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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 3 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 36

36º- Aclarar los sentimientos

Lo del sueño había sido rarísimo, evidentemente no se lo dije a Cristian, pues decirle que había soñado que hacía un trío con él y con Darío no le sentaría nada bien, pero no paré de darle vueltas.

Decidí que se lo diría a Adriana, ella era mi hermanita del alma y a lo mejor me podía ayudar a comprender porqué había soñado algo así. Sobre todo qué significaba con respecto a Darío.

Quedamos después de que saliera del colegio. Y yo muerta de la vergüenza le conté mi sueño. Me puse muy sonrojada, no estaba acostumbrada a contar mis intimidades y menos a decir que había soñado con hacer un trío.

-Hermanita, vaya… -dijo sorprendida.

-¿Qué crees que significa? Yo sé que amo a Cristian, pero no sé, me estoy volviendo loca de tanto pensar en el dichoso sueño. –comenté.

-No le des más vueltas, ha sido solo un sueño. –respondió ella abrazándome.

Decidí que Adriana tenía razón, solo era un sueño, no debía darle mayor importancia, aunque al principio me daba algo de vergüenza hablar con Darío, tal vez se diera cuenta de que pasaba algo raro.

Pero él estaba como siempre, encantador y era una persona estupenda. Así que pude aclarar mis ideas. Darío tan solo era un amigo, un amigo estupendo pero solo eso, un amigo. Seguramente con esas ideas de buscarle una chica me obsesioné demasiado deseando que fuera perfecta y mi cabeza me lió las ideas.

Aunque la verdad, es que deseaba que Darío encontrara a una buena chica, se merecía ser feliz. Estaba muy ocupado haciéndose cargo de su hermana y su sobrino, y no tenía demasiado tiempo libre.

-Pues por lo visto mi hermana está saliendo con un chico que parece majo, es un compañero del trabajo y parece buen chico. Así que estoy muy contento. –me dijo Darío un día al salir del colegio.

-Me alegro, ahora solo falta que tú encuentres a la adecuada. –contesté sonriéndole.

-Lo cierto… es que… creo que la encontré pero no sé si ella siente lo mismo. –dijo tímidamente.

-¿Ah si? ¿Y cómo es? ¿La conozco? –pregunté con mucha curiosidad

-Pues la verdad es que si… Es… Samanta… -reconoció sonrojándose.

-¿Samanta? ¿De veras te gusta? –pregunté.

-La verdad es que sí. –contestó.

-Menuda casualidad… porque sé de muy buena tinta que ella se había fijado en ti. –le comenté.

-¿En serio? –preguntó ilusionado.

-Sí, mira hacemos una cosa. Hago una comida en casa el sábado, que vengan también Adriana y Pedro y así os podéis conocer mejor. ¿Te parece bien? –le propuse.

-¿Lo dices en serio? Muchísimas gracias Mel. –dijo dándome un abrazo y dando vueltas.

Estaba muy contenta por Darío, porque era cierto que Samanta había mostrado mucho interés por él. Y la verdad es que era una chica estupenda, la conocía desde que empecé a trabajar en el colegio. Lo cierto, es que sería la chica perfecta y podrían congeniar muy bien.

Durante esos días Darío estaba irreconocible, mirando a las nubes y no daba pie con bola de lo nervioso que estaba, era tan adorable… Por fin llegó el sábado, él fue de los primeros en venir, estaba tan nervioso que decía que prefería ayudarnos a prepararlo todo.

Pero no quería quedarme sin platos, sabía que me acabaría rompiendo algo, así que le dije que jugara con los niños. Se entendía tan bien con los niños que a los míos se los había ganado en seguida.

Llegó Adriana con Pedro, los dos venían muy contentos, y Adriana me abrazó mientras se puso a llorar. –Hermanita ¿Por qué lloras? –pregunté preocupada.

-Pues porque vas a tener un sobrinito o sobrinita. –dijo ella secándose las lágrimas.

-¿De verdad? Enhorabuena mi niña. –dije abrazándola fuerte.

-Tío, me alegro mucho por vosotros. –contestó Cristian abrazando a Pedro y luego a mi hermana.

-Aún falta mucho, solo estoy de un mes, pero estamos muy contentos. –explicó Adriana.

Todo estaba yendo muy bien, solo faltaba que Samanta y Darío acabaran juntos, sería estupendo. Así el trío calavera estaría completamente feliz. Pues si uno estaba triste, los otros dos lo estaban. Pedro y Cristian deseaban tanto como nosotras que Pedro encontrara a una buena chica.

Llegó Samanta, los sentamos de forma que Darío y ella no tuvieran más remedio que estar juntos. Y durante la comida es que era para verlos, todo el tiempo lanzándose miraditas y sonrisitas.

Terminamos de comer, y Adriana y yo nos pusimos a preparar café y chocolate para tomar. Mientras Pedro y Cristian recogían la mesa, y a Darío y Samanta los mandamos al comedor. Queríamos dejarles un poco de intimidad para ver si por fin se atrevían a besarse.

Y así fue, cuando Adriana fue a llevar las cosas para tomar el café y el chocolate, se dio media vuelta con las cosas, tenía los ojos como platos y estaba sonriente. –No quería interrumpir, no sabéis que bonito. –dijo ella sonriendo.

Nos pusimos casi a dar saltos de alegría, sobre todo yo, quería con locura a Darío y me hacía inmensamente feliz que hubiera dado el paso por fin con Samanta, que era estupenda.

Entramos al comedor y nos pusimos a tomar el café y el chocolate. Yo me senté junto a Cristian y al lado estaba Darío con Samanta. –Me alegro mucho por los dos, seguro que os va muy bien. –dije muy contenta.

-Gracias. –contestó Samanta sonrojada.

Todo parecía ir estupendamente, Cristian tenía dos amigos maravillosos, y cada uno de ellos tenía una novia estupenda, una era una amiga mía muy buena y la otra mi hermana del alma. ¿Se lo podía pedir más a la vida? Disfruté de todo lo que me estaba dando la vida.

Y sobre todo que en dos semanas sería la esperada boda. No veía que llegara el día, tenía todo listo claro, Adriana se había ocupado de todo, el vestido fue como un flechazo. Era un vestido liso, con pedrería en los tirantes y con escote en pico, me gustó nada más verlo.

Tendría de damas de honor a Adriana y a Samanta, solo pensaba que fuera Adriana, pero como se lanzaron Darío y ella, le pedí que fuera mi dama de honor. Adriana escogió los trajes, eran trajes por la rodilla, de color azul cielo y con escote redondeado. A Evelyn la pusieron un vestido del mismo color pero de manga corta. Y Eric iría con un pantaloncito azul cielo también, y una camisita blanca.
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