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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 30 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 31

31º- Acosada y atemorizada…

Una de las tardes iba mirando el móvil, pues había recibido un mensaje de mi amiga Delia. Era una compañera con la que había estudiado en la facultad, y hacía mucho que no sabía de ella.

Leí muy ilusionada el mensaje de texto que decía: “Ola, cmo t va? A mi todo bien. Pr cierto, m voy a mudar a t barrio. Cuand tnga casa t aviso y ns vms. Bs. Tq”. Era una amiga muy especial yo la quería muchísimo.

Escribí la respuesta mientras caminaba por el parque, me hacía tanta ilusión tenerla cerca… lo cierto es que la necesitaba. En la universidad habíamos estado muy unidas, pero hacía mucho que no nos veíamos. Pero que se mudara al barrio… me puse pletórica de alegría.

Estaba tan absorta con el mensaje de texto y con la noticia que no me di cuenta de que delante de mí, se había parado Walter. Intenté esquivarle, pero se volvió a poner delante. –Quítese, déjeme pasar. –dije muy seria.

Él me miraba con una sonrisa que no me gustaba nada, no me daba buenas vibraciones, empezaba a estar muy asustada… No sabía lo que hacer, quizás debía hacer como en las películas, pegarle una patada en la entrepierna o ponerme a gritar.

-Por fin te tengo cerca… -susurró sonriendo.

Como tenía el móvil en la mano, di a la re-llamada, pues estaba marcado el número de Cristian como siempre. Pero no me lo acerqué a la oreja, me quedé muy quieta, con la esperanza de que oyera la voz de Walter y saliera en mi busca.

Miré de reojo y la llamada estaba activa con lo que Cristian estaba al otro lado, decidí que tenía que saber dónde estaba para ver si podía ayudarme. -¿Por qué me sigue por el parque de al lado de mi casa? Déjeme en paz. –dije con resolución.

-Creo que no, me parece que tengo otras cosas en mente… -contestó con voz perversa.

Caminaba hacia atrás, a cada paso que yo me alejaba él se acercaba. Intenté salir corriendo pero me tiró al suelo de un empujón, me hice bastante daño en una pierna a causa de la caída, por lo que emití un quejido.

-OYE TÚ, DÉJALA EN PAZ. –dijo una voz familiar.

Miré en la dirección de la que había salido la voz, era Pedro, cogió a Walter y me le quitó de encima de un empujón, le miré la cara y estaba fuera de sí. -¿Pedro? –pregunté extrañada.

En ese momento escuché una voz, bueno unos gritos que provenían del móvil. –MELINDA, MELINDA, ¿Qué te ocurre? –era Cristian con la voz llena de preocupación.

Me puse el teléfono en la oreja y me puse a hablar. –Cristian, no pasa nada, Pedro está aquí. –dije intentando calmarle.

-¿Pero qué está ocurriendo? Cuéntamelo ahora mismo. –pidió muy serio.

-Es mejor que te lo cuente en persona. Pero tranquilo que estoy bien. –contesté.

Mientras Pedro pegó un puñetazo a Walter, le partió el labio, y gritó de dolor, para después salir huyendo, al fin pude respirar de alivio. Pedro se acercó a mí algo preocupado.

-¿Estás bien? –preguntó Pedro.

-Sí, bueno me duele un poco la pierna pero estoy bien. Pero Cristian está histérico al otro lado del teléfono. Habla con él y tranquilízale, por favor. –le pedí.

-Cristian, tranquilo, está bien. Solo tiene un poco de dolor en la pierna, creo que es una torcedura. La llevo a casa para que tu padre la examine. Cálmate. –dijo Pedro.

Me ayudó a levantarme y me dio un abrazo. -¿Entonces te encuentras bien? –preguntó preocupado.

-Que sí tranquilo, ayúdame a llegar a casa, por favor. –pedí con una tímida sonrisa.

Comenzamos a caminar, yo me apoyaba en él, pero me costaba caminar, él lo notó y me cogió en brazos y caminó más deprisa. –De verdad que no hace falta, puedo caminar. –mentí tímidamente.

-No digas tonterías, sé que te cuesta caminar. Cristian no me perdonaría si te pasara algo estando conmigo. –contestó.
Llegamos a casa enseguida, pues desde el parque no se tardaba casi nada en llegar. Abrimos la puerta y la cara que se le quedó a Adriana era para grabarla. No sabría decir si era de alegría o de preocupación, o tal vez las dos cosas juntas.

-¿Qué ha pasado? –preguntó acercándose a nosotros.

Pedro caminó por el comedor y me colocó con cuidado en el sofá. Yo miré a mi hermana que miraba a Pedro. –Pues, cuando venía de camino para recogerte, aparqué el coche en el parque y decidí cruzarlo para llegar aquí, y vi a Melinda en el suelo y a Walter encima. Le pegué y se marchó. –explicó él mirando a mi hermana.

-¿Estáis los dos bien? –preguntó mirándonos a ambos.

-Tranquila, tan solo es que Melinda se hizo un poco de daño en la pierna. Avisa a Carlisle para que venga. –pidió Pedro a Adriana.

Mi hermana llamó a Carlisle y le explicó lo ocurrido, él dijo que vendría en cuanto pudiera. Mientras le esperábamos llegó Cristian a los pocos minutos, entró rapidísimo directo a mí y con la cara desencajada.

-¿Qué ha ocurrido? ¿Estás bien? Cuéntamelo. –dijo tan deprisa que casi no le entendía lo que decía.

-Cálmate tío, que está bien. Llegué a tiempo, tan solo es que le duele un poco la pierna de la caída, pero tu padre viene de camino. –explicó Pedro intentando que se calmara.

Me abrazó y me besó, tenía los ojos llorosos. Yo me abracé a él y suspiré, estaba a salvo entre sus brazos. Necesitaba tranquilidad y estar abrazada a mi amado, con eso me bastaba. Aunque claro, necesitaba a mis hijos…

-¿Me podéis traer a Eric y a Evelyn? Quiero verlos. –pedí

Adriana se marchó del comedor, oí unos pasitos pequeñitos que venían corriendo, era Evelyn que al verme me abrazó. –Mami tene pupa. –dijo ella abrazándome tan fuerte como le permitían sus bracitos.

Mientras me abrazaba mi pequeña, Adriana entró en el comedor con Eric en brazos, me lo dio y le abracé muy fuerte. A ambos los abracé fuerte. –Mis pequeños tesoros… -dije susurrando.

A los pocos minutos llegó Carlisle, estaba bastante preocupado por lo que le habían contado. –Melinda, voy a revisarte. Pero me tienes que contar lo que ha pasado.

Yo estaba algo asustada por lo ocurrido y porque ahora se enterarían de lo que había pasado con Walter desde hacía unos días. –Pues… lo cierto es que hace ya unos cuantos días, Walter me espera en el parque y alguna vez se acerca a hablar conmigo e intentar tocarme. Pero hoy iba distraída y me pilló desprevenida. –expliqué mirando al suelo. –Aunque no ha pasado nada porque Pedro ha llegado a tiempo.
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