Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 20 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 10

10º- Los problemas se acercan…

Me sujetó las muñecas con una mano y comenzó a besarme muy intensamente, y con la mano que tenía libre me acarició por el cuello. Me estaba haciendo sentir mariposas en el estómago y mi respiración se aceleraba.

Pero en seguida se apartó un poco, dejándome algo alterada. Yo puse cara de enfado. –No hagas eso, que me apetece seguir… -dije sonrojada.

-Lo lamento… no pretendía que me malinterpretaras… -se disculpó.

-No digas eso, además tendremos que seguir en cuanto tengamos la oportunidad ¿no? –pregunté levantando una ceja y mirándole.

-No creo que sea buena idea… yo… podría lastimarte y no sabes cuanto. –intentó justificarse.

-No lo creo, además me arriesgaré, merece la pena solo por estar contigo. –dije sonriendo y dándole un beso en la nariz.

-Bueno, ya lo hablaremos otro día. Ahora es tarde, es mejor que te acompañe a casa. Que tienes que hacer cosas humanas como cenar. Humanos endebles… –contestó riéndose.

Todo era perfecto estando con Cristian, nada podía ponerme de mal humor, o hacerme ningún mal, pues le tenía a él para protegerme y amarme y me sentía afortunada, por tenerle para mí.

Cada tarde solíamos vernos para estar juntos, y fue pasando el tiempo, llevábamos un año juntos aproximadamente. Pero me dijo que una de las tardes no podría verme, tenían que ir a otros hospitales más lejanos para ver si podían conseguir más sangre. Pues en el hospital de Carlisle ya empezaban a preguntar porqué faltaba tanta sangre cada semana.

Así que no sabía a qué hora iría al parque, dependía de lo que tardaran en solucionar lo de la sangre en el otro hospital, estaba algo triste por no verle, pues todas y cada una de las tardes nos habíamos visto.

Esa tarde como sabía que no le vería, nada más salir del colegio, fui con Evelyn al parque para que jugara. Había estado todas las tardes viendo a Cristian y lo cierto es que no pasaba demasiado tiempo con mi hija, y eso que ya tenía más de cuatro añitos y estaba muy crecidita.

Estábamos juntando con una pelota, a ella le encantaba, casi tanto como jugar con muñecas, lo cierto es que era muy ágil. Se le daría bien el deporte cuando fuera algo más mayor, y estaba feliz por eso.

La tarde transcurrió tranquila, hasta que vi una figura que me resultaba familiar, ya la había visto antes y me entró el pánico. Era Enrique, ese vampiro que mataba a los humanos. Justo el día que Cristian no estaba con nosotras…
-Creí que ninguna tarde estarías a solas sin ese entrometido de Cristian. –dijo él acercándose a velocidad rapidísima a mí.

-Lárgate, él está apunto de llegar. –mentí deseando que se creyera mi mentira.

Escondí a Evelyn detrás de mí, tenía que protegerla a toda costa, era mi mayor tesoro… Pero Enrique vio lo que hacía y en un rápido movimiento se puse detrás de mí y me quitó a Evelyn.

-No, por favor… devuélvemela. –dije comenzando a llorar.

-Creo que no, me parece que me voy a divertir un rato. –contestó con una sonrisa malévola.

Cogió a la niña y la tiró al suelo, ella chilló de dolor. Yo fui corriendo en su ayuda, pero me asestó una patada que me mandó varios metros atrás, haciendo que me diera un golpe contra un árbol. La cabeza me daba vueltas y no podía caminar bien.

Como no podía caminar, fui a rastras, necesitaba llegar hasta mi hija y protegerla. Pero mientras llegaba hasta ella pude admirar con horror lo que le estaba haciendo Enrique. La mordía una y otra vez por los brazos y el cuello.

Yo lloraba con más intensidad, me arrastraba lo deprisa que podía hasta que estaba a su lado. Pero no tenía fuerza para que él soltara a mi pequeña. –Por favor… ¡DÉJALA! Te lo suplico… -pedí.

-Ahora me divertiré contigo. –contestó mientras soltaba a la niña en el suelo.

No se movía y yo cada vez estaba más asustada… temía por mi vida pero sobre todo por la de mi hija, la había mordido muchas veces y no se movía, estaba inmóvil como un muñeco…

Pero antes de que se acercara a mi salió disparado por los aires, miré y miré por todos lados, hasta que vi a Cristian. Su mirada estaba cargada de furia, estaba fuera de sí de lo enfadado que se le veía.

-¡Déjalas, no las toques! –amenazó asestándole otro golpe.

Empezaron a pelearse de forma muy agresiva, y se oyó un golpe sordo, como cuando se cae algo muy pesado. Miré en su dirección y a Enrique le faltaba un brazo que había caído a su lado.

-Maldito… ya nos volveremos a ver… -amenazó, cogió el brazo y salió corriendo.

Cristian se acercó a mí y me abrazó fuerte. –Lo siento… debí estar con vosotras, ¿estáis bien? –preguntó preocupado.

-Yo… yo… mi pequeña no se mueve, la mordió muchas veces… -dije entre llantos.

Él se acercó, se quedó mirando a la niña y la cogió en brazos. –Vamos tenemos que ir a mi casa. Súbete a mi espalda y no te sueltes por nada del mundo. –contestó muy serio

Le hice caso y me subí a su espalda, me agarré todo lo fuerte que pude y él llevaba a la niña en brazos. Comenzó a correr, y empezamos a ir muy deprisa, como cuando va acelerando poco a poco una moto.

En escasos minutos llegamos a su casa. Me bajé y entramos dentro. –Papá, ven, te necesito. –pidió Cristian.

Carlisle salió sonriendo pero en cuanto nos vio se le borró la sonrisa de la cara. -¿Qué ha ocurrido? –preguntó observando a la niña.

-Es Evelyn su hija, Enrique las atacó, tiene muchos mordiscos, se está desangrando, o al menos la poca sangre que dejó Enrique. No sé como lo ha hecho, se ha bebido la sangre pero no ha dejado ponzoña en su cuerpo… -explicó Cristian.

Yo lloraba de angustia por mi hija, mi pequeña, a la que se le estaba escapando la vida poco a poco, no sabía lo que hacer, pero debía estar a su lado. Era mi mayor tesoro, mi hijita del alma…

-Hijo, lo único que podemos hacer mientras es una trasfusión, pero no tiene mucho tiempo. No creo que aguante. –explicó Carlisle.

-Explícame que pasa Cristian, por favor… -pedí aun entre llantos.

-Pues… no le quedan muchas horas de vida, a no ser…- no terminó la frase.

-A no ser… ¿Qué? –pregunté impaciente.

-A no ser… que la transformemos, es posible que así sobreviviera… -explicó él.

-Pero… entonces sería un vampiro como vosotros ¿no? Y no crecería… -contesté pensando.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Que pasadaaaaaaaaaaaaaaaa
me encantaaaaaaaaaaaaa
Me muero de ganas por saber que sucede después, ¿la transformaran?
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAa

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