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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 2 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 34

34º- Imán para los problemas

Al menos sabía que por lo de Walter podíamos estar tranquilos. Por lo menos yo, que ya no me le encontraría por el parque, y ahora era complicado que eso pasase. Pues después de todo lo ocurrido, tenía que esperar a que Cristian me recogiera del colegio.

No quería que volviera sola, sabiendo que podría estar Walter esperándome. La verdad es que los primeros días me quedé más calmada. Pero después… me resultaba demasiado agobiante, aunque no me atrevía a decirle que no a Cristian después de lo preocupado que estuvo.

Los días transcurrían tranquilos y aburridos, muy aburridos, esa maldita rutina me estaba matando. No quería que pasara nada con Walter pero me sentía como prisionera, como si Cristian fuera el carcelero…

Una tarde no me pudo ir a recoger porque tuvo una reunión y no tuvo más remedio que quedarse. Volví dando un paseo y me sentí muy a gusto, me sentí libre y con mi vida de vuelta, fue estupendo.

Llegué a casa y estuve descansando en el sofá un rato con Eric, Evelyn y mi hermana, ella había recogido a la niña, ya que Cristian tardaría bastante en la reunión, así al menos tendría tiempo para echarle de menos.
Vino Pedro a buscar a Adriana como cada tarde. Así que di de mamar a Eric y mientras Adriana distrajo a Evelyn. Cogió las cosas dispuesta a irse. –Ah, por cierto, llegó esta carta para Cristian. Se me había olvidado. – dijo sonriendo.

-Hermanita, si no tuvieras la cabeza pegada al cuerpo estoy segura de que la perderías. –contesté dándola un abrazo.

Se marcharon y cogí la carta. Pensaba que era del trabajo o alguna factura, aunque no tenía remite, eso me extrañó bastante. Como ya llevábamos tanto tiempo no pensé que pasaría nada por abrir la carta y comencé a leerla.

“Cristian, el día que tu *estupenda* prometida dio a luz, iba a tu casa para hablar contigo. Estoy embarazada, y tú eres el padre. Así que iba para que te hicieras cargo de tu hijo. Espero que cumplas con tu obligación y me pases una pensión para mantenerlo.
Mañana espero tener noticias tuyas. Cariñosamente Elena”

Al terminar de leer, las fuerzas me fallaron, comenzaron a desbordarse lágrimas por mis ojos de forma descontrolada. No podía creerlo, no solo Cristian me había engañado, sino que encima la había dejado embarazada… Pero… me negaba a creer que fuera cierto, tenía que ser un error…

Me empecé a poner muy nerviosa, cada vez más, y de los nervios empecé a respirar mal. Notaba que me faltaba el aire, que no llegaba el suficiente aire a mis pulmones y me ahogaba.

En ese momento, no hacía más que recordar las palabras que había leído en la maldita carta de Elena, me atravesaban el corazón como mil dagas ardiendo… Era demasiado dolor para soportarlo.

-Mel, mi princesa, ¿qué te pasa? –preguntó la voz de Cristian que entraba en ese momento en el comedor.

Al oír su voz solo pude llorar con más intensidad, no podía mirarle a la cara, me dolía demasiado. Tan solo le señalé la carta, que se había caído al suelo y lloré con más fuerza todavía.

Él cogió la carta y la leyó, se le pusieron los ojos como platos. –Mel, por favor, sabes que esto es mentira. Yo jamás te engañaría… Te amo. –dijo con tono de desesperación.

Sabía que decía la verdad, no sabía ni cómo había podido dudar de él un solo segundo. Él era perfecto, maravilloso, único, jamás podría hacer algo tan sucio y rastrero…

Me acerqué a su cara y le di un tierno beso. –Lo sé…- dije mientras me sequé las lágrimas. –Pero… ¿qué vamos a hacer con lo de Elena? –pregunté aún nerviosa.

-Mañana hablaré con ella, no creo que esté embarazada, pero si lo estuviera desde luego que no sería de mí. Jamás te engañaría, eres toda mi vida. –contestó Cristian.

Nos fuimos a la cama y tardé bastante en tranquilizarme, no podía conciliar el sueño, pero Cristian me abrazó y me acariciaba el pelo hasta que al fin caí rendida, no podía estar más tiempo despierta.

Ese día no hice nada a derechas, estaba demasiado nerviosa por lo de Elena, además Cristian había quedado con ella para hablar sobre lo de la carta. Habían quedado, y a solas, ella se había salido con la suya, y eso me carcomía por dentro…

El día es estaba haciendo eterno, Cristian había quedado con ella después de trabajar, así que tardaría bastante en volver, ya le esperaba para la hora de la cena. Durante el día no estuve bien, aguantar sin llorar era todo un reto, me costó Dios y ayuda no derramar una lágrima estando en el colegio.

En cuanto llegué a casa me puse a llorar, Adriana estaba con los niños, y yo me encerré en la habitación, no quería que mis niños me vieran así. Entonces pasadas un par de horas llamaron a la puerta de la habitación, y di permiso para que pasaran.

Miré y era Cristian que me miraba, a mi no paraban de caer lágrimas por las mejillas. –Hola, preciosa. –dijo tímidamente mientras se sentaba en la cama junto a mí.

Yo no contesté, no podía dejar de llorar, estaba demasiado triste, tan solo le abracé, le abracé como si fuera la última vez que le vería. Conseguí tranquilizarme un poco pasados unos minutos y le miré fijamente a sus preciosos ojos azules.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué dijo? – pregunté angustiada.

-Tranquila, todo es mentira. Ella insiste en que está embarazada, así que si de verdad lo está, cuando nazca el bebé, estaré dispuesto a hacerme las pruebas de paternidad. No va a poder hacer nada. –explicó abrazándome.

Me besó de forma muy tierna, yo necesitaba mucho cariño, mucho amor, necesitaba a mi amado. –Te necesito… -susurré.

Me estuvo acariciando y besando durante horas, no quería que me soltara, tenía la sensación de que si me soltaba todo cambiaría. Que él se iría de mi lado para ir con Elena y eso se me atravesaba en el corazón.

Nunca había llorado tanto, estuve casi toda la noche llorando a pesar del cariño que me proporcionaba Cristian. –Preciosa, por favor… me duele el alma de verte así… -dijo muy apenado.

Sabía que estaba sufriendo de verme así, por lo que me dije a mi misma que tenía que calmarme para que no siguiera sufriendo. Era y siempre sería el amor de mi vida, y verle sufrir por mi culpa era algo terrible.

-Gracias mi amor, eres maravilloso. –contesté esbozando una pequeña sonrisa antes de darle un tierno beso.

Así esa noche nos sumimos en un profundo sueño provocado por el cansancio y el sufrimiento, pero estaba feliz porque parecía que todo volvía a la normalidad, tal vez volveríamos a ser felices a partir de ese momento.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me gusta mucho, Elena es una cabrona de mierda.
Si está embarazada espero que tenga un accidente y lo pierda.
Continua asi guapa

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