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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 31 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 34

34º- Todo empeora

Estuvimos un largo rato hasta que llegamos juntos al clímax, pero no nos movimos, nos quedamos abrazados. Necesitaba unos minutos de paz y tranquilidad en los brazos de mi queridísimo Cristian.

Pero oímos un ruido de setos no muy lejos de nosotros, ambos nos sobresaltamos. Cuando vimos aparecer detrás de nosotros a Kira, yo me tapé con lo que pude y me abracé a Cristian.

-Lo siento, no quería interrumpir… Pero oí ruidos y quise investigar. Perdón por la intromisión. –se disculpó avergonzada.

-Tranquila, no pasa nada. –dijo Cristian.

Kira era preciosa, rubia, alta, un cuerpo estupendo… la verdad es que parecía una diosa, aún me seguía preguntando cómo Cristian había preferido a una endeble humana que no era gran cosa y que seguía sin ser nada extraordinario.

Cogí la ropa y me vestí, y Cristian hizo lo mismo mientras Kira se había dado la vuelta. Cuando estuvimos listos Cristian me dio la mano y nos acercamos a ella. –Ya estamos listos. –le dijo Cristian.

-De verdad, que lo siento. –volvió a disculparse.

-No es nada. Estábamos aprovechando una de las últimas ocasiones antes de que me vaya de este mundo. –contesté.

Pero al segundo lamenté haber dicho eso en voz alta, sabía que no le sentaría bien a Cristian, como efectivamente así fue. -¿Qué tonterías estás diciendo? No vuelvas a decir eso, porque vamos a encontrar la Calindium y te pondrás bien. –respondió enfadado.

-Vale. –dije y no volví a hablar.

Estuvimos buscando la flor, pero claro, yo ya lo sabía, era muy difícil, una flor pequeña en una selva tan densa y enorme sería como buscar una aguja en un pajar. Pero no quería que Cristian pensara que no tenía ganas de vivir.

No hacía más que pensar todo el rato, “por favor, que se solucione, que todo tenga solución”. Aunque no hacía mucho efecto, también podría ser porque no me concentraba, era solo un pensamiento como cualquier otro.

Ya era de noche y mi estado iba empeorando, me encontraba bastante cansada, como si fuera a dormir. Así que decidieron que, la búsqueda sería pospuesta unas horas para que yo reposara.

-¿Alguno ha tenido suerte? –preguntó Carlisle a todos.

Pero negaron con la cabeza. Aunque Lizbeth me miraba de un modo extraño, como intentando intimidarme, hasta que abrió la boca. -¿Cómo pretendéis encontrarla en una selva tan grande? Si además ellos dos se dedican a revolcarse como monos pues son dos menos en la búsqueda. –dijo muy enfadada señalándonos.

Nosotros nos quedamos con la boca abierta y los ojos como platos, no solo porque ella también nos hubiera visto, sino que lo había dicho a todos y encima por su actitud parecía que la molestaba.

Todos se quedaron algo asombrados, sobre todo por la actitud de Lizbeth, no sabían muy bien qué decir. –Bueno… creo que no debemos entrar en ese tema. Esas son cosas personales. –dijo Carlisle.

-¿Por qué tengo que buscar una ridícula flor para esa, mientras ella engaña a Cristian para que se revuelquen? –preguntó furiosa.

Cristian se puso en pie, le conocía, eso le había herido y mucho, no se podría estar callado, de eso estaba convencida. -¡No hables así de Melinda, no te lo consiento! Y además lo que yo haga con ella es asunto solo nuestro, que para eso estamos juntos. –contestó Cristian.

Todos estaban perplejos por la situación. –Bueno, creo que no pintamos nada aquí, os dejamos hablar con calma. –dijo Carlisle haciendo una señal para que se fueran todos de allí.

En realidad era una tontería, porque a no ser que se fueran muy lejos, nos seguirían oyendo de todas formas, pero era una forma de darnos intimidad. Cristian seguía de pie y Lizbeth lo miraba furiosa.

-No es solo asunto tuyo. ¿Y yo qué? –preguntó indignada.

-¿Tú qué de que? –preguntó Cristian extrañado pero aún enfadado.

-Yo había venido solo para estar contigo, total si ella va a morirse en 5 días. Y os veo revolcándoos como monos –dijo con cara de asco.

-Si vuelves a decir algo de ese estilo o a hablar mal de Melinda, me da igual que seas de los nuestros, y me va a dar igual que seas una chica. No dudaré en pelear contigo. No consentiré que nadie diga una sola mala palabra de mi futura esposa. –contestó Cristian cada vez más enfurecido.

¿Su futura esposa? ¿Habían escuchado bien mis oídos? Me había quedado helada, era… la verdad es que era algo maravilloso que Cristian quisiera ser mi esposo, pero así de repente, sin hablarlo, decirlo así de golpe me había dejado paralizada.

-¿Tú futura esposa? –preguntó incrédula Lizbeth.

-Sí, ya lo has oído. – dijo Cristian.

-Dirás tu futura esposa muerta, porque no creo que encontremos la dichosa flor. Y aunque la encuentre no se la voy a dar. Te quiero para mí. –contestó Lizbeth muy determinante.

Cristian le enseñó los dientes y emitió un sonoro bufido. Iban a pelear, casi podía verlo. No podía permitirlo. Me puse entre los dos. –Parad, dejad de discutir. –contesté.

-Lárgate, mosquita muerta. –repuso con asco.

Cristian no pudo más y quiso atacarla, yo me puse en medio recibiendo el golpe que iba dirigido a Lizbeth, del empujón choqué contra un árbol. No me hice daño, pero el estruendo fue tan fuerte, que aparecieron todos junto a nosotros.

-Melinda ¿Qué te ha pasado? –pregunto Esme ayudando a levantarme.

-Nada, estaba evitando una pelea. –contesté.

-¿Pero qué demonios os pasa? Estamos en una búsqueda muy importante, no podemos estar con estas tonterías de celos y orgullos. Así que vale, ya. –repuso Carlisle furioso.

Cristian no se movía, me miraba fijamente, con la mirada llena de tristeza, sabía lo que estaba pasando por su mente. Me había golpeado a mí, no me había hecho daño, pero claro, me había golpeado. Él, que tanto prometía protegerme para que no sufriera ningún daño.

Salió corriendo y todos se quedaron extrañados. ¿Por qué sale corriendo? –preguntó Malek.

-Porque estaban a punto de pelearse, yo me puse en medio y recibí el golpe que Cristian le iba a dar a Lizbeth. Ahora se siente culpable porque siempre dice que me va a proteger para que no me ocurra nada malo. Querrá estar solo un rato. –expliqué.

-Lizbeth ¿a qué viene todo este numerito? –preguntó Malek furioso.

-Yo… yo…yo… -miraba a su alrededor, viendo las cara de decepción de todos. También salió corriendo.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Que interesanteeeeee
Quiero saber que ocurre después, no me dejes asi

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