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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 28 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 27

27º - Pasión bestial

-Tienes razón. Perdón… -respondí un poco avergonzada.

Se quitó la ropa, y luego me quitó la mía, estaba encendida. En ese momento fue cuando me di cuenta, de que su tacto ya no era frío ni gélido; era cálido, suave, estábamos a la misma temperatura.

-Ya no te noto frío… -susurré.

-Tú antes eras muy suave, y ahora lo eres más si cabe. –contestó acariciándome la espalda, haciendo que una corriente eléctrica me recorriera toda la espalda.

Me acerqué lo más posible y nuestras zonas íntimas, que ya estaban sin ropa interior se rozaron. Ambos suspiramos de placer; Cristian comenzó a acariciarme todo el cuerpo hasta que llegó a mi intimidad.

Yo no pude evitar emitir gemidos al sentir el contacto de su mano contra mi intimidad, jamás había sentido algo así, y eso que mis experiencias sexuales con él habían sido increíbles.

Al ser ambos vampiros, nos sentíamos de otra manera, todo era nuevo, y las sensaciones mucho más profundas. Estábamos en igualdad de fuerza, pero yo aún me dejaba llevar, no tenía muy controlada la fuerza ni esta nueva forma de vida.

Se tumbó encima y yo levanté las manos hacia el cabecero, seguimos besándonos y no tardó mucho en penetrarme. En ese instante fue como si todo mi cuerpo se hubiera acelerado, solo me centraba en Cristian y en el placer que sentía en ese instante.

Nos movíamos muy deprisa, era un baile de amor, pero ese baile fue haciéndose más fiero, y empecé a comportarme de forma muy fiera, era como llevar una bestia dentro de mí y empezar a soltarla.

Me daba tanto placer que empecé a hacer fuerza, sentía como la madera se resquebrajaba por la presión de mis puños, empecé a notar también algo de otro tacto, era la pared, pero no podía controlarme, estaba fuera de mí, esa fiera me estaba dominando.

-Um… no pares…- susurré entre gemidos.

Seguía apretando mis puños y podía notar cómo se hundían en la pared como si fuera plastilina. Bajé las manos y acaricié la espalda de Cristian, le agarraba fuerte, muy fuerte. Y le besaba por el cuello, me olía tan delicioso…

Tan delicioso olía que no pude evitarlo, le mordí, mordí con todas mis fuerzas, jamás había sentido placer haciendo eso, y en ese instante me sentí poderosa, pletórica y más enamorada que nunca.

Llegamos juntos al clímax en dos ocasiones, y nos abrazamos, mirándonos profundamente. Entonces recordé lo que había hecho durante ese baile animal, y miré el cabecero y la pared.

El cabecero tenía dos agujeros, no solo eso, si no que la pared tenía dos grandes agujeros con la forma de mis puños. –Uy… no quería pero es que sentía mucho placer. –dije avergonzada.

Entonces miré el cuello de Cristian, donde le había mordido estaba la señal, una señal profunda. Le toqué con los dedos y él se quejó. –Ay… cuidado, que duele… -se quejó él.

-Yo… lo siento. No pensé que los vampiros les podían doler los mordiscos. –contesté.

-Si que duelen cuando están causados por otro vampiro. La ponzoña de cada vampiro es diferente, y si un vampiro tiene ponzoña de otro en su organismo se pasa bastante mal hasta que se elimina. –me explicó.

Yo al oír eso, me apené muchísimo, le había hecho daño a mi amado, a mi príncipe que tan maravilloso y perfecto era. –Perdóname… lo siento… no lo sabía, lo siento…- pedí.

-Claro que te perdono mi princesa. No lo sabías y además, no sé cuando me estabas mordiendo parecía que te gustaba. –contestó mirándome.

-Pues… la verdad es que ahora que lo dices… No sé sentía algo muy extraño al morderte, era una sensación muy placentera y poderosa… -confesé avergonzada sin mirarle.

-Bueno… si es así puedes hacerlo siempre que quieras. Pero si no te importa, que sea siempre en el mismo sitio. Ya que las cicatrices causadas por los vampiros son para siempre y no se quitan. –me explicó.

-Vale… lo tendré en cuenta. –dije mirándole. –Pero necesito chocolate, me gustó mucho como sabía. No sé más rico que cuando lo comía siendo humana. –contesté.

Me puse su camiseta que me quedaba como un vestido y fui a la cocina, en menos de 10 segundos había ido y vuelto, tenía el chocolate en la mano para comérmelo en la cama. –Puag… no sé cómo puedes comerte eso… -dijo poniendo cara de asco.

Yo tomé un trozó sin hacerle caso, pero fue como dijo él, como comer arena. –Me sabe a arena… no lo entiendo… si antes lo probé. –escupiendo lo que me había metido en la boca.

-Tal vez tu don no es permanente, y debes volver a pensar que te gusta. –comentó Cristian.

Podría tener razón y por intentarlo no perdía nada. Cerré los ojos y me concentré, “me gusta el chocolate, está rico, me gusta y siempre me gustará” me dije mentalmente a mí misma.

Aún con los ojos cerrados pegué otro mordisco al chocolate, que ya volvía a estar tan delicioso como lo había estado en casa de Cristian. –Mm… esto ya es diferente. –contesté relamiéndome.

-Desde luego… ¿Dónde se ha visto un vampiro comiendo chocolate? –preguntó moviendo la cabeza a los lados.

-Y ¿Desde cuándo se ha visto un vampiro quejica? –respondí a su pregunta con otra pregunta.

-Toucheé. – respondió sonriendo.

-Te gané, ya sabes que me encanta tener razón. Sobre todo cuando es cierto que la tengo. –dije sacándole la lengua.

Él sonrió, y movió la cabeza a los lados, enarcó una ceja. –No sé si eras más peligrosa para mí cuando eras humana o ahora siendo vampira… -dijo.

Yo le sonreí y le saqué la lengua, para después darle un largo y tierno beso, que él me devolvió de muy buena gana. Era fantástico no tener que contenernos para darnos ese amor.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me ha gustado mucho este capítulo
Sigue así

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