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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 5 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 41

41º- Esperada luna de miel

Dormimos pocas horas pero al menos descansamos que era de lo que se trataba, y cuando estábamos terminando de preparar las cosas para irnos, llamaron al teléfono. Fui yo a cogerlo pues estaba más cerca.

-¿Diga?

-Hola, buenas tardes, soy el inspector Alfonso Olmedo, ¿es usted Melinda Fernández? –preguntó el hombre.

-Sí soy yo. ¿Qué quería? –pregunté muy intrigada.

-Ayer detuvimos a un hombre llamado Walter Smith por una agresión contra usted. ¿Es correcto? –preguntó él.

-Sí, es correcto. ¿Ocurre algo? –estaba empezando a asustarme.

-Pues lo cierto es que sí. Esta mañana cuando le estábamos interrogando a atacado a uno de mis hombres y ha cogido su arma, ha intentado escapar y al final le hemos reducido, pues no nos quedó mas remedio que abrir fuego contra él, y murió en el acto –explicó el inspector. –Entonces, evidentemente ya no habrá juicio, quería que estuviera informada.

-Muchas gracias por todo, inspector. –agradecí.

-De nada, es mi trabajo. Buenas tardes. –dijo.

Yo me había quedado un poco asombrada, no sabía lo que pensar, pues Walter había muerto, no nos molestaría más. Estaba contenta pero claro, no me alegraba de que un ser humano hubiera muerto por muy despreciable que fuera.
-Preciosa, ¿quién ha llamado? –preguntó Cristian con intriga.

-Pues un inspector de policía, para decirme que Walter intentó escapar y le han matado. –dije algo incrédula.

-Ah… bueno, sinceramente se lo tiene merecido. –contestó.

-No digas eso, por muy mala persona que fuera, no hay que desear mal a nadie. –respondí algo triste.

-Tienes razón, perdóname. –dijo mientras se acercó a abrazarme. –Siento ser inoportuno, pero si no nos vamos ya, vamos a perder el vuelo y aún tenemos que dejar a los niños con mis padres.

-Es verdad. –contesté mirando el reloj.

Cogimos a los niños y nos montamos en el coche camino a casa de sus padres, en seguida llegamos y sus padres nos estaban esperando en la puerta. –Vais a perder el vuelo. –dijo su madre.

-Tranquila, mamá. –contestó Cristian sacando a Eric del coche.

Ayudé a Evelyn a quitarse el cinturón y fue corriendo a abrazar a Carlisle. –¡Yayo, yayo! –gritó dando un salto para que la cogiera.

-Pequeña diabilla, tenía ganas de verte. –contestó abrazándola.

-Evelyn, estaremos unos días fuera, os quedáis con los abuelos, pórtate bien ¿vale? –dije mientras la besaba en la frente.

-Vae mami, me poto ben. –dijo ella poniendo cara de buena.

-Mi pequeña, te traeremos regalos. –contestó Cristian.

-Tened cuidado. Y que disfrutéis mucho. Llamad en cuanto aterricéis. –respondió su padre abrazando a Cristian.

Luego me abrazó a mí, la verdad es que me trataban genial, no podía tener unos mejores suegros, de hecho para mí eran como los padres que había perdido y que tanta falta me hacían muchas veces.

-Que sí, papá, tranquilo. –dijo Cristian sonriendo.

Nos montamos en el coche y desde la ventanilla les dijimos adiós. La verdad es que me apenaba separarme de mis niños durante tantos días, pues nos íbamos 15 días, pero sabía que estarían bien con sus abuelos.

Arrancó el coche y nos dirigimos al aeropuerto, no estaba demasiado lejos, a unos 20 minutos, y después de coger los billetes, que Cristian no me dejó mirar para no ver el destino, nos dirigimos a las puertas de embarque, pero el muy gamberro me tapó los ojos para que no viera el destino, pues en la pantalla de la puerta de embarque ponía el destino del vuelo.

-¿Aún no me dejas saber a dónde nos vamos? –pegunté simulando estar enfadada.

-No, aún no, quiero que sea una sorpresa. De hecho… te voy a tapar los oídos para cuando hable el piloto y diga el destino que no lo escuches. –dijo sacándome la lengua.

-Qué malo eres… -contesté haciendo un puchero.

Él se rió y me dio un beso muy tierno, efectivamente seguí con los ojos tapados hasta que traspasamos la puerta de embarque, nos sentamos en nuestros asientos; y tal como dijo, me tapó los oídos cuando habló el piloto.

Me puse al lado de la ventanilla y me quedé maravillada, pues no había viajado nunca en avión y verlo todo así de pequeño era asombroso, la pena era no poder hacer fotos, pues no se podían tener encendidos los aparatos electrónicos.

El vuelo no fue muy largo, y cuando el piloto anunció la llegada, Cristian me volvió a tapar los oídos, en parte me gustaba eso de la sorpresa, pero ya se estaba pasando y tenía demasiadas ganas de saber dónde estábamos.

Nos bajamos y vi que los carteles estaban en inglés y en italiano. – ¿Italia? ¿Pero dónde exactamente? –pregunté muy intrigada.

-Pues… en Florencia, con lo que sé que te gusta el David de Miguel Ángel he querido que lo vieras. –dijo él con una sonrisa.

-No creí que te acordaras que era mi obra favorita. Eres fabuloso. –me subí encima y le achuché tan fuerte que nos caímos al suelo y nos pusimos a reír. La gente que estaba al lado nuestra esperando las maletas, sonrieron por lo bajini por mi entusiasmo.

-Mira, veo nuestra maleta, voy a cogerla. –dijo aún riéndose.

Recogimos la maleta y nos fuimos al hotel, pues teníamos que coger un tren hasta el centro de la ciudad, ya que el aeropuerto estaba a las afueras. Pero tardamos solo unos 20 minutos en llegar.

El hotel por fuera era precioso, un hotel de 4 estrellas que solo la entrada ya dejaba ver lo elegante, bonito y caro que era. La verdad es que estaba encantada, nunca había salido al extranjero y Florencia iba a ser muy especial.

La habitación era… era enorme, y preciosa. Tenía una cama inmensa y el baño… jamás había estado en un baño tan grande, y tenía de todo, muchas sales de baño y todo lo necesario para darse baños relajantes y estar como en casa.

Salimos para empezar a ver cosas. Evidentemente lo primero que quería era ir a ver el David de Miguel Ángel, era mi ilusión y Cristian lo sabía, estuvo de acuerdo en ir a verlo en primer lugar, y yo casi me eché a llorar de la emoción de ir a verlo.
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