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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 13 de diciembre de 2009

Destino caprichoso capitulo 9

9º- Romanticismo por los cuatro costados

Me levanté de la cama y comencé a buscar mi ropa por la habitación, con tanto desenfreno y tanta pasión de la noche no encontraba donde tiré cada cosa. -¿Buscas esto? – preguntó Cristian.

Le miré y tenía mi sujetador en la mano y estaba sonriendo de oreja a oreja. Al verlo me sonrojé y se lo quité de las manos. Él se echó a reír y se levantó para acercarse a mí. –Eres adorable, sobre todo cuando te sonrojas. –comentó alegremente.

Le di un beso muy tierno y me dispuse a vestirme ya con toda la ropa en la mano. –Ha sido un fin de semana estupendo, pero tengo que irme que no llego al trabajo. –dije mientras me ponía la ropa.

-Pues en realidad no vas a llegar tarde… -le miré y estaba esquivando mi mirada.

-¿Y eso? Si entro a trabajar en media hora. –pregunté algo extrañada.

-Pues… como quería pasar más tiempo contigo, le pedí a tu hermana que llamara al colegio para decir que estabas enferma. Le dejé una nota en tu casa antes de irnos. –explicó con cara de arrepentimiento. –Sé que no debí hacerlo pero quería pasar más tiempo contigo. –se justificó. -¿Te has enfadado?

-No, de hecho me parece un detalle muy bonito, no debiste hacerlo y menos sin consultarme, pero está bien. –contesté con una sonrisa.

Me cogió la mano y me acercó a él para que le abrazara, estaba tan a gusto entre sus brazos… Sentía como si estando entre su abrazo no me pudiera ocurrir nada malo. Pero claro, si no iba a trabajar y pasaríamos el día juntos, era porque haríamos algún plan o iríamos a algún lugar.

-Bueno y ya que vamos a estar juntos, ¿Qué es lo que vamos a hacer? –pregunté intrigada.

-Pues… había pensado ir al parque del retiro y alquilar una barca para estar juntos. Luego podíamos ir a un restaurante muy bonito que conozco. Y por la tarde había pensado en recoger a Evelyn para irnos a jugar los tres al parque. ¿Te parece bien el plan? –preguntó con mucha ilusión.

-Me parece un plan maravilloso. –contesté dándole un tierno beso.

-Pero antes quiero hacer un par de cosas, busca en mi armario, compré una cosa para ti, que espero que sea de tu agrado, y luego date una relajante ducha. Para cuando estés lista habré terminado.-explicó abrazándome.

Fui a la habitación y vi en el armario un vestido azul precioso, lo cogí y fui al baño. Lo cierto es que había tenido tantas emociones desde el sábado que me vendría bien relajarme.

Me metí en la bañera y estaba tranquila, muy a gusto, recordando todo lo que había pasado con Cristian. No podía negar todo lo que sentía por él, pero estaba feliz, de haber encontrado a alguien maravilloso para compartir mi vida.

Estuve bastante rato, tenía intriga por saber cual era la sorpresa pero quería darle tiempo a hacer lo que tuviera que hacer. Por fin, salí de la bañera y comencé a vestirme, lo cierto es que el vestido era precioso y me quedaba bien.

Miré por el baño y hasta había un par de estuches de maquillaje, pensaría que me querría maquillar y preguntaría en alguna tienda, porque eran los típicos maletines pequeñitos que viene un poco de todo, no pude evitar sonreír, tenía cada detalle…
Salí del baño y estaba él en el pasillo, esperándome. Al verme puso una sonrisa de oreja a oreja y se acercó a mí, me rodeó la cintura con sus brazos y acercó su cara a la mía, poniéndonos muy cerca.

-Estás muy linda… el vestido te queda genial. ¿Te gusta? –preguntó ilusionado.

-Es precioso el vestido, pero no debiste molestarte. –le dije algo retraída.

-No es molestia, quería hacerte un regalo y veo que te gusta y te queda estupendo, te ves muy hermosa…-al decirlo se acercó más a mí.

Podía sentir su aliento rozando en mi cara, era tan embriagador, me sentía muy a gusto a su lado, y esa mirada… me cautivaba… Me acerqué a él para que nos termináramos de juntar, para darle un beso.

Sus besos eran como una droga que me hacían sentirme como en el cielo, haciendo que necesitara más besos. Creo que con tener a mi lado a mi hija y a este ángel tendría una vida plena, no necesitaba nada más que cuidar de mi pequeña y el amor de esta persona tan fabulosa.

Terminamos de besarnos y me cogió la mano, para dirigirnos al coche. Pues como había dicho íbamos a ir al retiro. Nos montamos en su coche y nos fuimos allí, hacía un buen día así que todo sería perfecto. Alquiló una barca y estuvimos un par de horas, era muy romántico, como en las películas.

Me sentía como una princesa de un cuento, que había encontrado a su príncipe azul. No solo me amaba si no que quería a mi niña con locura, quizás eso fue lo que hizo que me dejara llevar, saber que iba a cuidar a mi pequeña como si fuera suya.

Después salimos del retiro, había sido tan romántico estar en la barca… no paraba de sonreír de lo feliz que estaba. Montamos en el Volvo y nos dirigimos al restaurante, nada más llegar y solo viendo la parte de fuera se veía que era un restaurante extremadamente caro.

Me quedé algo cortada, no podía pagar algo así aunque fuera a medias, me parecía algo excesivo y no sabía ni qué decir. –Pero… este sitio tiene pinta de ser carísimo…-comenté sin dejar de mirar la fachada.

-No te preocupes, que yo invito, quiero que sea algo especial. –contestó.

-No quiero que te gastes tanto dinero, podemos ir a cualquier otro lugar. –estaba algo nerviosa.

-Nada de eso, vamos a entrar porque es un sitio muy romántico y se come muy bien. –dijo alegre.

Me giró la cara con su mano para que le mirara, estaba sonriendo y acercó su cara a la mía, me dio un beso tan convincente que no pude replicar nada con respecto al restaurante.
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