Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 27 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 24

24º- Vida que se escapa…

Salieron de la habitación, yo esbocé una mínima sonrisa. Era cierto que necesitaba a mi bebé, me daba cuenta en ese momento de lo mucho que le extrañaba y de las ganas que tenía de tenerle conmigo.

Al cabo de unos minutos se abrió la puerta, era Cristian, era tan guapo que me dejaba sin aliento verle. Traía en brazos al niño, que evidentemente ya andaba y demás, la verdad es que me sentía orgullosa, pero luego recordaba lo rápido que creía y me deprimía más.

-Preciosa mira, te traigo a nuestro pequeño para que estés con él. –comentó él acercándose a mí.

-Hola… -suspiré mirándole a sus preciosos ojos.

-Mami, ¿tas mala? –preguntó mirándome.

-Campeón, mamá está un poco malita, si tu la cuidas se pondrá buena, ¿Vale? –dijo Cristian a Eric.

-Vae papi. –contestó él muy contento.

-¿Nos dejas un rato a solas? Quiero estar con él un poco. –dije casi sin fuerzas.

-Está bien, pero si quieres algo, me llamas que sabes que te oiré. –respondió dándome un beso en la frente.

Salió de la habitación y me había dejado a Eric encima de la cama. –Mi pequeño… -suspiré abrazándole.

-Mami… -contestó devolviéndome el abrazo.

Pero estando abrazada a él sentí un dolor profundo en el cuello. No quise gritar pues Cristian podía oírme. Eric se apartó de mí y yo me toqué en el cuello donde sentía el dolor. Miré la mano y tenía sangre, mi sangre…

Él me miró avergonzado. –yo malo, ise pupa a mami, pedo mami huele rica… -contestó él.

-Tranquilo. –dije acariciando su mejilla. –te perdono, pero no debes decirle nada a papá ni a los abuelos, ¿vale? –dije mirándole.

-Vae. ¿pedo me queres? –preguntó haciendo un puchero.

-Claro que sí, mi tesoro, te quiero con locura. –contesté dándole un beso en la frente. –Tienes que prometerme que siempre vas a cuidar de tu hermana. Aunque ella es mayor que tú, pero tú eres su hermano. –comenté.

-Si, yo quido a la manita. –respondió aplaudiendo.

Me tapé la herida para que dejara de sangrar. La verdad es que no había sido muy profunda, y como tenía una boca pequeña no era muy grande. De todas formas, me la podía tapar con el pelo.

Cristian se llevó al niño, ya habíamos acordado que no diría nada, y yo iba a disimular todo lo posible. Pero claro, recordaba que Carlisle había dicho que tenía ponzoña como ellos, aunque tal vez no hubiera entrado nada en mi cuerpo, pues había sido solo un pequeño mordisco.

Pasaron un par de horas, empecé a sentir mucho ardor en todo el cuerpo, como si la sangre por mis venas me hirviera. –Estoy ardiendo, me quema… - dije casi sin fuerzas.

-¿El qué te quema? –preguntó examinando mi cuerpo.

Yo me retorcía a pesar de estar casi sin fuerzas. Giraba la cabeza a los lados bruscamente, me daba cuenta de que Cristian me vería la herida del cuello, pero el ardor era insoportable, como si por dentro de la piel estuviera ardiendo.

-¿Y esta herida? Huele a ponzoña. –dijo preocupado.

-No es nada… -contesté.

-Es un mordisco Mel. Además tu sangre huele a ponzoña, es imposible que me lo niegues. –respondió enfadado.

-Fue el niño, no lo hizo a posta, pero no hizo nada. –dije.

-Papá, ven aquí te necesito. –dijo en voz no demasiado alta.

Carlisle llegó en unos segundos, nada más entrar en la habitación olisqueó con la nariz. -¿Ponzoña? –preguntó sorprendido.

-Fue el niño, no es demasiada. ¿Crees que pasará algo?- Cristian estaba muy angustiado.

-Pues si fuera una humana sana, lo que ocurriría es que la transformaría aunque muy lenta y dolorosamente, pues es poca cantidad de ponzoña. Pero ella está muy débil, su cuerpo no puede soportarlo. Si se lo extraemos va a morir igual porque le quitaríamos la poca energía que tiene. Solo queda una opción…-dijo sin terminar de hablar.

-¿Qué opción? –preguntó desesperado.

-Meter más cantidad de ponzoña para que la transformación sea rápida. Tal vez así su cuerpo aguante. –comentó Carlisle.

-¡NO! No… no puedo. No puedo hacerle eso. –decía Cristian cerrando los ojos.

-Cristian, si no, va a morir de todos modos… Entonces si que la perderás. –contestó su padre.

Yo como pude y aguantando ese ardor insufrible por un instante conseguí hablar. –Cristian, te amo… te amaré siempre… -susurré antes de cerrar los ojos

Ese dolor se apoderó de mí, la sangre me hervía, me estaba machacando, un dolor tan profundo que jamás lo había sentido. Los dolores del parto de Eric eran cosquillas en comparación con ese dolor.

Sentía gente a mí alrededor, era como estar encerrada en una caja, podía sentir el exterior pero yo no podía moverme, ni hablar, ni abrir los ojos. Tenía la sensación de que si me movía el dolor se incrementaría.

-Cristian, Evelyn, Eric… -suspiré retorciéndome de dolor.

-Mel… Mel… Mel… -oía la voz de Cristian.

Ahora le oía, debía estar muerta, la ponzoña de mi pequeño había acabado con mi vida. Pero al menos si podía oír a mi amado, estaría en el cielo. Tenía una voz tan melodiosa que estar muerta y oír su voz, era mi cielo particular.

Estaba tranquila a pesar del dolor, me dolía no estar con mis hijos, mi hermana y mi amor. Pero al menos sabía que él los cuidaría para siempre. O a Eric al menos hasta que se hiciera mayor y muriera.

No podía consentir que mi hijo muriera, y en tan pocos años, era lo peor. Ese cielo en el que me parecía estar ya no era tan maravilloso. Tenía que verle por última vez, a los 3, necesitaba despedirme para luego morir tranquila.

Me concentré todo lo que pude, ahora oía muchos sonidos, el dolor iba en disminución. Estaba más tranquila, sentía más fuerza en mi interior, y la sangre ya no me hervía. Lo cierto es que en ese momento sí que estaba en paz y como en el cielo.

Abrí lentamente los ojos y todo era distinto, los colores, las formas… eran parecidos a los que conocía pero tenían matices distintos. También los olores, distinguía olor a velas encendidas, olor a chocolate, y un aroma familiar… el aroma de Cristian… giré la cabeza y allí estaba él a mi lado tan perfecto… más que nunca…
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

ooooooooooooooo
Por fin se a transformado ^^
quiero el siguiente

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.