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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 29 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 29

29º- Enemigos…

-¿Os acompaño? –preguntó dulcemente.

-No hace falta, quédate con Evelyn, yo voy con él y así me despejo, que me apetece correr un poco. –contesté dándole un corto beso.

Salimos de la casa y nos fuimos al bosque, cuando estuvimos allí ya podíamos correr sin peligro. Estuve jugando con mi pequeño a las carreras. A ver quién era el mejor de 3, lo hicimos varias veces.

La verdad es que me estaba divirtiendo y el niño no paraba de reírse, estaba siendo una tarde única, disfrutaba de la infancia de mi niño. Bueno disfrutaba de la primera tarde con mi pequeño, pues no habíamos estado a solas desde mi transformación.

No estábamos cansados como era lógico, pero quise que nos tumbáramos para ver las nubes, siempre me había relajado mucho. Y empezamos a ver formas en las nubes, Eric disfrutaba como el niño que era, y yo estaba inmensamente feliz.

Pero empecé algo me sobresaltó, no estábamos solos. Miré a mí alrededor, podía notar un olor de otro vampiro, olía su ponzoña, pero no me resultaba un olor familiar. Por fin después de observar todos los alrededores con la mirada, vi a un desconocido.

Era alto, moreno y muy musculoso, perfecto como lo eran todos los vampiros. Pero me fijé bien, tenía los ojos rojos, como los tenía Enrique, con lo que mataba humanos y seguramente sin compasión.

Yo me levanté y aunque sabía que mi hijo no corría peligro, me puse delante de él a modo de escudo. Él nos miró y sonrió. –No sabía que había más de los nuestros por aquí. -susurró el desconocido.

-Pues ya ves que sí. Adiós. –dije muy cortante.

Él vino hacia nosotros a gran velocidad, se detuvo delante de mí. –No os vayáis tan pronto. Me llamo Javier. ¿Y tú? ¿Y este mocoso, quién es? –preguntó mirándole.

-Déjanos, largo. –dije muy seria.

Cogí a Eric en brazos y eché a correr, no estábamos demasiado lejos de casa pero si lo suficiente como para que fuera imposible que nos oyeran. Sabía que era muy rápida, pero veía que el desconocido también lo era y estaba muy cerca…

Ya estaba viendo la casa, pero Javier me alcanzó, me cortó el paso. Yo dejé a Eric a un lado. –Corre, ve a casa, no pares por nada del mundo. Te quiero. –dije a mi pequeño, dándole un beso.

Él se marchó en dirección a la casa, yo me encaré al desconocido. Saqué ligeramente mis dientes casi como un acto reflejo, ni siquiera lo había pensado. Fue mi propio cuerpo, para intentar intimidar a mi enemigo…

-No hace falta que huyas… sabes que no te voy a hacer nada. ¿Cómo dañar a una criatura tan hermosa? Además hueles… maravillosamente bien. –dijo aspirando mi aroma.

-Pues fíjate, tú a mi no me hueles nada bien… -contesté arrugando la nariz.

-Oh, vamos… Hieres mi autoestima… -respondió simulando ponerse triste.

-¡Uy, qué pena…! –me burlé. –Déjame tranquila o te vas a arrepentir. –le amenacé.

-Uuuu…. ¡Qué miedo…! –simuló temblar.

Se acercó más a mí todavía, estábamos a pocos centímetros el uno del otro. Me miró fijamente a los ojos. Levantó una mano y la puso en mi mejilla, acariciándome. Yo me aparté hacia atrás. – ¡No me toques! –grité enfada.

-Eh… Tranquila. Solo quiero que nos divirtamos un rato. –comentó sonriendo.

-Pero yo no quiero nada contigo. No quiero que me toques, ni que me hables. –respondí furiosa.

Le pegué un empujón con toda la fuerza que sentí en mi interior, y cayó hacia atrás varios metros, chocó contra una roca, que se hizo añicos. Me quedé bastante sorprendida, no había tenido que usar mis poderes hasta ese momento, pero me sentí poderosa al ver lo que había hecho.

Recordé mi don, en ese momento le necesitaba más que en ninguna otra ocasión. “Por favor, que venga Cristian, que venga ya”. Me pedí a mi misma, necesitaba que se cumpliera, pues no sabía si sería capaz de enfrentarme a Javier.

Javier se levantó y estaba furioso, pero tenía una sonrisa dibujada en su cara. – ¿Ah si que te gusta jugar, eh? – dijo.

Corrió hacia mí y me sujetó fuerte del cuello, cogió impulso y me lanzó varios metros. He de reconocer que sentí un leve dolor en el cuello, como cuando a la piel humana la quemaban con fuego, al menos eso me pareció a mí, no estaba del todo segura.

Yo cada vez estaba más enfadada, pero tenía que reconocer que aunque tuviera fuerza, no había peleado, no sabía como defenderme, pues no conocía los métodos de lucha y defensa de los vampiros.

Ni había tenido tiempo de preguntarle a Cristian, ni se me había ocurrido que pudiera necesitarlos, en un tiempo a tan corto plazo. Ahora lamentaba no haberlo hecho, pero haría todo lo posible por defenderme.

Cogí carrerilla, y fui directa a él para empujarle con todas mis fuerzas pero él lo esquivó y me golpeó lanzándome de nuevo hacia atrás. Me golpeé contra un árbol, que se tambaleó, por suerte no llegó a caerse.

-MALDITO, ¿QUÉ LA ESTÁS HACIENDO? –gritó Cristian furioso, que venía corriendo.

Él se acercó a mí. Cogió mi cara entre sus manos y me miró con preocupación. -¿Estás bien? –preguntó.

-Sí, eso creo. Es que he intentado enfrentarme a él, pero no sé como hacerlo. –contesté apenada.

-Tranquila, yo me ocupo. –respondió poniéndose delante de mi.

-Pero bueno… si viene el noviete celoso. ¡Déjanos a solas! Que quiero estar con ella. –dijo enfadado.

-Debes estar soñando… -respondió Cristian con furia.

Entonces ambos echaron a correr, yo miraba preocupada, no quería que le pasara nada malo a Cristian. Sabía que podía suceder pues ya había visto cuando era humana cómo Cristian había acabado con la vida de Enrique sin mucha dificultad. Se oyó un tremendo estruendo cuando ambos chocaron sus manos.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

CONTINUA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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