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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 5 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 39

39º- Boda con sorpresa…

Al fin llegó el día de la boda, yo estaba muy nerviosa, aunque mi hermana y Samanta estaban conmigo para ayudarme a prepararme a mí y a los niños que también teníamos que vestirnos.

-Aún no me creo que hoy sea el gran día… -dije emocionada.

-Hermanita seguro que sois muy felices. –contestó ella sonriendo.

-Bueno chicas, basta de sensiblería que se le va a estropear el maquillaje si llora. –respondió Samanta.

-Tienes razón, perdona, ¡qué tonta!, es que estoy muy emocionada por mi hermanita. –dijo Adriana.

-Ya estamos todos listos, vamos a salir que si no vamos a llegar tarde y no creo que al novio le haga gracia. –comentó Adriana sacando la lengua.

La madrina sería Esme y el padrino sería Pedro; ya que, no tenía a mis padres conmigo, y con todo lo que nos había ayudado Pedro nos pareció una buena idea. Llegamos como manda la tradición 5 minutos más tarde que el novio, y yo esperé a que entraran mis damas de honor, a continuación entraría con Pedro.

Nada más verme Pedro para llevarme al altar se quedó con la boca abierta. –Caray, Mel, estás preciosa, a Cristian se le va a caer la baba. –comentó dándome un abrazo.

-Gracias, eres muy amable, padrino –dije sonriendo.

-¡Qué bien suena! Me encanta, luego quiero un baile, que para eso soy el padrino. –comentó mirándome ilusionado.

-Claro, aunque te aviso que los bailes lentos no se me daban bien. –confesé sonrojándome ligeramente.

-Bueno, vamos a entrar que ya nos toca. –respondió Pedro.

Entramos al ritmo de la marcha nupcial, era algo lento caminar así, pero me dio tiempo para observar a los invitados, ver a mis guapísimas damas y honor con mis hijos al lado, y sobre todo de ver a Cristian.

Pude comprobar que realmente me iba a casar con el chico perfecto, le quedaba tan bien el traje que pensé que se me olvidaría cómo se respira. Llegamos al lado de Cristian, y Pedro nos unió las manos. –Estás preciosa, tan hermosa y perfecta… -dijo Cristian dándome un tierno beso en la mejilla.

-Tú también estás guapísimo, mi amor. –comenté sonrojada.

La ceremonia fue muy bonita, aunque yo no me enteré demasiado, solo tenía ganas de mirar y mirar a ese mar azulado que Cristian tenía por ojos… eran unos ojos hipnóticos y bellísimos. Reaccioné un poco cuando el cura dijo lo de “puedes besar a la novia”.

Me dio un beso muy tierno, me gustó mucho, y me ruboricé ligeramente. –Te amo… -susurré sonriendo.

-No tanto como yo a ti. –contestó acariciando mi mejilla con la yema de sus dedos.

Salimos y una lluvia de arroz y pétalos de rosa nos cayó encima, a mi se me enredó en el pelo que llevaba un medio recogido. Nos fuimos a hacer unas fotos a unos jardines cercanos, la verdad es que el sitio era precioso, y hacía un día espléndido.

Una vez que terminamos con las fotos nos llevaron al restaurante del banquete, era un sitio muy amplio y luego con zona de baile solo para nosotros. Estaba en el centro de Madrid y nos pareció adecuado. Además el menú que habíamos elegido estaba muy bien, creímos que a la gente le gustaría.

La cena estaba presentada preciosa, aunque no yo comí demasiado viendo a los invitados. Lo que sí comí fue el postre, unos profiteroles con helado de vainilla y la tarta nupcial que era de mousse de chocolate, evidentemente la había elegido yo, que me enloquecía el chocolate.

Por fin llegó la hora del baile, nos pusieron para abrir el baile Claro de Luna de Debussy. Me gustaba mucho, y no quería empezar con el tradicional vals de toda la vida. Y bailar esa canción tan bonita con un chico tan perfecto era como en los cuentos cuando la chica bailaba con el príncipe.

Todos se pusieron a bailar, nosotros bailamos primero con los padrinos, estaban emocionados. Cristian bailó también con mi hermana y con Samanta, y yo además de bailar con Pedro, bailé también con Carlisle y con Darío. Todos nos daban la enhorabuena y estaba siendo un día inolvidable.

Pero me entraron ganas de ir al servicio, no sabía cuantas horas llevaba bebiendo líquido y no haber ido al servicio. Además necesitaba ayuda con el vestido, así que mi hermana fue la que me acompañó.

-Gracias hermanita, no hubiera podido sola. ¿Te importa que me quede un minuto a solas? Están siendo muchas emociones juntas. –dije emocionada

-Vale hermanita, cojo una copa y vengo a buscarte, tardo un minuto. Te quiero. –contestó ella dedicándome una bonita sonrisa.

Me miré en el espejo, la verdad es que el vestido era precioso, cada vez me gustaba más y aún no podía creerme que ya estuviera casada con él. Miré el anillo de mi dedo y no pude evitar sonreír desmesuradamente.

Se abrió la puerta y creí que era Adriana que ya volvía con la copa, pero mi sorpresa fue enorme cuando vi quien había entrado, ¿cómo era posible? ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Nadie vio su llegada? Tenía los ojos como platos e incluso me había quedado con la boca abierta. Allí estaba delante de mí y yo empecé a temer por mi vida…

-¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Quién te ha dejado pasar? –pregunté intentando que no me temblaran las piernas.

Pero no obtuve respuesta, tan solo una sonrisa malévola y espantosa, que hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Yo miraba hacia la puerta, para ver si había algún modo de poder irme de allí, pero la puerta estaba bloqueada por su cuerpo.

-¿Qué haces aquí? Voy a gritar si no te apartas… -amenacé alzando un poco la voz.
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