Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 28 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 26

26º- Tristeza que se va

Cristian aún tenía los ojos como platos mirándome, pero se le notaba contento y feliz. –Vaya, así que tu don es muy interesante. Pero yo creí que podrías sentir las emociones de los demás como te pasaba con el bebé. –comentó.

-No era yo, ya te lo dije, era él. –respondí.

-Pero él no ha dicho nada, ni ha mostrado nada. –dijo.

-Podemos hacer la prueba ahora. –añadió Carlisle.

-Eric, toca mi mano y concéntrate en lo que siento. –dijo Cristian. Él le miraba extrañado, pero puso su mano sobre la suya. –Intenta ver cómo me siento, dentro de tu cabeza. Y dime si ves algo. –

-No, papi. –dijo algo triste.

Pero me daba la sensación, de que lo que el niño hacía durante el embarazo, era transmitirme sus sentimientos, como hablar, pero a través de sentimientos. –Cristian, creo que lo que hace Eric no es sentir tus emociones, si no transmitirte sus sentimientos. –contesté.

-¿Tú crees? –preguntó intrigado. –A ver, campeón. Piensa, por ejemplo en estar alegre, y toca mi mano.

El niño, estaba desconcertado, no sabía muy bien las cosas que le pedía su padre, pero intentaba complacerle como podía o como entendía. –Estás preocupado, porque no sabes si haces bien lo que te estoy pidiendo. –contestó Cristian, a los pocos segundos.

Él se asustó un poco, y retrocedió hasta mí, yo le abracé. –Mi pequeño, no pasa nada, es algo bueno. Es un don, algo que te hace especial. Así cuando te pase algo o estés triste, si nos tocas a alguno de nosotros, nos lo podrás decir. –le intenté explicar.

-Vae, mami. –respondió abrazándome.

Se quedó jugando con Evelyn, ya había tenido bastante por un día, Cristian quería seguir probando, pero era solo un niño, no quería que le agobiaran con eso. Así que le sugerí que estuviéramos un rato a solas.

Nos fuimos a la habitación, y dejamos a los niños con Esme. Nos sentamos en su cama. –Mel, veo que estás como triste todo el tiempo. Supongo que lo de tener ahora una vida eterna y maldita no es algo agradable. –dijo con voz apagada.

-No es eso, ese es un regalo fantástico. Es que estoy pensando en Eric. Veo que crece mucho, que va a envejecer en unos años y por lo tanto a morir. Por eso cuando era humana me deprimí tanto y no quería vivir. –expliqué.

-¿Por qué no me lo dijiste? Ver cómo se te iba la vida… era como si me fueran despedazando poco a poco y sin remedio. –dijo abrazándome muy triste.

-No quería preocuparos más. Pero el pequeño sigue creciendo más y más… -comenté apenada.

Él me miró a los ojos… los veía mucho más intensos que cuando los miraba siendo humana. Si ya me dejaba sin respiración de lo guapo que era, en ese momento era con mayor intensidad. Pero estaba mirándole con tristeza por nuestro pequeño.

-Mi princesa, lo que hemos podido averiguar, de los que son como Eric, es que… bueno si que crecen y a un ritmo muy rápido, pero su crecimiento se detiene cuando crecen unos 9 años humanos. Ahora que ha nacido parece que tiene 2 años, dentro de un año parecerá que tiene 4 y así sucesivamente. Así que su aspecto se quedará más o menos en una apariencia humana de 18 años más o menos. –explicó.

-¿De verdad? ¿No me engañas? –pregunté ilusionándome.

-¿Cómo te iba a engañar y más en algo tan serio? –preguntó incrédulo.

Me abalancé sobre él, y de lo efusiva que fui y la fuerza que no controlé nos caímos al suelo. Él se echó a reír. –Preciosa, debes controlar la fuerza que empleas… -comentó aún entre carcajadas.

-Ups… lo siento. –me disculpé.

-No pasa nada. Es fantástico, que ya no tenga que concentrarme para matarte, ahora estamos igualados en fuerza. –comentó acariciando mis cabellos.

-Um… pues se me ocurre una forma de probar mi nueva fuerza, y así ver que tú no te contienes para no dañarme… -dije levantando una ceja.

Aún en el suelo, me acerqué todo lo que pude a él y lentamente comencé a besarle, rozando su lengua con la mía, era un tacto como de seda. Su aliento se mezclaba con el mío, su aroma dulce y atrayente me estaba enloqueciendo.

Tiré de su camiseta para quitársela, pero estaba tan ansiosa que no controlé mi fuerza y se la arranqué haciéndola jirones. –Preciosa, cálmate, que en esta casa hay otros 4 vampiros y todos tienen un oído muy fino. –comentó sonriendo.

-Pero…yo quería que estuviéramos a solas… -dije haciendo un puchero.

Él sonrió. –Bueno, tu hermana aún no volvía ¿no? Tenemos tu casa sola si quieres… -sugirió casi en un susurro.

Nada más escuchar su sugerencia se dibujó en mi cara una sonrisa de oreja a oreja. –Me parece maravilloso… -contesté levantándome ágilmente.

Se puso otra camiseta, ya que le rompí la suya. Salimos de la habitación más rápido que el viento, sobre todo yo, que estaba ansiosa por sentir el cuerpo de Cristian con mis nuevos sentidos y ver lo que podía hacer, así que dejamos allí a los niños. Después de que yo estuviera entre la vida y la muerte nos necesitábamos mutuamente.

Cogimos su Volvo, aunque era solo por aparentar, yo quería haber ido corriendo, pero ir por las calles a esa velocidad hubiera sido alarmante para los humanos. Pero eso sí, Cristian fue todo lo deprisa que establecía el límite por la ciudad.

Durante todo el trayecto, no hacía más que mirarle y mirarle sin parar. Era tan bello, tan hermoso, perfecto y maravilloso, era para mí y nadie podría arrebatármelo, ninguna endeble humana… eso me hizo esbozar una sonrisa de triunfo.

Cristian me miró y se dio cuenta de mi sonrisa. –Preciosa, ¿Por qué sonríes tanto? –preguntó con curiosidad

-Es que, ahora eres para mí, y ninguna endeble humana te podrá apartar de mi lado, porque soy muy fuerte. –contesté aún con la sonrisa dibujada.

-A mi me pasa lo mismo contigo, y ahora ya no tengo miedo de hacerte daño. –respondió acariciando mi mejilla.

Llegamos y abrí la puerta, la cerré; y de un ágil salto me subí encima de él. Evidentemente no suponía ningún peso para él. Y comencé a besarle, despacio, de una forma tranquila y sosegada.

Pero de sentir su aliento, su lengua rozando la mía y de la cercanía de nuestros cuerpos, mi necesidad se incrementó notablemente. Los besos empezaron a ser más seguidos, le acariciaba por donde llegaba y él a toda velocidad llegó a la habitación para tumbarnos en la cama.

Iba a cogerle de la camiseta pero me detuvo con sus manos. –Mejor me la quito yo, que si no ¿con qué caras volvemos si estoy sin ropa? –preguntó sonriendo.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me gusta mucho ^^
El final a sido un puntazo

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