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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 23 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 16

16º- Amor incontrolable

Ese día transcurrió largo, largo porque deseaba volver a estar con Cristian. Volver a estar juntos, como por la noche, juntos, dándonos caricias, amor, sentir esa pasión y esa lujuria.

No veía el momento de estar juntos, al salir del colegio Cristian me esperaba en el parque. A Evelyn la fue a buscar Esme, pasaría la tarde de nuevo con ellos, para que así disfrutáramos de un rato a solas.

Nada más ir al parque apareció por sorpresa cogiéndome de la mano. Al principio me sobresalté, pero nada más le vi, se dibujó una enorme sonrisa en mi cara, era tan guapo…

-Hola, te extrañaba… -dije mientras le besaba.

-Qué día más largo… -contestó él.

Nos fuimos dando un paseo, pero no íbamos despacio, parecía que íbamos en una carrera de marcha, porque nos faltaba poco para ir corriendo, ambos estábamos impacientes por llegar a casa, necesitábamos sentirnos mutuamente.

Traspasamos la puerta de casa, me giró y me rodeó por la cintura con sus brazos y empezó a besarme de forma urgente, me cogió en brazos y a velocidad poco humana llegamos a la habitación.

Nos quitamos la ropa tan deprisa como pudimos, para sentirnos cerca, muy cerca, el roce de mi piel con la suya hacía que me estremeciera, era una sensación muy extraña y única que me hacía sonreír.

Pero estábamos tan ardientes de pasión que no nos entretuvimos, me penetró en seguida, necesitábamos sofocar esa pasión descontrolada. De lo encendidos que estábamos llegamos muy pronto al clímax.

Nos abrazamos y él me sonrió. –Se me está ocurriendo una idea… -dijo sonriendo de forma pícara.

Yo le miré intentando saber lo que estaba pensando, me cogió en brazos y me besó de forma muy dulce mientras caminaba. Entramos en el baño y abrió el grifo del agua caliente.

-¿Un baño? –pregunté levantando una ceja.

-Sí… no sé, yo sé que no noto eso de estar mojado o no, pero tú sí, y quiero ver si te gusta… -contestó metiéndose en la bañera conmigo en brazos.

Puso templada el agua, la temperatura justa, el agua me rozaba por todas partes y hacía que el placer que sentía se incrementara con creces. Él sonrió. –Sabía que era buena idea… -comentó.

Nos fundimos en uno solo, estuvimos inmersos en ese baile durante mucho rato, no recuerdo cuanto, pero fue una de las mejores experiencias que había tenido nunca. Pero yo no podía sentir nada a mi alrededor tenía los ojos cerrados, no me daba cuenta de nada, tan solo del grandísimo placer que estaba sintiendo…

Llegamos al clímax y me besó de forma muy dulce y tierna, yo suspiré de felicidad y abrí los ojos. Me quedé con los ojos como platos al ver que a la bañera le faltaban dos trozos por los lados…

-¿Qué le pasó a la bañera? –pregunté asombrada.

-Pues… no me pude controlar… es que me descontrolo al estar contigo… -confesó algo avergonzado.

-Jeje, bueno tranquilo, no pasa nada. Solo es una bañera. Además eso demuestra que te gusta cuando estamos así de juntos. –dije dedicándole una sonrisa.

-Gustarme es quedarse corto, es una sensación única, mucho más que al probar la sangre. Es… indescriptible lo que siento… -contestó.

Así aprovechamos ese rato que nos quedaba a solas, pues en esa ocasión ya no quería que mi niña estuviera lejos de mí, a pesar de que sabía que yo debía dormir, pero estaba tranquila pues sabía que la niña se quedaba con Cristian.

Por lo que me contaban, solían quedarse leyendo cuentos, jugando a distintos juegos o viendo alguna película, pues por muy vampira que fuera, era una niña de 4 años y le encantaban ese tipo de cosas.

Incluso a veces jugaba con las muñecas, aunque Cristian era algo reacio, no le gustaba demasiado tener que jugar con las muñecas de la niña. Pero claro, no podía salir a jugar al parque a esas horas, llamarían demasiado la atención sobre todo por la niña al ser tan pequeña.

Todos los días por las tardes, después del colegio, nos íbamos los tres al parque, ellos jugaban a la pelota y al pilla-pilla, al estar en una zona apartada no solía haber gente. Y como Cristian jugaba con ella, no tenía miedo de lastimar a nadie.

Yo mientras me sentaba a verlos era asombrosa la velocidad, la agilidad, y la fuerza. Me maravillaba verlos, y la verdad es que les envidiaba, siempre había sido muy torpe para los deportes y no solía ser demasiado ágil.

Pasadas un par de horas decidimos marcharnos, pues yo tenía que hacer “cosas humanas” como las llamaba Cristian. De todas formas no me gustaba que la niña estuviera muchas horas sin alimentarse, pues no queríamos arriesgarnos a que sintiera sed cerca de algún humano.

Me levanté y me sentí algo mareada, pero no quise decir nada. Caminamos hacia la casa, tampoco es que estuviéramos muy lejos. Adriana llevaba varios días fuera, al final se había ido con Pedro ese chico que le gustaba.

Por fin se habían lanzado y la verdad es que les iba muy bien, él la invitó unos días a un parador de Toledo, así que estábamos los tres solos. Estábamos al lado de casa pero el mareo aumentó y vomité en el suelo.

-Preciosa, ¿Estás bien? –preguntó Cristian preocupado.

-Mami, ¿tas malita? –preguntó Evelyn.

-Tranquilos estoy bien, estoy un poco mareada, será que me hace falta descansar. –dije mientras la cabeza aún me daba vueltas.

Cristian me cogió en brazos y me subió a casa, me tumbó en la cama y me arropó. –Estoy bien, tranquilo. –contesté.

Pero pasé muy mala noche, cada dos por tres vomitaba, y mi mareo iba en aumento. No me enteré de mucho, tan solo que podía aspirar el aroma de Cristian, por eso sabía que estaba en la habitación.

En una de las veces que estuve medio despierta, escuché hablar a Cristian, me puse a escuchar aunque sabía que no debía –Papá, no sé está muy rara. Tiene muy mala cara. No sé… estoy preocupado. –dijo él.

Seguí a la espera, sabía que no debía escuchar, pero me resultaba inevitable. –Pues… lo cierto es que lo hicimos 2 o 3 veces, pero yo creía que eso era imposible, aunque supongo que puede ser… No sé, no quiero preocuparla. –comentó con voz apagada.

¿Que tendría que ver lo que habíamos hecho con estar mala? Entonces me quedé petrificada… sería posible que yo pudiera estar… Inconscientemente abrí los ojos y me puse la mano en mi tripa plana.
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2 rosas :

neitaloka dijo...

me encanta marru! estas exa una artista!!

Ana Carlisle dijo...

me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
el proximo yaaaaaaaa

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