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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 5 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 40

40º- Un pequeño susto…

-No me aparto, ahora podré hacer lo que quería hacer aquel día. –dijo Walter riéndose.

Yo estaba poniéndome nerviosa por momentos, no sabía lo que hacer, era un hombre muy corpulento con lo que sería imposible pasar ante él para salir del baño. Él empezó a caminar hacia mí, yo retrocedía todo lo que podía, pero pronto choqué contra la pared del baño sintiéndome atrapada y sin poder pedir ayuda, pues con la música tan alta nadie me oiría.

Estaba ya justo a mi lado, y yo le miraba con auténtico pánico, sabía lo que estaba pensando, solo hacía falta mirar a sus ojos, la manera en que me estaba mirando, para saber lo que pretendía hacerme…

-Va a ser una pena estropear el vestido, te hace todavía más hermosa… -dijo sonriendo y mirando mi vestido.

-Déjame, no me toques. –grité, pero con todo el ruido de la música se me oía muy poco.

Me rozó el brazo y yo le di un bofetón, bofetón que él me devolvió. – ¡Ay! No me toques. –grité quejándome del golpe.

-Estate quieta si no quieres que te haga daño. –amenazó muy serio.

Yo cada vez estaba más asustada, me acordé que mi hermana dijo que no tardaría en volver, pero pensé que me estaría esperando fuera bailando. Walter me miraba examinándome de arriba a abajo, yo cada vez estaba más asustada; me agarró por las muñecas con una de sus manos y con la otra empezó a tocarme por el cuerpo.

Intentaba apartarme y soltar mis manos pero era demasiado fuerte para mi, lloraba pensando en mi familia, mi marido, mis hijos… todos estaban tan cerca pero a la vez tan lejos.

-¡MALDITO CERDO! ¡NO TOQUES A MI MUJER! –gritó Cristian enfurecido.

Me le quitó de encima porque le dio un empujón y pude ver que Adriana estaba en la puerta del baño mirándome con desesperación. Cristian y Walter se empezaron a pelear y yo intenté que Walter dejara a Cristian, con lo que me llevé un golpe en la cara y caí para atrás.

Adriana vino a ayudarme y me levantó. –Vamos, hay que avisar a alguien. –dije saliendo del baño.

Pedro y Darío estaban sentados tomándose unas copas, así que fui corriendo hacia ellos, notaba la cara hinchada del golpe, me puse la mano y sentí bastante dolor. Me acerqué a ellos todo lo deprisa que pude.

-Mira la novia más guapa. –dijo Darío sonriente.

Pero Pedro vio mi golpe en la cara y acto seguido se levantó de la silla muy serio. -¿Qué te ha pasado? –preguntó.

Adriana estaba al lado mío y estaba muy preocupada también. –Es Walter, está en el baño, Cristian y él se están peleando ahora mismo, tenéis que ayudarle. –dije muy nerviosa.

Ellos no se lo pensaron dos veces, en cuanto se lo dije salieron corriendo hacia el baño, entramos todos y ahí seguían peleando. Entre Darío y Pedro ayudaron a reducir a Walter.

Adriana llamó a la policía, los invitados se revolucionaron, pero se llevaron todo lo deprisa que pudieron a Walter para que pudiéramos estar más tranquilos, aunque claro, a mi me estaba costando. Me trajeron hielo para ponérmelo en la cara, y en cuanto Cristian terminó de declarar vino a abrazarme.

-Preciosa mía, ¿te hizo algo ese malnacido? –preguntó muy nervioso.

-No, solo fue un golpe, no me hizo nada gracias a ti. ¿Y tú estás bien? –pregunté con ansiedad.

-Tranquila, estoy bien mi niña. –dijo mientras me acariciaba la mejilla. –Lamento no haber llegado antes.

-Pero yo no entiendo cómo viniste, si estaba en el baño de chicas y con la música y todo no se oía nada. –contesté extrañada.

-Pues Adriana estaba cogiendo una copa, y me dijo que estabas en el baño para tranquilizarte, quisimos gastarte una bromita, darte un susto, y bueno… vimos a Walter intentando hacerte Dios sabe qué… -respondió apretando los puños.

-Cálmate, que no ha pasado nada. Yo… estaba muy asustada, intenté escapar pero él era demasiado fuerte para mí. –me justifiqué.

-Ya está, preciosa. Se lo llevaron detenido, no nos volverá a hacer daño. –dijo mientras me abrazaba y me besaba en los cabellos.

Seguimos con el baile, pues una vez me calmé, quería olvidarlo todo y seguir con nuestra boda, disfrutar del día, de nuestro día especial. Y lo cierto es que disfruté mucho sabiendo que Walter estaría entre rejas.

El resto de la noche fue muy bien, lo que más me gustó fue cuando Evelyn bailó con Cristian, estaban adorables, se querían con locura, era una relación muy especial la que tenían y yo estaba encanta. Eric estuvo muy alegre, ya estaba bastante grande y disfrutó mucho.

El baile duró hasta altas horas de la noche, fue un día inolvidable, un día que siempre recordaría, ahora estaba casada con mi príncipe, que era perfecto y maravilloso y con el que había tenido un hijo precioso y que quería a mi hija con locura. De hecho, le cambié los apellidos a la niña, pues hasta ese momento había llevado los dos míos. Fuimos a cambiarlo para que también llevara el apellido de Cristian.

Llegamos muy tarde a casa, a altas horas de la madrugada, acostamos a los niños que ya se habían dormido hacía un buen rato, y nos acostamos, pues nuestro vuelo no salía hasta por la tarde, así podríamos descansar, cosa que me alegró mucho porque estaba agotada.
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