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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 17 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 7

7º- Compartiendo sentimientos

-Bueno, luego te la enseño, ahora quiero que te mire mi padre el brazo. –contestó mientras ponía su mano en mi cintura y me dirigía a una salita de estar.

Entramos y en un sofá había una pareja sentada, un hombre y una mujer. Eran guapísimos los dos, supuse que eso de ser vampiros te hacía ser perfecto, y ellos al igual que Cristian, lo eran.

Nada más vernos, se levantaron del sofá y se acercaron a nosotros. Yo los miraba asombrada, eran… indescriptiblemente guapos como ocurría con Cristian. La mujer me miró y sonrió.

-¿Quién es la invitada? –preguntó ella muy amablemente.

-Es Melinda, la humana de la que os hablé. –contestó Cristian.

-Es un placer conocerte, Cristian nos habla mucho de ti. –dijo ella dándome un abrazo.

Yo me quedé algo quieta sin saber que hacer, parecía que a ella no le costaba tanto estar cerca de mí, como le ocurría a Cristian. –Lo mismo digo. –respondí.

-Soy Esme, se puede decir que soy la madre de Cristian. –comentó ella muy alegre. –Y este es mi marido Carlisle.

-Mucho gusto. –dije mirando al hombre.

-Igualmente Melinda. –contestó.

-Necesito que la mires el brazo, creo que lo tiene roto. –dijo Cristian acercándose a su padre.

-¿Qué ocurrió? –preguntó intrigado.

-Enrique otra vez, pero pude pararle a tiempo. –contestó Cristian.

-¿Quién es Enrique? ¿Ese del parque? –pregunté extrañada.

-Sí, lleva mucho tiempo molestando a humanos en ese parque, se aprovecha que no va demasiada gente y los ataca, por eso te vigilaba. –explicó Cristian.

-Vale, vamos a mi despacho que tengo mi maletín, porque es cierto que lo tiene roto. –comentó Carlisle.

Entramos en una habitación, era muy elegante, con una mesa de roble macizo y una silla de piel que parecía muy cómoda. Tenía varias estanterías con muchísimos libros, muchos de ellos sobre medicina.

Me dijeron que me sentara en la silla de piel, yo tenía razón en mi pensamiento, era una silla comodísima y me examinó el brazo. –Lo tengo que escayolar, menos mal que en casa tengo todo lo necesario, porque imagino que no querrás ir al hospital. –dijo mirándome, él al igual que Esme y que Cristian, también tenía los ojos de ese azul intenso.

-No, prefiero no ir, aunque ya bastante se va a preocupar mi hermana cuando me vea con el brazo escayolado. Pero bueno… -comenté algo preocupada.

-Bueno tranquila, no pasa nada, en unas semanas te lo podrás quitar. –contestó Carlisle.

Me escayoló el brazo, menos mal que no entero, solo desde el codo. Cuando acabó Cristian me dijo que me enseñaría la casa. La verdad es que era enorme y preciosa, estaba decorada con un buen gusto… Abrió una de las puertas y tosió. –Este… este es mi cuarto.

Entré y era sencillo, sobre todo tenía libros muchos libros, de ciencia ficción y de amor. Me quedé extrañada, porque había tantos libros de amor como de ciencia ficción. No creía que tuviera tantos. –Tienes… muchísimos libros. –dije asombrada.

Se puso a mi lado, un escalofrío me recorrió por dentro de tenerlo tan cerca, era tan perfecto que me ruborizaba solo con pensar en él. –Te noto nerviosa… -dijo con una sonrisa pícara.

-Es que… eres tan perfecto, que a tu lado soy un espanto… -dije triste.

-No estoy de acuerdo. Eres la más hermosa del mundo. ¿Cómo no iba a fijarme en ti? –dijo a modo de pregunta.

Se puso mucho más cerca de mí, mi corazón latía tan deprisa que parecía que se me iba a escapar del cuerpo. Pero estar tan cerca de él… era lo mejor del mundo, una sensación única. No pude resistirme y me acerqué para besarle.

Fue como todos los besos que nos habíamos dado, muy tierno, dulce, único, me hacía perder el sentido y era estupendo cómo sus labios se acomodaban a los míos y notaba dulzura y pasión en su beso.

Estábamos solos en una habitación, que tenía una cama, hecha y que seguramente no la usaba nunca para dormir. Estaba ardiendo de pasión por dentro, hice caso a mis instintos primarios, sabía lo que mi cuerpo me estaba pidiendo y me dejé llevar.

Le arrastré hacia la cama, yo sabía que se estaba dejando llevar, pues por mi misma era imposible que yo pudiera con él. Pero estaba tan encendido como yo y se dejaba llevar incluso más que yo.

Apartó unos centímetros sus labios de los míos y me miró fijamente. –Eres la criatura más perfecta, mi mayor tesoro. Te quiero… -dijo, y antes de que pudiera contestar nada volvió a besarme muy cariñosamente.

Me tumbé en la cama y él estaba encima, pero de tal forma que no aguantaba ni un gramo de su peso. Le acaricié por el cuello y le subí la camiseta, se la quité como pude y me quedé sin respiración.

Tenía un cuerpo perfecto, tan perfecto que mis ojos jamás habían visto tanta hermosura… Pero seguí besándole de forma muy intensa y pasional, necesitaba sentirle, y notar su lengua contra la mía era como la chispa que encendió la mecha. Le besé con más intensidad, no podía controlarme y él estaba tan involucrado en ese beso como yo.

Entonces cogí su mano y la puse debajo de mi camiseta para que me acariciara, necesitaba sentirle. Nada más colocar su mano bajo mi camiseta, paró de golpe de besarme y se apartó a velocidad poco humana.

-¿Qué es lo que pasa? ¿Qué hice mal? –pregunté algo triste cuando se apartó.

-Es que… estar tan cerca de ti… me cuesta controlarme… No pienso con claridad cuando estamos así de cerca. –contestó mirándome.

Yo me entristecí, no pude evitar que se me escaparan algunas lágrimas. Él se acercó y con su mano me secó las lágrimas. – Lamento hacerte llorar, no merezco ni que me mires… -respondió sin mirarme.

-No digas eso, tú eres maravilloso y te necesito conmigo. –confesé algo ruborizada.

Me abrazó de forma muy tierna y yo me apreté todo lo que pude contra él. Aproveché esa cercanía, aproveché tenerle conmigo y poder aspirar su aroma. Estaba conmigo y le importaba, me quería, y yo le quería a él.

Nos quedamos así durante unos minutos, estaba como en un paraíso particular, como estar en trance. –Mi madre está encantada contigo, la verdad es que le pareces adorable, y mi padre también. Y yo… estoy… me tienes enamorado… -dijo con una tímida sonrisa.

-Tú… ¿tú estás enamorado de mí? –pregunté extrañada y abriendo mucho los ojos.

-¿Acaso lo dudas? Eres la criatura más maravillosa que he conocido, ¿cómo no estarlo? –dijo en tono de pregunta.
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3 rosas :

Ana Carlisle dijo...

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Que bonitooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Quiero maaaaaaaasssssssssssssssssssss

patricia dijo...

Que bonito porfavor, maravilloso, me encanta, es genial. porfa sigue asin, y el proximo pronto.besitosss.

Cristina dijo...

ooooooooooohhh dios mio k preciosidad de historiaa!! que momentos mas apasionadoooss me encanta de veras aiiss que bonito es el amor!! sigue asi guapaa

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