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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 29 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 29

29º- Amarga alegría

-Creo que estoy soñando… ¡Qué imagen tan preciosa! –dije mientras comencé a llorar de la alegría.

-Preciosa… mira a nuestro pequeño, es un niño y está muy sano, pero le van a dejar algunos días en la incubadora. Aunque mi padre me lo dejó tener un rato para que lo vieras. –explicó él con una sonrisa resplandeciente.

Cristian se levantó y me acercó al bebé, era pequeñito y muy guapo, tenía la misma cara que Cristian, pero con el color de mis ojos. Eran como una copia de los míos, exactamente iguales.

-Mi princesa, tiene tus ojos, tus preciosos ojos… -comentó sonriente.

Cogí en brazos a mi bebé, era un niño precioso y guapísimo. Un pequeño milagro que habíamos creado mi amado y yo. – Es… precioso, tiene tu misma cara… -dije feliz.

-¿Cómo lo llamaremos? –preguntó Cristian.

-Yo había pensado que ya que biológicamente no eres el padre de Evelyn, pues quiero que elijas tú el nombre. –comenté.

-Me parece muy bien. A mí… me gusta Eric, pero no sé, yo quiero que sea un nombre que te guste a ti también. –Contestó él mirándome con ojitos de cordero degollado.

-Es un nombre precioso, me encanta. –respondí pletórica.

Nos vinieron a ver Esme y Carlisle, a sus abuelos se les caía la baba, sobre todo a Carlisle. Quién lo iba a decir con los problemas que puso al principio, por lo de la herencia. Según parecía había sido por un compañero de trabajo, uno llamado Walter.

Por lo que contaban no era demasiado buen médico, siempre tenía muchas quejas de sus pacientes y era mala persona. Pero Carlisle siempre había sido su amigo, y su error había sido hacerle caso. Menos mal que entró en razón y cambió de actitud.

Y claro otro tema era Elena, yo sabía que lo ocurrido no se iba a quedar así. Ella tenía carácter y no era demasiado buena persona por lo que le hizo a Cristian y cosas que me contó de ella.

Preferí pasar un poco del tema, no era el momento de pensar en Walter, ni en Elena, era tiempo de disfrutar de mi hijo, mi pequeño. Era como un pequeño milagro, pero aún tenía que venir Adriana y traer a Evelyn para que conociera al niño.

Lo cierto es que estaba algo nerviosa, tenía miedo, pues mi hija siempre había estado sola conmigo y con Adriana. Ella la mimaba demasiado y lo mismo sentía celos del bebé.

-Preciosa, ¿qué te preocupa? –preguntó Cristian con Eric en brazos.

-Pues, tengo miedo a la reacción de Evelyn. No sé, no quiero que se sienta desplazada o que tenga celos. –dije algo angustiada.

-Tranquila, seguro que estará bien. Y que querrá al bebé. No te preocupes más que tienes que descansar. –contestó mientras me daba un beso muy fugaz.

-Toc, toc. ¿Podemos pasar? –dijo Adriana muy alegre.

-Claro, os esperábamos. –contestó Cristian.

Adriana se acercó con Evelyn en brazos. La cogí y la di un abrazo y un beso, la había echado mucho de menos… -MI pequeña, quiero que conozcas a alguien. –dije mirándola.

Cristian tenía a Eric en brazos y se acercó a nosotras con una sonrisa. Evelyn miraba al bebé con asombro, examinaba al pequeño de arriba a abajo. –Mira, este es tu hermanito Eric. –dijo Cristian acercándolo un poco a ella.

-¿Manio eri? –preguntó ella mirando a Cristian.

-Sí, es tu hermanito, y le tienes que querer mucho y cuidar, porque eres la hermana mayor.- comenté yo sonriéndola.

-¿Yo manita mayó? –preguntó extrañada. –Siiiiii, yo manita mayó. –dijo muy alegre.

Suspiré aliviada, la niña había aceptado bien eso del hermanito y de ser la hermanita mayor. Al menos de momento le gustaba, y esperaba que siguiera siendo así por mucho tiempo.

No tuve que estar nada más que un par de días en el hospital, pues los puntos pasados unos días me los quitarían. Menos mal que Eric no tuvo que estar demasiados días en la incubadora, deseaba llevármelo a casa cuanto antes, quería tenerlo conmigo.

Pasaron unos días y pudimos ir a casa con el pequeño Eric. La verdad es que todo iba muy bien. Era maravilloso lo que la vida me había dado, me sentía muy afortunada, y volví a trabajar pasados unos días, así que tendríamos que dejar a cargo de Eric a alguien.

Por las tardes Cristian seguía recogiendo a Evelyn, y con Eric se quedaba Adriana. Pues, la habían echado de su trabajo. Menos mal que Pedro ganaba bastante y podían mantenerse con su sueldo.

Yo iba directa a casa para estar con Adriana y Eric. Aunque dos tardes a la semana, y siempre que hiciera buen tiempo, Adriana iba a dar un paseo por el parque con Eric y yo me encontraba con ellos allí.

Un día salí del trabajo, y era la tarde que salían a dar el paseo así que fui directa al parque. Estaba en un banco con el carrito al lado y tenía a Eric en brazos, le estaba haciendo carantoñas. A mi hermana le pasaba como a mí, que nos encantaban los niños…

-Hermanita, ¿Qué tal el día? –pregunté mientras nos dábamos un abrazo.

-Todo bien. Si es que este hombrecito se porta maravillosamente bien. –dijo ella dándole un beso en la frente al niño.

Nos sentamos un rato juntas para descansar y hablar un poco, siempre habíamos estado muy unidas desde que perdimos a nuestros padres y al vivir cada una en un sitio, nos veíamos menos y nos echábamos mucho de menos. Pasado un rato, decidimos volver a casa, se iba a quedar a cenar y luego Cristian la llevaría a casa.

Llegamos a casa y cuál fue nuestra sorpresa cuando la puerta estaba abierta, habían forzado la cerradura. Pasamos y estaba todo patas arriba, habían tirado muebles, revuelto toda la casa y no había nada en su sitio.

-Mel… tienes que ver esto. –dijo Adriana.

Miré hacia ella, que señalaba con el dedo, detrás de la puerta de la entrada había una nota con una navaja clavada. Yo me quedé helada, con los ojos como platos y sin saber que hacer, leí la nota. “Esto solo es un aviso de lo que os espera… la próxima vez serás tú y tu bebé”

Al leerla me puse muy nerviosa, no podía respirar bien pues me estaba dando un ataque de pánico, no solo mi vida estaba en peligro, también la de mi bebé. Era una situación que me superaba, no sabía lo que hacer. Adriana me sentó en el sofá pero seguía sin poder respirar de forma normal.

Comencé a convulsionarme, no era dueña de mi cuerpo, mi cuerpo actuaba por voluntad propia, sentía unas dolorosas punzadas en el pecho, y no podía soportar el dolor. Pero oía como Adriana lloraba y decía mi nombre.

Oí que siguió hablando. –Por favor, ¡ven ya, no sé que hacer! –oí que decía medio llorando.
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