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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 28 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 27

27º- Metedura de pata…

Con la decisión tomada de que mi hermana hiciera y deshiciera lo que quisiera en el tema de la ropa para la boda, me centré en el embarazo y en Cristian. Nos dijeron que estaba bien, pero yo intentaba que no hiciera esfuerzos.

Pero claro, mi embarazo avanzaba ya estaba de 6 meses y cada vez estaba más torpe; con lo que, muchas cosas empezaba a no poder hacerlas por mí misma. Me fastidiaba mucho no valerme por mí misma, sobre todo porque Cristian tenía que ayudarme.

Él estaba encantado, no soportaba estar de reposo y en cuanto me descuidaba le pillaba haciendo cualquier cosa con tal de no estarse quieto. Una tarde me fui a duchar pero me había olvidado de coger una toalla para secarme.

-Cielo, ¿me puedes traer una toalla? –pregunté alzando un poco la voz para que me oyera.

En seguida se abrió la puerta del baño, yo tenía la mampara cerrada, pero la abrí al sentir la puerta. Saqué una mano, pero no me daba la toalla. –No te hagas el gracioso, dame la toalla que voy a coger frío.- dije simulando estar enfadada.

Abrió del todo la mampara, yo intenté taparme como pude pero no quería dármela, tan solo sonreía y me miraba. Yo me estaba sonrojando por momentos, no me gustaba que me mirara así, me ruborizaba demasiado.

-Estás muy hermosa, mi princesa. –comentó acercándose a mí.

Aunque estaba empapada, me abrazó mojándose la ropa y comenzó a besarme. Aunque ya nos resultaba más complicado pues mi barriguita de 6 meses estaba muy abultada. Antes de que me diera tiempo a reaccionar, Cristian me cogió en brazos y siguió besándome.

Noté que caminaba, pero no dejaba de besarme y acariciarme por todas partes. Llegamos a la habitación y me puso delicadamente sobre la cama. Le quité la camiseta y pude quedarme sin aire al verle, aunque me pasaba siempre lo mismo, no me acostumbraba a tanta belleza…

Mientras nos estábamos besando sonó el timbre de la puerta, a mi me sentó fatal pero me cogí algo de ropa que tenía por la habitación por si eran sus padres o alguna amistad. Cristian se puso la camiseta y salió a abrir.

Yo salí casi detrás de él y llegué hasta la puerta, era Pedro que traía una cara de preocupación, que me asusté, pues venía solo, comencé a pensar que podía ser que a mi hermana le hubiera pasado algo. Mi respiración se aceleró y no podía respirar bien, me faltaba el aire.

-Tranquilízate, preciosa. Ven, ponte aquí conmigo y respira con calma. –dijo él intentando calmarme.

Se puso detrás de mí para que acompasara mi respiración a la suya y después de unos minutos mi respiración volvió a la normalidad. –Preciosa, no debes alterarte, que el embarazo está muy avanzado. –comentó mientras me dio un beso en la mejilla y me acarició la barriguita con ternura.

-Es que, como Pedro ha venido solo me he asustado, pensando que le ocurre algo a mi hermana. –respondí algo más calmada.

-No, Mel tranquila. Adriana está bien, es que se quedó comprando y por eso he venido solo. Además tengo que hablar con Cristian. –contestó.

-Bueno entonces voy a echarme un rato en la cama que estoy cansada y así habláis tranquilos. –comenté.

-Casi es mejor que te quedes. –dijo él bajando la mirada.

-Bueno ¿pero qué es lo que pasa? –preguntó intrigado Cristian.

-Pues… a ver, tú sabes que yo sigo siendo amigo de Elena. Pues… el otro día se me escapó lo de que te casas. –comentó avergonzado. –No lo hice aposta, fue un despiste.

-Bueno… no pasa nada. De todas formas estoy muy feliz de casarme con la chica más maravillosa del mundo, así que no me importa que la gente lo sepa. –contestó Cristian muy relajado.

Pero a mi no me sentó bien la noticia, otra vez Elena por el medio. Yo no quería discutir así que intenté parecer calmada y me levanté del sofá. –Yo me voy a descansar que estoy fatigada. Me alegra verte, dile a mi hermana que luego la llamo –dije muy seca.

-Vale, descansa. –contestó Pedro.

Me tumbé en la cama y cerré los ojos, ahora no paraba de darle vueltas al tema de Elena, y pensaba en cómo sería. Seguro que guapísima y lista y puede que hasta rica. Aún no comprendía como Cristian quería estar conmigo.

Unas lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, volvía con los miedos y los celos, no quería pensar así pero mi subconsciente me estaba jugando una mala pasada haciendo que pensara en ella, pero aún estaba con los ojos cerrados para intentar relajarme.

Sentí el roce de una mano contra mi brazo y abrí los ojos de golpe pues me había sobresaltado. Miré a mi lado y era Cristian con cara de preocupación. –Preciosa, ¿qué te pasa? –preguntó angustiado.

-No me pasa nada, bueno es que no me esperaba que apareciera ella de nuevo en nuestras vidas. –comenté algo triste.

Él me secó las lágrimas, me miró y sonrió. –No seas tonta, Mel. Sabes que eres la única a la que amo con toda mi alma, y eso nadie puede cambiarlo. –respondió dándome un tierno beso.

-Perdona, estoy algo paranoica. ¿Aún está Pedro? –pregunté con curiosidad.

-No, ya se ha ido, tenía prisa, porque había quedado con tu hermana en recogerla en la tienda con el coche. –contestó él. –Por cierto, ¿Por dónde íbamos antes de que nos interrumpiera Pedro? –preguntó con cara de pillín.

Comenzamos a besarnos intensamente, él se quitó la camiseta y los pantalones quedándose en ropa interior, y empezó a quitarme mi ropa. El roce de nuestros cuerpos nos excitaba de una forma muy especial, aunque mi prominente barriguita nos ponía difícil las cosas.

Pero encontramos la forma de estar más juntos, y me hizo suya, esa sensación siempre me hacía soltar un gemido de placer, y teniendo en cuenta que desde que me quedé embarazada no habíamos tenido muchas ocasiones para estar juntos, esa noche disfrutamos de forma muy plena.
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