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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 9 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 4

4º- La vida da muchas vueltas

Cada día que pasaba estaba más distraída, y sobre todo más y más triste. Me pasaba horas y horas llorando. Mi hermana lo estaba notando, pero sabía que no me preguntaba porque se imaginaba la razón de mis llantos.

Delante de Evelyn no solía llorar, pues no quería que se preocupara. Pero una de las tardes me fue inevitable llorar, cuando ella estaba jugando en el comedor. Sentí su manita sobre la mía.

-Mami, quero ver al chico del cocolate. ¿Cuándo vene? –preguntó ella.

En ese momento, comencé a llorar con más intensidad. Ella se asustó y llamó a Adriana, mi hermana vino corriendo. -¿Te encuentras mal? –su tono sonaba preocupado.

-No pasa nada. Es que bueno… me he acordado de aquel chico, pero estoy bien. –dije con desgana.

-Mel… lo siento mucho. ¿Cómo te puedo ayudar? –preguntó angustiada.

-No te preocupes, no es nada. Voy a dar una vuelta para despejarme. Me llevo a la niña. –contesté.

Salimos y estuvimos dando un paseo por el barrio. Yo iba muy ausente pensando en Cristian, no hacía otra cosa en todo el día. Al cabo de un rato llegamos a una pequeña tienda del barrio. La niña tenía hambre y lo cierto es que yo también.

Entramos y cogí algunos dulces de chocolate para las dos, nos los comeríamos de camino a casa. Pero como iba tan distraída y con la niña en brazos no me di cuenta y choqué con un hombre.

-Perdón. Lo siento, no me fijaba por donde iba. –me disculpé.
Alcé la vista y no pude evitar abrir los ojos como platos, era Cristian, lo tenía delante de mí. Pude ver que él también estaba sorprendido pero en seguida comenzó a sonreír.

-Ho… hola. –balbuceé.

-¿Qué tal estáis?-preguntó él.

-¡El nene del cocolate! –dijo muy emocionada Evelyn.

-Hola, pequeña. –contestó él. -Me alegra tanto verte… -dijo él sonriendo. Se le veía tan guapo…

-Yo también me alegro… -respondí sonrojándome.

-Vamos a un sitio más tranquilo y así podremos hablar. –añadió él.

Pagamos los chocolates y nos fuimos a un banco cercano. La niña se abrazó a él, éste le correspondió el abrazo. Estaban muy bien juntos, se notaba que era un chico maravilloso. Y además parecía que habían conectado, que entre ellos se había creado un vínculo muy fuerte.

Estuvimos hablando mucho rato, estaba tan a gusto a su lado… pero aún tenía miedo, miedo a que me hiciera daño, miedo a pasarlo mal. Pero sobre todo miedo a que mi niña lo pasara mal.

Miré el reloj, y era casi la hora de la cena. –Lo siento, pero es muy tarde y mi hermana me está esperando. –me disculpé.

Él se entristeció pero no dejó de mirarme. -¿Te volveré a ver otro día? –Preguntó intrigado.

-Yo… es que tengo que pensar en mi hija. Es lo primero para mí. –dije algo nerviosa.

-Lo sé. Y quiero que hagamos algo los tres juntos. ¿Qué te parece si nos vamos al parque de atracciones? – preguntó con mucha ilusión en los ojos.

Tenía muchísimas ganas de estar con él, y bueno… así vería si la niña también quería estar con él o no. Estaba con la mente echa un completo lío, pero pensé que, por quedar un día los tres no pasaría nada.

-Está bien. Este sábado ven a mi casa por la mañana y nos iremos los tres. ¿Recuerdas dónde estaba mi casa? –pregunté aún mirándole.

-Sí, tranquila. Me has alegrado la tarde de verdad… No sabes las ganas que tengo de que llegue el sábado. –estaba tan contento que su felicidad se contagiaba.

-Mi pequeña, ¿Te apetece que vayamos el sábado con Cristian al parque de atracciones? –le dije a Evelyn.
-Síiii, ¡yo quero, yo quero! –empezó a decir mientras daba pequeños brinquitos encima de mí.

La verdad es que no pude evitar sonreír y mirarle, era tan hermoso… tan increíble como persona. Y de verdad veía en él algo especial, y sobre todo, esa complicidad con mi hija. Que era lo más importante para mí.

Nos acercó a casa y cuando entramos no pude evitar abrazar a mi hermana e incluso se me saltaron algunas lágrimas. Ella se quedó extrañada y algo preocupada al verme llorar.

-Mel, ¿Por qué lloras? ¿Os ha pasado algo? –preguntó preocupada.

-Paque ataciones con el nene del cocolate. –dijo muy contenta Evelyn

-¿Vais al parque de atracciones? –Preguntó -¿Quién es el nene del chocolate? –su cara era de total extrañeza.

-Pues es el chico del que te hablé. Nos hemos encontrado por casualidad y hemos estado juntos por la tarde. Me ha pedido que si podíamos volver a quedar y bueno… le he dicho que sí. –contesté sonrojándome.

-Es fantástico, hermanita. Entonces ¿os lleva al parque de atracciones, no? –preguntó.

-Pues sí, hemos quedado para el sábado. La verdad es que estoy contenta de volver a verle. –confesé sonrojándome.

Esa noche no pegué ojo, era maravilloso haberme vuelto a encontrar con ese chico tan fantástico. Además era cierto que se preocupaba mucho por Evelyn y eso para mí era lo más importante de todo. Pues por mucho que me gustara tenía que pensar en el bien de mi hija.

Esos días no pude estar concentrada en condiciones, estaba siempre distraída, pero lo cierto es que estaba tan contenta que todo el mundo se contagiaba de mi buen humor, y lo agradecían.
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