmente estaba hambrienta.

Me lo comí muy deprisa, yo siempre he sido muy lenta para comer, me gustaba disfrutar de los sabores de la comida, pero tenía tanta hambre que me daba igual todo, solo quería comer.

-Vaya Mel… si lo llego a saber te traigo una vaca. –dijo en broma.

-Perdona hermanita, pero es que tenía mucha hambre. Esto del embarazo me ha abierto el apetito y bueno… desde ayer no había comido nada. – confesé un poco retraída.

-Pues eso no está bien, tienes que cuidarte mucho para que mi sobrinito o sobrinita nazca muy sano. – dijo con una cara seria pero amable.

-Qué casualidad lo de Pedro y Cristian ¿no crees? –dije cambiando de tema.

-Ya te digo, y menuda casualidad, me alegro mucho. Pedro es encantador. –respondió quedándose embobada.

-Veo que te guste ¿Eh? Se te cae la baba, te tendré que traer un babero. –bromeé.

Ella fingió estar enfadada y no mirarme, yo no paraba de reírme. Me venía bien despejarme después de todo lo que habíamos pasado esos dos días con lo de Cristian. Y desde que me había ido a vivir con él, Adriana y yo habíamos pasado poco tiempo juntas.

Pero Adriana me dijo que quería irse un rato a casa, se iba a duchar y cambiarse de ropa porque había quedado para cenar con Pedro. Le dijo a Pedro que le diera un par de horas, para arreglarse, él iría a buscarla para irse.

Subí a la habitación pero no entré, escuché que Pedro y Cristian estaban hablando, pensaba entrar y ya está, pero… la tentación de ponerme a escuchar era muy grande, tanto que me puse a escuchar detrás de la puerta.

-Oye, entonces… ¿Cómo os conocisteis Melinda y tú? –preguntó Cristian.

-Pues… entraba en el hospital para comer con mi padre, y ella estaba al lado de la puerta acurrucada y llorando muchísimo. No sé… la vi tan destrozada que me fue inevitable no preguntarle. –explicó él con voz triste.

-Sé que lo ha pasado fatal, es por mi culpa, y si vieras cuando perdió el conocimiento… me llevé un susto de muerte… No sé que haría si le pasara algo… -aseguró con la voz temblorosa.

-Bueno tranquilo, solo fue un susto, además es una chica fuerte, se la ve estupenda. Me alegro que por fin estés enamorado. –contestó Pedro alegre. –Sobre todo porque te lo mereces, desde lo de Elena… -añadió.

Entonces mi expresión fue de total extrañeza. ¿Elena? ¿Quién era Elena? ¿Qué pasó con ella? Comencé a hacerme muchísimas preguntas, me moría por saber quién era esa tal Elena y qué tuvo Cristian con ella.

Pero estaba claro que no podía preguntarle directamente por ella, porque entonces se daría cuenta de que estuve escuchando detrás de la puerta, y eso le podría dar a entender que le espío a sus espaldas.

Siguieron hablando, estaba confusa, conocía muy bien eso de que “la curiosidad mató al gato” pero… quería saber si hablarían más de la tal Elena, estaba hasta un poco cabreada, Cristian nunca la mencionó…

-Pedro, te quería pedir consejo… -dijo Cristian algo dubitativo.

-Claro, ¿Sobre qué? –Preguntó con curiosidad.

-Es que… bueno, yo sé que Melinda es la mujer de mi vida y quiero estar con ella, con Evelyn y con el bebé que viene de camino. Y quiero… quiero pedirla que se case conmigo, pero quiero darla una sorpresa, prepararla algo especial, no sé, ¿me podrías ayudar? –pidió él.

-Joder… ¡Qué fuerte! Tú te quieres casar… Bueno supongo que tengo que felicitarte, se la ve que es estupenda y te quiere con locura. –admitió él.

-Pero con eso de que no puedo hacer esfuerzos me huelo que no me van a dejar casi ni levantarme para ir al baño. Necesito que me ayudes a prepararlo. Aunque quiero esperar unas semanas, de esa forma se puede preparar todo bien. –comentó Cristian.

-Claro, cuenta conmigo para lo que necesites. –se ofreció Pedro.

Quería pedirme que me casara con él, se me pusieron los ojos como platos, no es que no quisiera, pero nunca pensé que nadie me quisiera lo suficiente como para pedirme matrimonio.

Pero claro, de todo eso no podía opinar ni decir nada, se supone que de eso no tenía que haberme enterado. Con lo cual tenía que disimular, ni siquiera se lo podía contar a Adriana, pues era probable que les ayudase a prepararlo todo.

Me puse a respirar profundamente, todo me había pillado demasiado por sorpresa, pero… casarme con Cristian, ese ser humano tan perfecto, tan guapo, tan maravilloso… Era como un regalo del cielo, un regalo estupendo.

Me habían envidado desde el cielo ese ángel, y pronto me pediría que me casara con él, era evidente que sabía la respuesta. Un SÍ rotundo era lo que le diría en cuanto me lo pidiera, aunque no dejaba de ser una decisión muy importante, que daba incluso un poco de miedo…

Esos miedos desaparecían al pensar todo el amor que nos teníamos, el amor que se tenían Evelyn y él, y lo mucho que queríamos al bebé que venía de camino, que tan solo faltaban unos meses para que lo tuviéramos con nosotros.
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