Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 1 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 33

33º- Reconociendo las cosas

Cristian volvió a llamar despacio a la puerta. –Mel, por favor… ábreme la puerta tengo que hablar contigo. –pidió.

Después de mucho pensarlo accedí a que al menos se justificara por sus comentarios de antes. Así que me levanté quité el pestillo y abrí lentamente la puerta. Aún tenía lágrimas en los ojos y le miré a la cara.

Se notaba que también había estado llorando, en realidad se lo tenía merecido por pensar e insinuar esa clase de cosas tan asquerosas. Pero decidí que al menos escucharía lo que tenía que decirme, es decir, escucharía sus disculpas.

Nos sentamos en el borde de la cama, yo no le miraba, todavía estaba un poco resentida, aunque al ver lo mucho que estaba sufriendo no estaba tan enfadada. No dije nada, no quería hablar, quería que fuera él quien lo dijera todo.

-Mel… de verdad que no quería insinuar algo así… Es que no sé en lo que pensaba… Por favor, perdóname… -pidió con los ojos llorosos.

Al verle así, me resultaba imposible estar enfadada con él, pero yo era muy, muy cabezota y me costaba dar mi brazo a torcer. No quería reconocer que ya le había perdonado, me resultaba casi imposible estar enfadada con él.

-No vuelvas a insinuar algo así nunca… -dije sin mirarle.

-Entonces, ¿me perdonas? –preguntó ilusionado.

-No debería después de las cosas tan espantosas que pensaste de mí… -contesté sin todavía mirarle.

-Haré lo que quieras de verdad, que estés enfadada conmigo… es el peor de los castigos… -respondió con una voz muy triste. –Te lo suplico, te lo pido de rodillas si hace falta.

Yo me quedé callada, mi ego se estaba regocijando de lo lindo, no podía estar deseando que se arrodillara para disculparse, pero una pequeña parte de mí, deseaba que así lo hiciera.

Cristian efectivamente se puso de rodillas, delante de mí, hizo que le mirara. – Por favor, te lo pido de rodillas. Eres mi sol y toda mi vida, necesito que me perdones… Te amo… -contestó mientras me besaba las manos.

-Yo… yo también te amo, ya lo sabes. –dije rindiéndome a sus encantos.

Se levantó y se puso a mi lado, me abrazó muy fuerte y oí que suspiraba. Me alegraba haber solucionado las cosas, necesitaba a mi amor conmigo, sobre todo después de lo ocurrido.

Busqué sus labios para besarle, rocé su labio superior con mi lengua y él suspiró. Comenzamos a besarnos muy lentamente, nuestras lenguas se rozaban, no solíamos besarnos tan lentamente, pero estaba experimentando una sensación única. Sentir su aliento y su saliva era algo maravilloso, su beso era dulce, tierno, me hacía perder la concentración.

Me quité la camiseta dejando visible el sujetador, cogí una de sus manos y la puse en mi espalda para que me acariciara. Él lo hizo de buena gana, yo mientras le subí la camiseta para quitársela mientras nos besábamos.

Me quitó los pantalones casi con urgencia y él mismo se quitó sus pantalones, nos quedamos en ropa interior y nuestros cuerpos casi desnudos se rozaban haciendo que un fuego de pasión me quemara por mis venas…

Nos tumbamos, mientras nos besábamos y acariciábamos muy lentamente para disfrutar del momento. Ambos estábamos sedientos el uno del otro. Como si la discusión hubiera sido hace mucho y lleváramos mucho tiempo sin estar juntos, era casi una necesidad animal, obedeciendo a nuestros instintos primarios…

Tiró de mi ropa interior con mucha facilidad dejándome completamente desnuda y a continuación se quitó sus boxers, ahora sí que notábamos por completo nuestros cuerpos rozándose por todos lados.

Me tumbó en la cama quedándose él arriba. Con sus labios fue recorriendo mi cuerpo. Comenzó en el cuello y fue bajando, deteniéndose unos minutos en mis pechos, era una sensación muy placentera…

Siguió bajando y mi respiración aumentaba de ritmo, sabía dónde se dirigía, me ponía nerviosa porque sentía una sensación muy extraña cuando estaba en esa zona. Noté su lengua en mi intimidad y me hizo estremecer, era… algo inexplicable con palabras, no conocía el vocablo adecuado para explicar lo que sentía mientras con su lengua acariciaba mi intimidad.

Tras estar unos minutos con su lengua jugando en mi intimidad, volvió a subir lentamente hasta llegar a mi boca de nuevo. Yo cada vez estaba más excitada necesitaba más y más así que me moví para que nuestras zonas íntimas se rozaran. Ese roce fue suficiente para encender más todavía a Cristian, que me penetró de golpe, haciendo que emitiera un sonoro gemido.

Él me tapó la boca con la mano y oí que se reía muy bajito, acercó sus labios a mi oído y comenzó a susurrar. –Si haces tanto ruido se despertarán los niños, y ahora me resultaría imposible parar…-dijo.

Comenzamos ese baile frenético, pues desde el principio comenzó a moverse de forma muy rítmica y rápida, no sabría decir quién estaba más excitado de los dos y quien se estaba dejando llevar más por sus instintos….

Así estuvimos muchísimo tiempo, no supe cuanto, pero fue una de las mejores noches de mi vida, entregándonos de forma plena, llegando juntos al clímax y amándonos más que nunca.

Dormimos abrazados, era como un paraíso, un cielo particular para los dos, estaba enamorada hasta los huesos y él también me amaba. No podía ser más feliz. Bueno sí que podía, pues en menos de 2 meses sería la boda. La boda… casarme con ese chico tan perfecto y maravilloso que muchas veces me parecía un sueño.

Con todos los pensamientos en la boda y lo mucho que le amaba me dormí. Fue una noche muy tranquila, ya no tenía miedo, pues con la denuncia y la orden de alejamiento estaría a salvo.

Pusimos la denuncia al día siguiente, y Carlisle habló con sus compañeros del hospital, todos le apoyaron y le despidieron del hospital, pues entre las quejas que tenían de él y lo que había hecho tenían motivos de sobra para echarle.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Está muy bien, me gusta mucho, sigue así wapisima, lo haces muy bien

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