Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 31 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 32

32º- Discusiones…

Cristian me miraba con los ojos como platos, sabía lo que estaba pensando, que cómo le había ocultado algo así, aunque claro, en el momento en que decidí callarme, me parecía buena idea…

Aunque él se quedó callado, fue Carlisle el que habló. –Mañana le ponemos una denuncia y una orden de alejamiento. Seguro que mis compañeros me apoyan, pues yo era el único amigo que tenía, aunque eso ya es historia… -comentó él más o menos tranquilo.

Me vendó el pie, dijo que estuviera tres o cuatro días en reposo, pues era una torcedura leve. Yo me alegré bastante, además descansar unos días me vendría bien, estaba saturada de tantas cosas en la cabeza.

Cristian estuvo muy callado, yo sabía que eso no era buena señal, me miraba muy enfadado pero no me hablaba. Mi hermana preparó algo de cenar y tras la cena se marcharon todos.

Me acomodé en el sofá y Cristian se sentó pero bastante lejos de mí, eso me entristeció, aunque le entendía perfectamente, sabía porqué estaba comportándose así y en parte le daba la razón. Aunque solo en parte…

-No puedo creer que te callaras algo así. –dijo muy enfadado.

-Es que… no quería preocuparos, ya habíamos tenido bastante. –intenté justificarme.

-Eso no es excusa, cuando me llamaste y oía todo… casi me dio un infarto, en el trabajo los compañeros me decían que llamara a la policía, pero no podía separarme del teléfono pensando en lo que te podría hacer… -contestó con los puños apretados.

-Perdóname, no quería ocultártelo, pero ya teníamos muchas cosas en la cabeza, no quería preocuparte. –respondí poniendo mi mano en su mejilla.

-¿Qué no querías preocuparme? ¿Tú sabes cómo he estado cuando oía como ese degenerado te intentaba atacar y yo no podía hacer nada? –preguntó sin mirarme.

-Lo siento… -me disculpé.

-Con sentirlo no es suficiente, además si no me lo dijiste sería por algo… a lo mejor algo que no querías que supiera…-contestó muy molesto.

-¿Qué insinúas? ¿Qué quería que me atacara? –pregunté indignada.

-No sé qué pensar… -dijo, y su mirada era de desprecio.

Eso me dolió tanto, que sin importarme el dolor del pie me levanté del sofá y salí disparada a la habitación, cerrando con el pestillo. Me tumbé en la cama, comencé a llorar como pocas veces lo había hecho.

Estaba insinuando que a lo mejor quería hacer algo con Walter, era… asqueroso, repulsivo y de muy mal gusto. Sugerir ni tan siquiera que me pusiera un dedo encima. Eso lo pensaba mi amado de mí, era… indescriptiblemente peor que una mala contestación, no podía perdonarle algo así.

Lloraba y lloraba, mi amor no confiaba en mi palabra, no creía que me hubieran atacado, más bien sugería que yo quería que me tocara y que me hiciera esas cosas terribles… No paré de llorar hasta que oí una vocecita.

-Mami, ¿Qué te pasa? –preguntaba la voz de Evelyn.

Me levanté de la cama, me sequé un poco las lágrimas y abrí la puerta. Ella estaba con la carita triste y al lado de la puerta. –Nada mi pequeña, es que estoy algo triste, tienes que irte a dormir, ven que te arropo. –dije intentando sonreír.

La llevé a su cuarto y la puse un CD con nanas, desde pequeña se había conseguido dormir gracias a esa música y con la que no tenía pesadillas. Después de arroparla salí y me dirigí a la habitación dispuesta a encerrarme de nuevo en la habitación.

Pero Cristian estaba en el pasillo, estaba muy triste, se notaba que él también había estado llorando, tal vez se había arrepentido de las burradas que había insinuado sobre mí. No podía perdonarle estaba demasiado dolida, era algo muy fuerte lo que había sugerido.

-Mel… -comenzó a decir.

Yo no quise escucharle ni mirarle a la cara, pues mis fuerzas flaquearían, le di un empujón en el hombro y me metí en la habitación, cerrando el pestillo nada más cerrar la puerta.

-Mel… por favor… -suplicaba.

Mi determinación flaqueaba de escucharlo así, pero no podía perdonarle, no después de insinuar y pensar algo así de mí. Me tumbé otra vez y seguí llorando, pero escuchaba la voz de Cristian. –Mel… por favor… por favor… déjame pasar… -pedía suplicante.

-Márchate… -pude decir entre sollozos.

Menos mal que el móvil lo había cogido y lo tenía en la habitación. Marqué el número de mi hermana, era muy tarde pero necesitaba hablar con ella, la necesitaba en ese momento más que en ningún otro.

-Hermanita, ¿cómo me llamas tan tarde? –preguntó intrigada.

-Es que… Cristian y yo hemos discutido. Ha insinuado que a lo mejor yo quería que Walter me hiciera esa clase de cosas. –dije entre llantos.

-Hermanita, no creo que dijera eso, él te ama y te adora y lo sabes. –contestó mi hermana intentando calmarme.

Mientras oí como llamaban a la puerta otra vez. –Mel, por favor… necesito hablar contigo… -decía suplicante.

-Hermanita, le acabo de oír, por su voz yo diría que te quiere pedir perdón y está arrepentido. –comentó Adriana.

-Pero es muy fuerte lo que ha insinuado, no puedo perdonarle. –Dije aún algo enfadada.

-No seas cabezota, Mel. Cómo tenga que ir te vas a enterar. –contestó seria.

-No te prometo nada, aunque lo voy pensar. Te quiero. –me despedí y colgué.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Pobre Christian, entiendo a Mel pero no hay que ser rencorosos
Sigue asi guapisima

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