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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 26 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 20

20º- Necesidad de amor

Mi barriguita aumentaba de tamaño por días, estaba feliz sintiendo crecer a mi pequeño, pero claro, todo era tremendamente repetitivo y aunque Cristian me había prometido hacer más cosas, terminé por cansarme.

Además es que yo quería estar con él, pero estar con él a solas, estar con él juntos, entregarnos el uno al otro, pero nunca estábamos a solas, sería imposible intentar nada…

Estaba triste, necesitaba sentirle, sentir sus caricias y todo su amor, me sentía poco quería y poco deseada y eso anímicamente se me notaba, estaba haciendo mella en mí, y Cristian debió notarlo.

-Preciosa, ya no sonríes, ¿qué te preocupa? –preguntó cogiendo mi mano.

Pero me puse a pensar, decírselo a lo mejor servía de poco, tan solo para sonrojarme y no conseguir nada. Así que tomé una decisión, mostrarle lo que quería decir, me acerqué poco a poco…

Le miré fijamente a los ojos y esbocé una leve sonrisa, él me miró sorprendido, no sabía muy bien a lo que me refería. Acerqué mis labios poco a poco a los suyos, se rozaron y Cristian comenzó a besarme de forma muy tierna…

Enrosqué mis manos alrededor de su cuello, y él me apretó contra su pecho, no mucho, ya que mi prominente barriguita le rozaba. Metí mis manos por debajo de la camiseta para acariciarle el torso y él suspiró…

-Mel… no estamos solos… además no sé si debemos… -dijo casi en un susurro.

-Pues podíamos estar solos… si tú estás conmigo no me va a pasar nada, por favor… -pedí suplicante.

Él suspiró y cerró los ojos. –Cuando me pides las cosas así pierdo todo el control y la voluntad…- dijo mientras me abrazaba.

Salió de la habitación y cerró la puerta, entonces me fue inevitable sonreír, había conseguido lo que pretendía, o al menos en teoría lo había conseguido. Pero claro, era evidente que su familia sabría la razón por la cual querría que se marcharan…

No tardó mucho en regresar, y tenía dibujada en su cara una sonrisa, la sonrisa que me dejaba sin aliento. –Estaremos solos el resto del día, ellos se fueron a jugar con Evelyn. Se han ido al bosque para poder correr sin que les vean. –explicó Cristian.

Yo sonreí desmesuradamente mientras le hice una seña con el brazo para que se acercara a mí. No tardó nada en hacerme caso y me besó de forma muy tierna. Pasó su lengua por mis labios, después introdujo su lengua en mi boca y un escalofrío de placer me recorrió por el cuello.

Le agarré muy fuerte por el cuello para acercarle más a mí, podía aspirar su aroma, ese aroma que era como una droga, mi droga. Lo necesitaba más que al chocolate que tanto me enloquecía. Al oler su aroma una especie de interruptor en mi cabeza saltó y me encendió.

Le apretaba tan fuerte que comencé a hacerme daño en los dedos, apreté los ojos para aguantar el dolor, pero Cristian se apartó ligeramente de mí. –Preciosa, ten cuidado, no quiero que te lastimes, no tenemos prisa… -comentó con voz muy dulce.

-Pero necesito sentirte… -suspiré acariciándole la mejilla.

Él al notar el roce de mis dedos contra su piel dibujó una leve sonrisita. Me volvió a besar de forma muy lenta, tierna, cariñosa… yo me estaba regocijando, había conseguido lo que quería, estar a solas con mi amado, que estaba dispuesto a darme placer…

Me quitó muy despacio la camiseta, sobre todo con cuidado, pues la barriguita estaba enorme y eso dificultaba cualquier movimiento. Después me quitó los pantalones y se quitó su ropa, aunque su ropa se la quitó mucho más rápidamente y con más agilidad.

Estábamos en ropa interior y su tacto frío encendía más el fuego que había en mi interior, pues chocaba con ese fuego pero me encantaba… Me acariciaba por todas partes y yo tenía los ojos cerrados por el placer que sentía…

Se quitó los boxers y me quedé con los ojos como platos, hacía mucho, mucho tiempo que no estábamos a solas y volver a verle así… hizo que me ruborizara demasiado y él sonrió.

Me quitó mi ropa interior y me acarició la intimidad lentamente, suponía que era por las hormonas, el embarazo y todo, pero en esa ocasión solo con rozarme ligeramente me hacía estremecer…

-Um… sigue… -dije entre gemidos.

Me dio la impresión de que eso le encendió más, porque se colocó para poder penetrarme, en ese instante ambos emitimos un sonoro gemido, y comenzó a moverse, pero muy despacio, pues la barriguita dificultaba sus movimientos.

Pero ese ritmo lento y tranquilo me gustaba, no podía controlarme, no paraba de emitir gemidos… él estaba tan encendido como yo, pero paró de golpe y se quedó quieto… Hundió las manos en el colchón, y pude oír como los muelles empezaban a sonar de la fuerza que ejercía.

-¿Estás bien? –pregunté algo angustiada.

Él suspiró con los ojos cerrados. –Tranquila, es que… no quiero perder el control, ahora os tengo que cuidar. Peque, te adoro. –dijo besando mi barriguita.

Nada más sentir sus labios en mi barriguita que era enorme, demasiado nunca había visto algo así; el bebé se agitó, sabía que podía entender lo que le había dicho. –Él también te quiere, y se alegra mucho de que le quieras tanto… -dije sonriendo poniendo la mano sobre la barriguita.

Volvimos a lo que estábamos pues él estaba aún dentro de mí, y se movió con calma, respirando tranquilamente. Supuse que era para no perder la concentración y el control, y así estuvimos durante muchísimo rato.

Llegamos juntos al clímax, y nos quedamos abrazados, él se colocó de forma que podía acariciar mi tripita, me relajaba mucho a pesar de su gélido tacto. Y podía sentir que el bebé también se calmaba cuando notaba el tacto de su papá a través de mí.

Como si pudiera entenderle, no sabía por qué ocurría eso pero me hacía sentir muy especial. –Al bebé le encanta que acaricies la barriguita. –comenté mirándole ilusionada.

-Ya es la segunda vez que me dices esa clase de cosas, es que… ¿Puedes hablar con el bebé mentalmente? –preguntó intrigado.

-No es eso, es como si pudiera sentir sus emociones dentro de mi cabeza, no sé, es muy extraño pero me gusta saber lo que siente nuestro peque. –comenté mirando mi barriguita con amor.

-Eso es… muy interesante… -dijo muy pensativo.

-¿En qué piensas? –pregunté con curiosidad.

-Pues… tal vez tengas el poder de sentir las emociones como si las sintieras en tu propia piel. A ver, ¿puedes sentirme a mí? –preguntó sentado en la cama.

Yo me concentré, intentando sentirle, pero… por más que me concentraba solo notaba las emociones del bebé. –Pues… lo cierto es que no… -reconocí encogiéndome de hombros.

Se acercó un poco más a mí y puso su mano sobre la mía. – ¿Ahora puedes sentirme? –preguntó.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

UUUUUUUUUOOOOOOOOOOOOOOO
Que interesante se pone la cosa!!!!!!
MASSSSSSSSS

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