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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 19 de enero de 2010

Amor eterno capitulo 9

9º- Alegría y felicidad

Mi hermana ya no dijo nada más, le miraba callada. La conocía muy bien como para saber que se había dado cuenta de que era diferente a las demás personas, que no era un humano cualquiera.

Evelyn le miraba muy intrigada, no sabía lo que iba a hacer o a decir. Hasta que se movió despacito caminando hacia Cristian, se paró a su lado y le miró a los ojos. - ¿Quie es el nene, mami? –preguntó mirándome.

-Es… alguien muy especial. Se llama Cristian. Y a partir de ahora le verás mucho si tú quieres. –contesté acercándome a ella.

-Me guta el nene. ¿Me das un abaso? –preguntó mirando a Cristian.

En ese momento Cristian se quedó quieto pero en seguida se dibujó en su cara una amplia sonrisa. –Claro que te doy un abrazo. Eres encantadora como tu mamá. –contestó Cristian.

Miré a mi hermana que seguía estática, supuse que porque le pasaba como a mí, una persona tan, tan hermosa deja sin aliento. Miré a Cristian que aún sostenía a Evelyn en brazos. –Esa que parece una estatua de mi hermana es también una humana, pero cuando habla es hasta ocurrente. –dije riéndome.

-Ja, qué graciosa hermanita.-contestó ella sacándome la lengua.

Llevé a Evelyn a su cuarto para que jugara, y les dije a Adriana y Cristian que se sentaran. Me senté junto a Cristian y él me cogió la mano, inmediatamente me ruboricé ligeramente.

Le estuve hablando del ataque y demás, y mi hermana cada vez estaba más sorprendida. Parecía que se iba a desencajar la mandíbula de su sitio. Le costaba asimilar todo lo que la estábamos contando, pero al final vi que de verdad nos había creído.

En realidad era un alivio, sobre todo porque me había tomado por loca o algo y eso me molestaba enormemente. Y bueno… que aceptara a Cristian tal como era, me agradaba mucho, ya que sentía algo muy intenso por él.
Pasadas un par de horas Cristian dijo que se iba, me levanté y nos apartamos un poco, nos pusimos a mirarnos fijamente, estábamos muy cerca el uno del otro. –No quiero que te vayas… -dije triste.

-Tenéis que hacer esas cosas de humanas, comer comida, dormir y ese tipo de cosas. Además… empiezo a notar fuego en la garganta, no quiero haceros daño, no me lo perdonaría. –contestó con cara de sufrimiento.

Yo estaba muy cerca, demasiado cerca de un vampiro que por lo visto estaba sediento. Así que automáticamente me aparté un poco de él, no por miedo, si no para que él no lo pasara mal por la sed.

-Perdona, supongo que estar sediento con 3 humanas cerca no es lo adecuado. –contesté.

-Bueno en realidad… Evelyn y Adriana no correrían peligro. Pues su sangre no me atrae como la tuya. La tuya… es como si me llamara continuamente, como el canto de las sirenas. Por eso es mejor que me vaya, pero mañana te estaré esperando en el parque como siempre. –prometió dándome un beso muy fugaz pero tierno.

-Te buscaré. Ya te echo de menos y aún no te has ido… -dije algo apenada.

-Créeme que yo te echaré más de menos, tú al menos pasarás unas horas dormida y no te enterarás de nada. Yo tengo muchas horas por delante hasta verte de nuevo. Pero esperaré con impaciencia. –contestó mientras me daba un último beso antes de ir hasta la puerta a velocidad poco humana para salir de la casa.

La noche se hizo larga. Bueno larga es decir poco, se me hizo interminable, pero por fin llegó la hora de ir al trabajo. Ese día estaba de tan buen humor que hice una pequeña “fiestecita” con los pequeños, ellos se lo pasaron en grande, y yo también, necesitaba distraerme.

Casi sin darme cuenta llegó la hora de salir, lo cierto es que al final el día se me había pasado bastante rápido. Al ver la hora me puse de los nervios, Cristian, esa criatura tan maravillosa me estaría esperando en el parque, tan perfecto como siempre.

Me dirigí al parque y busqué en el sitio de siempre. Efectivamente allí estaba él, estaba… tremendamente guapo, perfecto, único… me quedaba sin calificativos que le describieran.

Estaba sentado en la hierba, esbozando la sonrisa más perfecta que tenía, la que me dejaba sin respiración. Pero me recompuse y caminé hacia él, me senté a su lado. –Hola, te extrañaba… -dije en un susurro.

-Parecía que no ibas a llegar nunca. Quería ver tus preciosos ojos…. –contestó acariciando mi mejilla y mirándome a los ojos.

Pasamos la tarde juntos, como probablemente pasaría todas las tardes a partir de ese día. Pues tenía muy claro que le amaba y que quería pasar el resto de mi vida con él. Eso me hizo preguntarme… -Oye Cristian… yo quería hablar contigo. –dije tímidamente.

-¿Sobre qué quieres hablar? –preguntó intrigado.

-Pues… yo tengo muy claro que te amo y que quiero pasar mi vida contigo, pero una sola vida es poco para amarte. Quiero amarte para siempre, y no es una forma de hablar, quiero que “para siempre” sea para siempre. –expliqué casi sin mirarle.

-Yo… sé lo que quieres decir, y a mi también me encantaría, pero… ¿cómo quitarle la vida a la criatura más especial del mundo? Sería muy egoísta por mi parte. –dijo apenado.

-No digas eso, yo quiero amarte siempre. –contesté rozando su mejilla.

-Bueno, tenemos tiempo para hablar de eso, ahora déjame que disfrute de estas horas contigo, de este tiempo para nosotros dos solos, por favor… -pidió mirándome intensamente a los ojos.

Me fue imposible negarme con esa mirada, me perdí en ese mar azulado de su mirada y ya no supe ni de lo que hablábamos. Me arrimé todo lo que pude a él, para tenerle más cerca, para admirar su extremada belleza. Hasta que lentamente nuestros labios se rozaron.

Él se apartó un poco, y yo me entristecí, sabía lo mucho que le atraía mi sangre, y el gran esfuerzo que suponía para él estar tan cerca de mí y no probar mi sangre. Así que no dije nada, pero mi mirada estaba triste.

-Solo dame un minuto… -pidió él cerrando los ojos.

Se acercó a mi pelo y aspiró el aroma, lo mismo hizo pegando la nariz a mi cara. Seguía con los ojos cerrados y apretaba los puños, estaba bastante tenso, no entendía porqué se torturaba de esa forma, sabiendo lo que le atraía mi sangre.

Le miré y relajó su postura, ya no apretaba los puños y abrió los ojos para mirarme, su mirada era muy dulce y cariñosa. –Ahora sí estoy listo, necesitaba prepararme, y si aspiro tu aroma me resulta más fácil controlarme porque me acostumbro a él.

En ese instante, él se acercó a mí, con sus labios rozó los míos. Me dio un ligero mordisco en el labio inferior, pero fue muy suave, ni siquiera me dolió. Al contrario me gustó mucho y yo le hice lo mismo, aunque claro, si que apreté, pues si no él ni lo sentiría.

-¿Intentas demostrarme tu fuerza? –preguntó riéndose.

-No es justo que tú tengas tanta fuerza…-dije haciendo un puchero.

-Así puedo defenderte, cogerte en brazos… no puedes escaparte de mi si quiero hacer esto…-dijo con una mirada encendida.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encantaaaaaaaaaaaaaaa
quiero el siguiente yaaaaaaaaaaaaa

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