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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 26 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 25

25º- Mal carácter

Me fui a la salida, necesitaba despejarme, pensar con claridad todo lo que había pasado. Menos mal que Evelyn estaba con Esme, porque en ese momento no podía pensar en nada; además no quería que ella me viera así.

Comencé a caminar, ni me fijaba por donde iba, solo caminaba y caminaba sin mirar a nada en concreto. Además estaba con la mirada perdida, de vez en cuando se ve que tropezaba con alguien pero no miraba ni hacia nada.

Tan solo reaccioné un poco cuando sentí que me estaba mojando, estaba empezando a llover, pero me daba igual, sentir la lluvia mojando mi piel me calmaba el enfado, como si cada gota de lluvia fuera un analgésico que calmara el dolor que tenía en mi interior.

Empezó a llover con más intensidad, me paré en un banco de un parque, miré a mí alrededor y estaba en el parque cercano a mi antigua casa, donde ahora Adriana vivía con una amiga.

Aunque ella estaría con Pedro, pues habían quedado para cenar juntos. Estaba contentísima por ella, Pedro era un buen chico, seguro que la trataría muy bien. Pero claro, en ese momento todo me daba igual.

Sonó mi móvil y miré la pantalla, era el número de Adriana pero no lo cogí, no quería hablar de nada ni con nadie. Al cabo de los minutos, sonó de nuevo y al mirar la pantalla era un número desconocido pero no quise cogerlo. Miraba el móvil todo el tiempo esperaba una llamada, aunque dudaba que si sonaba lo fuera a coger.

A los pocos minutos sonó el móvil por tercera vez, en esa ocasión era el número de Cristian, pero estaba tan molesta que eran mis celos los que actuaban por mí y no cogí el teléfono.

El teléfono no paraba de sonar desde que no cogí el teléfono a Cristian, desde el móvil de mi hermana y del de Cristian, y de varios números desconocidos, supuse que eran los de Carlisle y Esme. Ya era por pura cabezonería y orgullo el no coger el teléfono.

Necesitaba un tiempo para mí, un tiempo para estar sola, para pensar y reflexionar. Toda mi vida desde la violación, había tenido otras cosas en las que pensar, como en mi hija. Estaba saturada, necesitaba desconectar de todo.

Estaba empapada, y comenzaba a tiritar por el frío. Noté que alguien me puso un abrigo por encima; me giré y vi a Adriana y a Pedro. Mi hermana estaba con la cara descompuesta. -¿Pero te has vuelto loca? ¿En qué pensabas? –preguntó enfadada.

-¿Qué haces aquí? Vosotros estabais cenando juntos. –dije extrañada.

-Me llamó Cristian, preocupado porque habíais discutido. Te llamé y no lo cogiste, y bueno estuvimos hablando y no le cogías el teléfono a ninguno. –explicó nerviosa. –Volvíamos a casa para ver si venías a verme o algo, y si no pues empezar a buscarte, hasta que te vi aquí sentada. –terminó de contar.

Yo comencé a llorar y me lancé a sus brazos, estaba a punto de explotar, necesitaba desahogarme. No dije nada y Adriana tan solo se limitó a abrazarme, sentía que había necesitado mucho a mi hermana, pero no sabía cuanto hasta ese momento.

Sonó el móvil de Adriana, ella miró la pantalla y me miró a los ojos, no hacía falta que lo dijera, pero sabía que me lo diría de todas formas. –Es Cristian, voy a decirle que estás bien. –

Tan solo asentí, ya se me había pasado un poco el enfado, ese arranque de celos casi había desaparecido, estaba muy cansada. Mientras Adriana hablaba yo la miraba fijamente.

-Sí, tranquilo, está aquí conmigo. –comenzó a decir.

Yo notaba muy pesados los párpados, todo comenzó a darme vueltas, miré a Adriana y a Pedro y veía sus caras dobles, era muy extraño. Hasta que ya no pude mantener más los ojos abiertos y perdí las fuerzas.

Justo antes de hundirme en esa oscuridad lo único que pude escuchar fue la voz de mi hermana llamándome a gritos. Después de eso, ya no recuerdo nada más, me sumí en una especie de limbo.

Vino un aroma muy familiar, un aroma que conocía bien. Era el aroma de mí amado Cristian, estaba cerca de mí. Abrí despacio los ojos parpadeando varias veces para enfocar bien, y pude ver a Cristian llorando.

-Preciosa…, estás bien, estaba muy preocupado. Lamento lo de antes…- se disculpó.

Yo estaba aún algo desorientada y todavía tiritaba por el frío. Me arroparon un poco al ver que tiritaba. Adriana me miraba algo enfadada. –Vaya susto me diste hermanita… menos mal que Pedro te cogió antes de caerte al suelo. –explicó ella.

-Es que bueno… estaba enfadada y estar bajo la lluvia me despejaba. –comenté, pero me puse a estornudar varias veces.

-No vuelvas a hacerlo. No sabes lo mal que lo pasamos cuando Cristian nos llamó preocupado porque no le cogiste el teléfono. –contestó Esme.

-Lo siento mucho. –dije avergonzada.
-Bueno lo importante es que ya estás aquí con nosotros. Pero no sé, tanto rato bajo la lluvia… me parece que te acatarraste. –comentó Carlisle.

Todos me dieron un abrazo y sus caras estaban ya relajadas, salieron de la habitación para dejarnos a solas a Cristian y a mí, pues teníamos que hablar de lo ocurrido.

Le miré de reojo y estaba bastante tranquilo, me levanté de la cama y me senté a su lado mirándole, ninguno de los dos dijimos nada durante unos minutos, solo nos dedicábamos miradas profundas e intensas.

-Estaba muy preocupado, no debí ser tan borde contigo, perdóname. –se disculpó.

-Yo… me puse celosa y no pensaba ni en lo que decía, lo siento. –me disculpé yo también.

-Siento si no te había contado nada de ella, no pensé que tuviera tanta importancia. Pero quiero que sepas que estoy enamorado de ti, jamás había querido a nadie como te quiero a ti. –confesó algo sonrojado, tras lo que me dio un beso muy apasionado, de esos que me dejaban sin respiración…
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