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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 8 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 3

3º- ¿Capricho o amor?

Me levanté con la niña en brazos, dispuesta a marcharme, estaba siendo demasiado débil dejándome llevar. Pero antes de que llegara a la puerta él me detuvo sujetándome cariñosamente del brazo.

Me giré y le miré, con la niña aún en brazos, que nos miraba extrañada. No sabía ni lo que decir, pero le miré a esos ojos tan hipnóticos y me quedé estática, como si me hubiera paralizado.

-Por favor, no te vayas. No quiero que me dejes. –dijo suplicante.

-Yo… no sé… Estoy muy a gusto contigo, pero lo más importante para mí es mi hija. Tengo que pensar primero en ella. –contesté medio llorando.

-Eso lo sé, pero yo cuidaría de tu hija, me encantaría cuidaros a las dos. Pero necesito tenerte conmigo. –sus palabras hacían que mi determinación se resquebrajara…

-Yo… me siento muy alagada, pero no quiero que cargues con responsabilidades que no te corresponden. –respondí.

-No digas eso, sería maravilloso poder conocernos y hacer juntos muchas cosas. No te marches de mi lado, por favor. –volvió a suplicar.

Tenía delante al chico más maravilloso del mundo, dispuesto a estar conmigo y con mi hija. Pero tenía miedo a sufrir, y sobre todo tenía mucho más miedo a que sufriera mi hija.

Mientras que estaba intentando pensar lo que hacer o lo que decir. Se oyó el sonido de unas llaves abriendo la puerta de la casa. Nosotros estábamos en el pasillo, y yo me quedé muy cortada.

Entró una pareja, eran muy guapos, y era de suponer que serían los padres de Cristian. Miraron hacia donde estábamos. Cristian y yo estábamos de pie, él me sujetaba por la muñeca y yo tenía en brazos a la niña.

Nos miraron extrañados, pero se acercaron a su hijo. Fue el hombre quien habló. –Hola hijo. ¿Quien es la invitada? –preguntó muy tranquilo.

-Pues se llama Melinda y esta es su hija Evelyn. Las conocí en la calle, han tenido un problema y las he ayudado. Espero que no os importe. –respondió él.

-Claro que no, hijo. –contestó la mujer. –Pero podríamos hablar un poco sobre lo ocurrido.

-De acuerdo. –dijo Cristian. –Nos sentamos y os lo cuento.

Nos sentamos en los sofás, Cristian se puso a mi lado. Se le veía muy tranquilo, tragó saliva y comenzó a hablar. –Pues iba con el coche de camino a casa, cuando las vi en el asfalto. Menos mal que frené a tiempo…
-Pues sí. –añadí yo. –La verdad es que bueno, eso ocurrió porque iba huyendo de mi vecino. Que intentó agredirnos a la niña y a mí. –dije con la mirada triste.

-Vaya…, pobrecitas. Pero ¿estáis bien? –preguntó la mujer.

-Mamá, tranquila. No la agobies, que están bien. –interrumpió Cristian.

-Bueno, no nos hemos presentado. Yo soy Carlisle, y ella es mi esposa Esme. Somos los padres adoptivos de Cristian. Le adoptamos cuando tenía 2 años, sus padres habían muerto en un incendio, y él se salvó por muy poco. –explicó él.

-Su hijo ha sido muy amable con nosotras ayudándonos. Y ustedes también están siendo muy amables. Gracias de verdad. –comenté. –Pero me tengo que ir, que mi hermana ya habrá llegado a casa y estará preocupada.

-Está bien. Pero deja que te acerque a casa, para que me quede tranquilo. –respondió Cristian.

Me despedí de sus padres y nos montamos en el coche. Le indiqué donde estaba mi casa y cuando llegamos nos quedamos mirándonos. -¿Seguro que estás bien? –preguntó mirándome a los ojos.

-Tranquilo, y muchas gracias por todo. – le di un corto beso en los labios y salí del coche.

Me metí corriendo en casa, habían sido demasiadas emociones para un día. Al oír la puerta Adriana salió de su habitación y me vio, estaba muy asustada, pues por las tardes siempre estaba en casa.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estabais? –preguntó muy preocupada.

-Pues nada, que Enrique el vecino intentó atacarnos y me escapé. Entonces me encontré con un chico, que nos estuvo ayudando y nos dio algo de comer. Pero tranquila que estamos bien. –terminé de decir.

-¿Un chico? Cuéntamelo todo. –dijo emocionada.

-Pues la verdad es que es un chico encantador, atento, amable, y muy guapo. Y sus padres son bastante simpáticos. –contesté sonriendo.

-Bueno y ¿Vas a volver a verle? –me preguntó.

-Lo cierto, es que… no tengo su número de teléfono ni nada. –admití.

-Hermanita, ¿es que estás loca? ¿Cómo pretendes volver a verle entonces? –preguntó poniendo cara de enfadada.

-No debo volver a verle. Tengo que pensar en la niña y en cuidarla. –contesté algo apenada.

-Pero bueno… debiste pedirle el teléfono. Además si dices que es tan encantador y maravilloso, sería estupendo para cuidar de Evelyn y de ti. –me dijo ella.

Esa noche me costó bastante dormir, no paraba de pensar en aquel chico. Era cierto que quería volver a verle. Pero no podía ser tan débil, tenía que pensar en el bienestar de mi pequeña.

Cuando conseguí conciliar el sueño no paraba de ver su cara, y esos ojos, jamás había visto unos ojos así. De un azul intenso, y muy penetrantes, que al mirarlos traspasaban, se podía ver en el interior.

Pasaron varios días y yo estaba muy distraída pensando en Cristian. Estaba irreconocible, yo jamás había mostrado interés por ningún chico desde lo de mi violación. No quería sufrir ni pasarlo mal, pero con este chico no podía pensar con claridad. Mis propios pensamientos se desvanecían para transformarse en unas ganas locas de volver a verle.
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