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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 12 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 7

7º- Aparece la pasión

Entramos juntos en la casa, no era tan pequeña como aparentaba desde fuera. Estaba totalmente amueblada, los muebles eran de estilo moderno, combinados en blanco y azul, era una casa preciosa, parecía de cuento.

No tenía palabras para describir lo bonita que era la casa, además me recordaba a lo que yo quería de pequeña; Tener una casa como esa, aunque fuera pequeña, tenía que ser una casa bonita y acogedora.

Era la casa perfecta y yo no paraba de mirar a todos los lados con asombro, pues mirara a donde mirara me quedaba con la boca abierta. Además había varios ramos de flores por la casa. Era calas blancas y rosas azules.

-¿Sabes qué? –pregunté mirándole. –Qué las calas blancas son mis flores favoritas y bueno las rosas azules también me gustan. –contesté muy alegre.

-A mi es que me parecen las flores más bonitas que puede haber, y pensé que te gustarían. Hay unos cuantos más repartidos por las habitaciones, quería que encontraras la casa preciosa. –reconoció algo sonrojado.

-Me encanta, está perfecto, aunque no tenías que haberte tomado tantas molestias. –contesté cogiéndole de la mano.

-Claro que sí, esta va a ser nuestra tarde especial, y quería que te llevaras un buen recuerdo. –me respondió. –Daremos un paseo por los alrededores que son preciosos y para luego he dejado lista la cena, y de postre… bombones de chocolate.

-Eres estupendo, no tenías que haber preparado nada, con estar juntos era suficiente. –comenté ruborizada.

Me terminó de enseñar toda la casa, tenía 4 habitaciones, no eran demasiado grandes pero si lo suficiente para ser muy acogedoras. La cocina era también muy bonita y el comedor me encantó. En él había dos puzzles, uno de la capilla Sixtina y otro del David de Miguel Ángel.

-Me encanta el arte. –Dije señalando los dos puzzles. –Miguel Ángel es mi artista favorito.

-También es el mío. Me encanta que tengamos tantas cosas en común. –reconoció sonriente.

Cuando vimos toda la casa salimos a dar un paseo, Cristian tenía toda la razón, los alrededores eran preciosos. Con muchas flores de todo tipo, parecía un cuadro pintado por un artista.

Tras el largo paseo que dimos, volvimos a su casa. Me pidió que viera toda la casa si quería, que él mientras iba a terminar de preparar las últimas cosas de la cena, para que todo estuviera listo.

Por fin me llamó, y me vino bien porque la verdad es que ya empezaba a tener hambre. Me senté en la mesa y había muchísima comida, varios entrantes para picar y luego vi una bandeja con un redondo.

-Creo que es demasiada comida. Te has pasado un poco. –dije mirando tanta comida.

-Bueno no pasa nada, se guarda para mañana y ya está. –respondió moviendo los hombros.

Toda la comida estaba muy rica, se notaba que sabía cocinar. Sí es que lo mirara por donde lo mirara era un chico fantástico, solo podía ver virtudes en él, y cosas positivas. Por no hablar de lo bien que se llevaba con Evelyn y lo mucho que se querían los dos.

Al pensar en eso no pude evitar sonreír y él se dio cuenta. -¿Por qué sonríes? ¿He hecho algo gracioso? –preguntó intrigado.

-No es eso. Es que bueno… estaba pensando en lo mucho que os queréis Evelyn y tú. Y Bueno… nosotros dos nos llevamos muy bien, a pesar de no conocernos casi… -expliqué ruborizada.

-Yo la quiero mucho, es una niña fantástica. Contigo…siento algo muy especial, jamás había sentido algo tan intenso por una chica, y eres maravillosa. –al decir esto se había sonrojado un poco.

Me levanté de la silla y me senté encima de sus piernas, él me rodeó la cintura con los brazos. Le miré a sus profundos ojos y él me miró, parecía que me examinaba la cara con la mirada y yo alcé una ceja, estaba desconcertada.

-¿Sabes que tienes los ojos más extraños y preciosos que he visto nunca? –preguntó sin dejar de mirarme.

-Me lo dicen mucho, que parecen de otro planeta, je, je. –respondí riéndome.

-Son extraños pero preciosos. Jamás había visto a una persona con los ojos de color verde esmeralda y combinado con marrón clarito. Y encima tienes la línea que rodea al iris de color gris. Son tan únicos… Me has embrujado con ellos… -comentó acercándose más a mí.

-Gra… gracias. –estaba sonrojándome muchísimo por sus halagos.

En ese momento decidí que solo importábamos nosotros, me daba igual que no debiera estar con él, o que no era bueno creerse el amor a primera vista. Quería a mi niña que era lo más importante, y bueno… me había dicho que también sentía algo por mí.

Saber eso me bastaba para dejarme llevar. Así que me acerqué mucho más a él, y le comencé a besar. Era un beso intenso pero mucho más fiero que los que ya nos habíamos dado.

Noté como al principio Cristian se había quedado quieto por mi actitud tan repentina, pero pronto respondió a mis besos con la misma intensidad. Comenzó a besarme en el cuello y me hizo suspirar, le necesitaba y esa clase de besos me estaban volviendo loca.

Me cogió en brazos y me llevó a una habitación, entonces se dejó caer en la cama y yo estaba encima de él. Hizo un movimiento para darnos la vuelta y que él quedara encima, no había dejado de besarme durante ese rato.

Pero se quedó quieto y dejó de besarme, se apartó unos centímetros de mí. Yo le miré extrañada. -¿Qué ocurre? –pregunté algo confusa.

-Bueno, es que… tengo muchas ganas de estar contigo. Pero si tú no quieres, no te voy a obligar a nada. –contestó algo triste.

-Yo… también tengo ganas de estar contigo. –reconocí sonriendo.

-¿De veras? Es que… bueno… si empiezo no podré parar. Pero si no sientes lo mismo o si no quieres que estemos juntos, lo entenderé. –noté tristeza en su voz al decir la última frase.

-Si que siento lo mismo, y quiero estar contigo. –no le di tiempo a responder nada, porque me acerqué para seguir besándole.

Volví a besarle muy intensamente, me estaba dejando llevar por completo, quería estar con Cristian y que me diera todo el amor que necesitaba. El amor que llevaba buscando tanto tiempo y que creía que no encontraría nunca, hasta que le conocí a él.
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