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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 6 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 42

42º- Lugar especial

Al llegar y ver el David, tan grande, tan majestuoso, tan perfecto e impresionante que lloré de la emoción. Era mi sueño y se estaba cumpliendo, y no solo eso, se estaba cumpliendo al lado de mi marido, el chico más maravilloso del mundo.

Como teníamos 15 días, no quisimos estar todo el día viendo cosas, quisimos tomárnoslo con calma. Además esa primera noche quería disfrutarla al máximo, quería estar la primera noche a solas con mi marido, le necesitaba.

Cenamos en un restaurante chino que era muy bonito, estaba todo con decoración típica china y a mi me hacía ilusión. Además la cena estaba buenísima, una comida estupenda.

Dimos un corto paseo por los alrededores, pero estábamos algo cansados, así que volvimos al hotel. Estaba cansada pero no lo suficiente como para llegar y dormirme, quería sentir a mi recién estrenado marido.

Cristian abrió la puerta de la habitación, y me cogió en brazos. –Es un honor, estar aquí la primera noche como marido y mujer, ya que anoche no pudimos estar a solas, y bueno, voy a seguir con la tradición. –dijo mientras cruzaba el umbral de la puerta conmigo en brazos.

Llegó hasta la cama y empezó a besarme de forma muy tierna, pero cada vez más rápida, eso hizo que empezara a sentir mucho calor, me sentía encendida, tenía un gran fuego que me estaba quemando por dentro.

Me quitó la camiseta y los pantalones, me dejó en ropa interior y comenzó a acariciarme por todo el cuerpo. Yo hice lo mismo con su ropa para también acariciarle. Me besaba en el cuello y yo hasta ponía los ojos en blanco.

Sonrió y volvió a besarme, con una de las manos comenzó a bajar, primero acariciándome uno de los pechos, yo suspiré al sentir el roce de su mano contra mi piel. Después bajó poco a poco hasta llegar a mi intimidad.

Movía despacio la mano, y yo comencé a emitir pequeños gemiditos a causa del placer. Entonces movió la mano más deprisa, eso hizo que mis gemidos fueran más seguidos y más audibles.

Yo bajé la mano para poder llegar a su miembro, yo comencé a mover la mano de arriba abajo, él suspiró y pude oír gemidos que procedían de su boca. Eso me encendió más todavía, si es que era posible.

Pareció que al acariciarle fue la chispa que le faltaba, y ardió de pasión, sus besos cada vez eran más rápidos y salvajes y movió mi cintura con sus manos para penetrarme, era lo que estaba deseando desde que habíamos entrado en la habitación.

Comenzó a moverse despacio, pero no dejaba de besarme, yo estaba cada vez más excitada, por sus besos, por sus caricias, por ese baile en el que nos habíamos sumergido. Poco a poco comenzó a moverse más deprisa, ambos emitíamos gemidos de placer.

Así nos entregamos el uno al otro. Estaba experimentando tanto placer que creía que no lo soportaría, era fabuloso que mi marido me amara tanto, que me estuviera dando tanto placer que el roce de su piel con la mía hacía que miles de corrientes eléctricas me estremecieran.

Estaba satisfaciendo mi deseo de amar a mi marido y estar con él, él me daba amor y cariño, me daba un placer incalculable. En ese momento, me sentí la chica más afortunada del mundo por estar casada con ese príncipe, con ese dios tan maravilloso y perfecto.

Llegamos juntos al clímax, y fue nuestra primera noche unidos por el matrimonio, era lo mejor que había echo nunca, a parte de tener a mis dos pequeños, lo mejor de toda la vida, lo mejor de toda mi vida…

Teníamos muchos días así que, vimos poco a poco los distintos monumentos y lugares emblemáticos, como el Duomo, el campanile… Uno de mis favoritos fue el baptisterio, que estaba dedicado al dios romano Marte.

Cada cosa me gustaba más de la anterior, Florencia tenía muchas cosas que ver, y eran impresionantes. La primera vez que salía de España y precisamente era a ese lugar tan maravilloso.

Y lo que más me estaba gustando es que por muchas de las calles y plazas había réplicas del David de Miguel Ángel para poder hacerse fotos, cada vez que veía una de las réplicas, saltaba de alegría; y por supuesto me hacía una foto.

Había puestecitos por muchas de las calles, y algunos vendedores ambulantes. Aunque había también artistas, que hacían dibujos en un rato, así que nos hicimos uno, quería tener un recuerdo, y un dibujo era un recuerdo muy original.

Además Florencia era un lugar que merecía la pena ver también de noche, todo iluminado se veía con otros ojos, muy hermoso y bonito de distinta forma. Una noche dimos un paseo, nos metimos por unas callejuelas para llegar antes al hotel, pero vimos que había dos chicos pegando a una chica.

Nos quedamos quietos y nos escondimos en un callejón para que no nos hicieran nada. –Cristian, hay que ayudarla, pobrecita. –dije medio llorando.

-Tú ve a la Plaza San Marcos, que está aquí al lado, y pide ayuda a alguien. Yo voy a intentar ayudarla. –contestó dándome un beso en la frente.

-Pero ten cuidado, por favor. –respondí mirándole con preocupación.

-Salí corriendo a la plaza que estaba muy cerca, y me dirigí a una pareja joven que vi nada más entrar en la plaza. –Escusi… yo… necesito ayuda. –les dije balbuceando.

-Parli tu spagnolo? –preguntó el chico.
-Si, yo española. Ayuda per favore. –dije como pude. Pues había estado mirando una guía que compró Cristian, para saber lo más básico de italiano.

-Che cosa pensa? –preguntó preocupado.

-Andiamo, per favore. –contesté señalando la calle por la que había venido.

Ellos me siguieron y llegamos al callejón. Cristian estaba peleándose con los dos chicos, pero era evidente que le podían. La chica estaba en el suelo pero parecía que más o menos estaba bien.

-Ayuda a mi novio. –dije desesperada.

Eso si que pareció entenderlo y se echó encima de uno de ellos. La chica y yo fuimos a ver a la pobre chica que estaba en el suelo. Tenía bastantes magulladuras por el cuerpo pero parecía que no tenía nada grave. La chica cogió un móvil y pidió ayuda supuse que a la ambulancia y también llamó a los Caravinieri.
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