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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 16 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 5

5º- El alma triste

El tiempo pasaba tan deprisa estando con él… que no me daba cuenta de lo tarde que se había hecho. Al mirar el reloj no pude evitar ponerme triste, la idea de separarme de él, era muy dolorosa…

-No quiero irme… -contesté medio llorando.

Aunque no sabía si los vampiros lloraban, estaba por jurar que podía ver sus ojos llorosos cuando dije eso. Pero cambió su expresión, su cara se tensó y parecía enfadado. –Vete, es mejor que te vayas y no volvamos a vernos.

-¿Por qué dices eso? ¿No quieres verme? –pregunté algo triste.

-No, no quiero verte, vete. –dijo muy cortante.

Al oír esas palabras de sus labios sentí como si una espada atravesara mi corazón. Él no quería verme, no podría estar más con él, no podría volver a rozar su piel, a besar sus labios a admirar sus preciosos ojos… Me levanté de golpe y salí corriendo.

Corrí y corrí con las lágrimas cayendo por mis mejillas, hasta que llegué a casa. Abrí la puerta y me encerré en mi habitación. Me tumbé en la cama y seguí llorando, sentía tanta tristeza que no podía controlarme.

Pero mi llanto se vio ligeramente interrumpido, pues sonó la puerta. –Mel, ¿qué te ocurre? –preguntó Adriana.

-Déjame, por favor… -supliqué entre llantos.

No salí ni para cenar, no tenía hambre, no quería nada. No quería seguir respirando, tan solo quería llorar. Mi vida no valía nada, no la quería si no podía estar junto a Cristian.

Aunque sabía que mi actitud era egoísta, pues mi hija me necesitaba. Era lo más importante, o al menos así había sido hasta que había conocido a Cristian. Debía olvidarle, debía pensar en mi hija, cuidarla y seguir viviendo.

Seguir viviendo… no tenía ganas, no quería, no me apetecía comer, ni respirar, ni sonreír. Tan solo llorar y llorar, consumirme en un mar de dolor, un dolor tan profundo que nunca había sentido. Ni tan siquiera cuando murieron mis padres y eso… era algo horrible.

Me sentía fatal, una mala persona, mala, egoísta y que no merecía nada. No merecía ser feliz, ni estar al lado de nadie. De madrugada, salí de mi habitación pero iba casi como una zombi. Me las ingenié para que Adriana no me viera y salí de casa.

Caminé y caminé me fui al parque, tal vez con la esperanza de volver a verle, de encontrarle para hablar con él. Me senté donde había estado con él, deseaba que viniera, que estuviera cerca para estar junto a él.

Junté mis rodillas contra mi pecho y volví a llorar intensamente. Él no estaba, no había aparecido, no podría verlo nunca… levanté la vista para volver a mirar, por si aparecía, por si me querría volver a ver.

Pero al levantar la vista… el miedo me invadió, mi llanto se interrumpió de repente. Mi cara era de auténtico terror, allí estaba el desconocido que vi al lado del perro. Tenía una sonrisa que daba miedo, con esos ojos rojos que asustaban solo de verlos…

-Mira, a quién tenemos aquí. –dijo él acercándose a mí a una velocidad poco humana.

-Hazlo ya. –dije muy tranquila, sorprendiéndome a mi misma de mi actitud.

Yo me levanté y me quedé quieta. Cerré los ojos, y esperé su ataque, estaba deseando que todo acabara, que mi vida terminase, que ese dolor tan profundo que sentía no continuara.

Estaba tranquila, feliz, por fin todo ese dolor terminaría. Ya nada me importaría. Mientras que tenía los ojos cerrados veía la cara de Cristian, su perfección, su aroma… y sus preciosos ojos azules…

Pero el desconocido gritó furioso y yo abrí los ojos de golpe. La imagen que vi me dejó sin habla, con los ojos como platos. El desconocido estaba agarrado por Cristian, le tenía inmovilizado y no podía moverse.

Debía estar atemorizada, pero en lugar de eso… estaba llorando de alegría por estar viendo de nuevo a Cristian. Ellos estaban luchando, era como en las películas, como ver una película pero en vivo.

El desconocido intentó darle un golpe a Cristian, que él esquivó con mucha rapidez y elegancia. Me recordaba un poco a la capoeira, pero mucho más fiero y animal.

Empecé a sentir miedo, pero no miedo por mi vida, no tenía miedo por lo que me pudiera pasar, sino miedo por el daño que pudiera sufrir Cristian. Me aterraba la idea de que pudiera sufrir algún daño.

A pesar de que sabía que tenía que odiarle, que tenía que dejar de quererle por lo que me había dicho. Me había hecho mucho daño pero no podía odiarle, no podía dejar de quererle. Le quería cada vez más, de forma inevitable, estaba perdidamente enamorada de él…

La pelea se fue haciendo cada vez más rápida y peligrosa, de verdad no era como en las películas, no me estaba gustando, estaba muy angustiada, quería que todo acabara, y sabía lo que debía hacer….

Me acerqué a ellos y me puse en medio, pero el desconocido en ese instante iba a asestar un golpe a Cristian que yo recibí. De la fuerza salí disparada pero Cristian detuvo mi golpe, poniéndose tras mi espalda. Caímos al suelo, me dolía terriblemente el brazo, no podía ni moverlo.

-Me duele… -dije llorando a causa del dolor.

Cristian se levantó y cogió un banco que había al lado, lo arrancó de cuajo del suelo y se lo lanzó al desconocido. –Esto no va a quedar así. Volveremos a vernos –Dijo amenazante el desconocido antes de marcharse.
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1 rosas :

patricia dijo...

Me encanta, estupendo, sigue asin porfa.besitos wapa.

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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.