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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 12 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 8

8º- Pasión sin control

Estaba tan ansiosa por estar con él, que yo misma me quité la camiseta dejando visible mi sujetador, y luego hice lo mismo con el pantalón. Ni yo misma me reconocía entregándome tanto a nadie.

Él se quitó también la camiseta y luego los pantalones. Estábamos los dos en ropa interior muy juntos, sentir el roce de su piel contra la mía me hacía experimentar una sensación que jamás había sentido, pero estaba encantada.

Se quitó los boxers para dejar a la vista su miembro erecto, y me quitó mi ropa interior. Ahora sí que estábamos muy juntos, yo sentí vergüenza, nunca había estado con un chico de esa forma, pues lo de la violación no había sido una experiencia. No me había entregado a nadie después de eso.

Me puse muy sonrojada, y miré hacia otro lado mientras que con las manos intentaba taparme como podía. –Por favor, no hagas eso… eres muy linda, tan hermosa… mucho mejor de lo que me había imaginado. –dijo sonriendo.

-No me digas esas cosas… es que bueno… yo nunca había estado con nadie de esta forma. –confesé aún sonrojada.

-Tranquila, no pasa nada. Pero te lo vuelvo a preguntar. ¿Quieres hacer esto? ¿Quieres entregarte a mí? –preguntó estaba deseoso por conocer la respuesta podía verlo en sus ojos.

-Claro que sí, sé que no me vas a hacer ningún mal, y tengo muchas ganas de estar contigo. –respondí aguantando su mirada.

Sonrió y volvió a besarme, pero con una de las manos comenzó a bajar, primero acariciándome uno de los pechos, yo suspiré al sentir el roce de su mano contra mi piel. Después fue bajando poco a poco hasta llegar a mi intimidad.

Movía despacio la mano, y yo comencé a emitir pequeños gemiditos a causa del placer. Entonces movió la mano más deprisa, eso hizo que mis gemidos fueran más seguidos y más audibles.

Estaba experimentando algo nuevo para mí, algo que jamás había experimentado con nadie y que me estaba dando muchísimo placer. Yo bajé la mano para poder llegar a su miembro, por pura intuición comencé a mover la mano de arriba abajo, él suspiró y pude oír gemidos que procedían de su boca.

Parece que al acariciarle fue la chispa que le faltaba, y ardió de pasión, sus besos cada vez eran más rápidos y salvajes y movió mi cintura con sus manos para penetrarme. Sentí una sensación muy extraña, pero era una sensación placentera.

Comenzó a moverse despacio, pero no dejaba de besarme, yo estaba cada vez más excitada, por sus besos, por sus caricias, por ese baile en el que nos habíamos sumergido. Poco a poco comenzó a moverse más deprisa, ambos emitíamos gemidos de placer.

Así nos entregamos el uno al otro. Estaba experimentando tanto placer que creía que iba a explotar, que no era posible albergar en el cuerpo tanta cantidad de placer y amor por una persona.

Estaba satisfaciendo mi deseo de amarle y estar con él, él me daba amor y cariño, me daba placer sin límites. En ese momento, supe que había echo bien al entregarme a él, que no me haría daño y que era la persona que estaba esperando, la que me haría ser feliz.

Llegamos juntos al clímax, había sido la mejor experiencia de mi vida, y me había hecho darme cuenta de todo lo que sentía por Cristian. Y pensando en todo ese amor que recorría cada célula de mi cuerpo, me quedé dormida abrazada a él.

Por la mañana muy temprano a las 6, me desperté, alcé la vista y ahí estaba él, tan perfecto y guapo como lo estaba siempre. Me miraba con esos ojos azules suyos que me desconcentraban tanto, y pude ver como comenzó a sonreír.

-¿Qué ocurre? ¿De qué te ríes? –pregunté intrigada.

-Nada, es que estaba recordando todo lo que pasó anoche. Y bueno… te miraba dormir, porque dormida estabas muy hermosa. –reconoció acariciándome la mejilla.

Yo me sonrojé y me acerqué dándole un tierno beso que él correspondió muy alegre. Me miró de nuevo. -¿Te apetece desayunar algo? –preguntó levantándose de la cama.

-Pues la verdad es que tengo algo de hambre. ¿Tienes algún bollo de chocolate? –le pregunté mientras me levantaba también de la cama.

-La verdad es que sí, compré varias cosas para tenerlas listas para el desayuno. –confesó muy feliz.

Estuvimos comiendo varios bollitos de chocolate de los que había comprado, estaba hambrienta. Cuando acabamos me acerqué a él y le abracé, me puse de puntillas para buscar sus labios y besarle.

Era tan tierno y cariñoso, que me hacía sentir muy especial. Le abracé más fuerte y le seguí besando. Comencé a caminar hacia atrás arrastrando a Cristian conmigo, él se dejaba guiar. Yo sabía que sola no podría hacer que se moviera, pero él respondía como esperaba.

Llegamos a la habitación y nos tumbamos de nuevo. Como nos acabábamos de levantar él tan solo tenía el pantalón del pijama y yo tenía su camiseta. Tiré hacia debajo de sus pantalones.

Él paró un momento de besarme y me miraba algo extrañado, pero antes de que pudiera decir nada, me quité la camiseta y volví a besarle. En ese momento, me siguió, comenzó a acariciarme por cada parte de mi cuerpo a la que llegaba.

Yo también le acariciaba, le besaba, quería volver a sentirle conmigo, quería volver a sentir esa pasión y excitación que había experimentado por la noche. Por lo que podía sentir él estaba muy a gusto, pues pude sentir en mi piel cómo se puso erecto su miembro.

Lo acaricié con la mano y me moví buscando que me penetrara, él ayudó a que fuera más fácil. Al penetrarme emití un gemido muy fuerte, estaba como fuera de mí, tan excitada que hasta se me olvidaba que tenía que respirar.

Todo me daba igual, lo único que quería era sentirle dentro de mi, sentir mucho placer y que me demostrara los sentimientos que tenía por mí. Le hice un gesto con los brazos para que se moviera, me coloqué encima de él.

Empecé a moverme muy deprisa, tanto que comencé a sentir muchísimo placer. Cristian también, le miré a la cara y tenía los ojos cerrados y suspiraba y gemía. Entre tanto gemido consiguió articular algunas palabras. –Eres fabulosa… no pares…. Me has enloquecido. –

Eso hizo excitarme mucho más, le daba placer a mi chico, a la persona más maravillosa, y eso hizo sentirme muy bien, como poderosa. Ver excitado a Cristian aumentaba el placer que estaba sintiendo…

Era un baile frenético y lleno de pasión, llegando juntos al clímax. Me besó con calma en los labios y se apartó unos centímetros para poder mirarme, entonces esbozó una sonrisa que casi me dejó sin aliento.

-Eres fantástica… ha sido estupendo… -dijo algo sonrojado.

Era maravilloso ver que estaba sonrojado, saber que le había dado mucho placer y me alegraba muchísimo de demostrarle mi amor, porque era el chico perfecto, el más perfecto que había conocido nunca.
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