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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 28 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 28

28º- El mundo es un pañuelo

Nos vestimos y nos montamos en el coche para volver a casa de sus padres. Íbamos a estar con los niños y además yo empezaba a notar algo de sed, tanto ejercicio había tenido su efecto. No es que estuviera cansada pero al salir y oler a los humanos, había notado fuego en la garganta.

Llegamos en nada a su casa, aunque en esa ocasión se lo tomó con más calma, pues no teníamos prisa ninguna. No hizo falta llamar a la puerta, pues Esme venía del bosque y se puso al lado del coche.

Nos bajamos y nos niños vinieron lo más rápido que pudieron para abrazarnos. Eran muy veloces, sobre todo se veía la diferencia en Eric, era asombroso… y eso que solo tenía unos cuantos días, aunque claro de aspecto aparentaba bastante más.

-Mami, ven a ver al tito Pedo. –dijo Evelyn muy contenta.

-¿El tito Pedo? –pregunté poniendo una mueca.

-Ja,ja. Se refiere a mi hermano Pedro. Ella le conoció alguno de los días que vino a pasar las noches aquí. Tú no llegaste a conocerle estabas demasiado ocupada haciendo cosas de humanas. –explicó Cristian.

-Ah… bueno ya quiero conocerlo. Todos hablando de él… –contesté.

-Por cierto. –interrumpió Esme. –Viene con su novia humana, y ella no sabe lo que somos, así que cuidado, ¿vale? Yo aún no la conozco, venimos del bosque los niños y yo. –comentó.

-Está bien. Mel, ¿tú estás bien? Si no pues hay sangre en la nevera.-dijo Cristian.

-Vale, mejor, no quiero dejar sin novia a tu hermano. –comenté con una sonrisa. Así que pasamos a la cocina primero. Incluso los niños tomaron sangre, pues ellos a lo mejor no eran tan conscientes de controlar la sed.

-Están en el comedor, vamos todos juntos y así la conocemos a la vez. Carlisle ya está con ellos dos. –comentó Esme.

Entramos, primero entró Cristian que se quedó como una estatua, yo le miré extrañada. Miré en su dirección y entonces lo entendí todo. –Adriana, ¿Qué haces aquí? –pregunté con la boca abierta.

-¿Y tú qué haces aquí Mel? ¿Y Cristian? –preguntó sorprendida.

A su lado había un chico muy guapo, como todos los vampiros de esa familia, pero ni se podía comparar con la belleza de Cristian. -¿Conoces a mi hermano y a su novia? –preguntó intrigado a mi hermana.

-Ella es mi hermana. Y él es su novio. Pero… entonces… -se quedó sin habla.

Me acerqué a ella, la abracé con todo el cuidado que pude. –Hermanita, tengo algo que contarte… Yo… después de tener al niño… me deprimí mucho y ahora…-no sabía como decírselo. –Mira mis ojos y lo entenderás.

La miré fijamente a sus ojos. Los suyos tenían también verde esmeralda, no eran como los míos que tenían esa mezcla. Pero en los míos ahora por la sangre, el verde empezaba a verse azul. –Entonces… ¿ahora también lo eres tú? ¿Y el niño? –preguntó incrédula.

-Pues compruébalo tú misma. Nació hace días y mira aquí le tienes. –dije mientras le hacía una seña. –Él salió de detrás de su padre que estaba camuflado.

Ella al ver a un niño que aparentaba unos dos años se quedó petrificada, cosa muy normal y comprensible por lo que estaba viendo. Yo chasqueé los dedos delante de ella. –Hermanita… despierta.

-Esto es… alucinante… es… -no tenia palabras, aún tenía los ojos como platos. –Entonces tú…-dijo mirando a Pedro.

-Sí, lo soy. –contestó con decisión.

-Hermanita y ¿conociendo a Cristian, cómo no te diste cuenta, de los ojos? –pregunté extrañada.

-A eso puedo contestar yo. –interrumpió Pedro. –Me puse lentillas, sabía que si no hacía algo, ella empezaría a encontrarme algo raro por el color de los ojos. –comentó. –Así que me ponía lentillas, pero me las cambiaba al cabo de unas horas pues mi organismo las eliminaba. -

Era cierto, hasta ese instante no me había fijado, sus ojos se veían verdes, pero claro, fruto de las lentillas que llevaba puestas. –Es verdad… ¡Qué tonta, ni me había dado cuenta! –dije.

-A propósito, soy Pedro, y mis sobrinitos son encantadores. –comentó Pedro abrazándome.

-Igualmente, soy Melinda. Aunque me suelen llamar Mel. –contesté.

Yo miré a mi hermana aún extrañada por todo lo ocurrido. –Cuando me hablabas de un chico que te gustaba y que se llamaba Pedro, jamás imaginé que se tratara de él. –dije señalándole. –Me alegro mucho hermanita.

Ambos sonrieron, luego se sentaron y se cogieron de las manos. –Bueno… hay otra cosa que queremos deciros… -empezó a decir Pedro.

-Es que… es que… estoy embarazada… -dijo tímidamente mi hermana.

-¡Eso es fabuloso hermanita! –grité de alegría.

-Pero… no pensábamos que tú también hubieras tenido la fuerza de voluntad suficiente como para… llegar hasta ese límite. –comentó Carlisle.

-Ya… bueno la verdad es que no fue tan difícil. –dijo él un poco cortado.

-Entonces, ¿para ti huele como una humana más? -preguntó Cristian.

-Pues sí… no sé, huele apetecible como todos los humanos. Pero lo puedo controlar. –contestó él.

-Es que para mí Mel… olía mejor que nadie. Era como… el canto de las sirenas… Imposible escapar de él, y extremadamente atrayente. –respondió él. –Ahora me huele estupendamente bien, de una forma muy especial, pero ya no corre peligro, evidentemente.

Yo le miré y sonreí, pero sentía algo de vergüenza, estábamos hablando de temas muy personales y los niños estaban ahí al lado. No me gustaba hablar de esa clase de cosas, al menos no con tanta gente delante.

Pero ellos seguían erre que erre con el tema. Yo me quería morir de la vergüenza. Para distraerme cogí a Eric y le hice que se sentara encima de mí. –Mi peque… cada día te veo más mayor. ¿Cuidas de tu hermanita? –pregunté.

-Si, mami, pedo quero jubar. Amos al bosque. –pidió él.

Esa idea me resultó muy atrayente, salir de ahí y poder correr y ser libre… -Me parece estupenda la idea, vámonos. –dije levantándome con el niño en brazos.

-¿Dónde vais? –preguntó Cristian

-Salimos un rato a despejarnos… -comenté.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Por fin!!!
Que ganas de que Adriana y Pedro aparecieran

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